Mirador 10/08/2026
La buena fortuna del viajero lo lleva a ‘La Luoita’. Ahí se come como en el paraíso, si es que en el paraíso se come
El viajero hace el camino de Guadalajara a Colima.
Llega a Magdalena, cuyos cerros prodigan con prodigalidad piedras a las que llaman sin razón “semipreciosas”, pues son preciosas y medio: malaquitas, ónices, lapislázulis, granates...
La buena fortuna del viajero lo lleva a “La Luoita”. Ahí se come como en el paraíso, si es que en el paraíso se come. Ha disfrutado el viajero un jocoque –allá dicen “jocoqui”– como el que hacía su abuela doña Liberata en jarrito de barro con leche sin hervir que dejaba toda la noche junto a las brasas del fogón.
Luego el viajero prosigue su camino, y no sabe qué agradecer más a Magdalena, si sus preciosísimas piedras semipreciosas o el jocoque de “La Lupita”, que le trajo a la mente y el corazón el recuerdo de su amorosa abuela, mamá Lata.
Por sí o por no –más bien por sí– el viajero agradece tanto las malaquitas, los ónices, los lapislázulis y los granates como el jocoque.
Es justo y necesario.
¡Hasta mañana!...