Amor sin compromiso no es amor
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La próxima semana celebramos el día del Amor y la Amistad, pero ¿cuál es su significado? ¿Es regalar un detalle a la persona que amamos? ¿Es decirle un “te amo” a nuestra pareja? ¿Hacer un intercambio de regalos entre amigos? ¿Revalorar el verdadero sentido del amor y la unión de pareja?
En los últimos años ha aumentado el número de parejas que viven juntas, pero sin el acto del matrimonio. Sólo en la década pasada, en Estados Unidos más del 30 por ciento de las parejas vivían sin el contrato matrimonial. ¿Por qué hay más parejas que quieren vivir juntas y sin casarse? ¿Miedo a un fracaso? ¿Compartir gastos? ¿Tener una vida sexual un poco más estable? ¿Salirse de la casa? ¿Miedo al compromiso? Los muchachos piensan que es mejor vivir antes y conocerse para estar más seguros si son el uno para el otro toda la vida. Desafortunadamente los estudios muestran que los que viven juntos antes tienen menor probabilidad de casarse y si llegan al matrimonio tienen mayor riesgo de fracasar. Les falta un componente fundamental para su éxito: el compromiso.
La antropóloga americana Helen Fisher y el psicólogo Robert Sternberg afirman que hay tres componentes fundamentales en cualquier relación amorosa: el deseo físico o sexual, el enamoramiento o apego emocional y el compromiso. Si deseamos tener un amor pleno, según los autores, se deben cumplir los tres tipos de amor en una pareja. Una unión cuyo vínculo solamente sea el sexual y el apego emocional corren el riesgo de apagar la llama, ya que son amores biológicos y su permanencia es muy volátil.
Los que viven juntos para probar si son para el matrimonio tienen un alto nivel de fracaso pues viven con el temor que todo acabará por cualquier problema o diferencia entre ambos. Sus proyectos son a corto plazo y personales, ¿para qué arriesgar? Todo puede acabar en cualquier instante. No invierto y no arriesgo en el otro porque estamos a prueba. Sin embargo, los estudios establecen que el matrimonio es una de las mejores formas de cimentar una unión y felicidad a largo plazo.
En un estudio longitudinal realizado de 1991 al 2009, por los ingleses John Helliwell y Shawn Drover, encontraron que la felicidad matrimonial responde a la forma de una “U” mayúscula. Los primeros años son la luna de miel del matrimonio, pero después cae en una curva por diferentes factores como el trabajo, situaciones económicas, los hijos, pero después sube la felicidad al encontrar la estabilidad trabajada por proyectos a largo plazo y se consigue la plenitud de bienestar y amor. La mayoría de los rompimientos de pareja y divorcios surgen en el bajón, pero esto es normal. Para muchas parejas las pequeñas crisis son pruebas que su unión es un error y abandonan su proyecto. Necesitamos recordar que la felicidad no es algo que se da y lo recibimos del exterior. La felicidad se construye con dificultades y proyectos a largo plazo. Uno de los grandes errores cuando contraemos matrimonio es esperar ser o que nos hagan felices. Me caso para construir y hacer feliz a mi pareja. Mi felicidad no está en sentirme amado sino en amar al otro sin condiciones. Este es el verdadero sentido de este mes, transformar de un amor de recibir a un amor de dar.
@JesusAmayaGuerr