Moris y ethos en la sociedad actual

Politicón
/ 22 julio 2016
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Desde Hammurabi hasta los clásicos griegos que ponderan la “polis” como lugar y escenario de la realización máxima del individuo. Las normas y los códigos de convivencia han sido uno de los referentes obligados para todas las culturas y cada cultura por su parte fue confeccionando su éthos (costumbre y carácter) que después se convirtió en el marco moral que hasta ahora tomamos como referencia para la formación de nuestra conciencia. Nuestro marco normativo; es decir, nuestro ethos, es la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

No hay un ethos particular, eso sería lo moral, por eso las inmoralidades. Las morales particulares se imponen, son de grupos concretos o de personas que quieren hacer ver a todos, una visión privada de los acontecimientos. La forma de ver la vida del Presidente, del Gobernador, del Alcalde, del empresario…, es justo eso, una moral particular. Misma que bajo ningún motivo puede imponerse a los demás; cuando esto ha ocurrido las tragedias son mayúsculas.

La dimensión prescriptiva de la moral comporta, por tanto, el peligro de confundirla con otros ámbitos normativos de la realidad (el derecho, la religión o las costumbres) con los que guarda relaciones y semejanzas, pero de los que, en cualquier caso, es necesario distinguirla. Justamente, esto es lo que ha pasado en últimos tiempos. Por eso, insisto, no puede ser la moral del PAN, del PRI, del PRD, de la Iglesia Católica o de cualquier otra denominación por fuerte y empoderada que sea, la que impere en una sociedad. La ética se conforma a partir del consenso que todos hacemos con respecto de algo. Lo demás es lo de menos.

Nadie puede imponer a nadie una forma de pensar, de ser o de creer. La forma como nos comportamos no puede ser universalizable a menos que la situación tenga que ver con la justicia. Para quedar claro, nuestra palabra no es la última norma de moralidad subjetiva, no es absoluta y no lo puede ser bajo ningún aspecto. La diferencia ésta en que la éticaes la reflexión racional justo acerca de la moral. Es un saber práctico, argumentativo, mediato respecto de la realidad. En su carácter racional (lo racional es el fundamento y/o el instrumento para remitirse a otros sistemas) aspira a la universalidad o, cuando menos, a la intersubjetividad compartible y contrastable.

Esto es, nadie puede decir “soy inocente” por el simple hecho de decirlo, o bien pedir perdón simplemente por pedirlo. Las actitudes deben de contrastarse con los códigos establecidos. En este tiempo ese ha sido el gran problema: uno, el doble discurso; dos, encontrarnos con una sociedad que no reflexiona de forma racional sobre las situaciones o eventos que vivimos personal y socialmente.

Dicho de otra manera, mientras la argumentación moral adolece de insuficiencias y limitaciones significativas (remite a sistemas particulares, a creencias no compartidas, a referencias privadas, a motivos pero no a razones, a razones insuficientes…), la argumentación ética aspira a justificar lo moral mediante el principio de razón suficiente (establecimiento sistemático de cuantas determinaciones sean necesarias para asentar la coherencia del ámbito práctico. En este caso se contrastan las acciones con las normas.

De cara al debate y a la argumentación ética, es importante estar siempre atento a la posibilidad de cometer errores habituales. Igualar la consistencia de un sistema moral vigente con otro éticamente contrastado; confundir la legalidad con lo moralmente correcto; remitir a la propia creencia en lo Absoluto como única fundamentación adecuada; sustituir lo correcto por lo sociológicamente prevalente; considerar que hay una y única respuesta correcta a un problema moral… sin olvidar diversas falacias (naturalista, de la composición…) denunciadas por la teoría ética.

Por eso el espacio de la ética, es la dimensión de lo comunitario, donde se dan las relaciones entre las personas, donde se requiere tener en cuenta la pluralidad que nos enriquece y la diversidad que nos aporta. Por eso por ética,debe de entenderse las relaciones de justicia que se dan en la comunidad.Lo justo en relación conmigo y con la comunidad, lo justo para mí y para los demás. 

En una sociedad como la nuestra, dadas las condiciones en las que vivimos, es evidente que no se entiende en su real dimensión lo que significa esta ciencia tan multicitada  en últimos tiempos, que se utiliza como asunto de legitimación social, político, económico, empresarial y hasta universitario y lo considero así por la tergiversación de los roles sociales, la manipulación de las leyes, la ambigüedad del discurso, la violencia generalizada en sus múltiples formas, el narcotráfico galopante, la corrupción institucionalizada, en fin todo aquello que atenta contra las relaciones de justicia en una comunidad.

No es necesario probar la existencia de una crisis profunda en el terreno de la ética, la realidad lo afirma. Los bosques, las especies animales y vegetales, la democracia, los derechos de las minorías, las drogas, el desempleo, la desigualdad, la discriminación en cualquiera de sus múltiples formas, las formas de esclavitud que aún persisten, la prostitución, la explotación infantil, el tráfico de personas, la trata de blancas, el narcotráfico, la inseguridad, el secuestro, las enfermedades, la bioética, el multiculturalismo requieren con urgencia una respuesta que sume y multiplique no que reste y divida, se trata de buscar acuerdos mínimos y eso solo lo ofrece la capacidad de consensar y ponernos de acuerdo para mantener  nuestra pretensión de seguir disfrutando de esta tierra, por supuesto para mantener la armonía entre los hombres, por eso se requiere la ética.

Una sociedad como la que hemos construido, donde el valor más importante es la mercancía, la producción, el hedonismo y el pragmatismo solo pueden ser combatidas de raíz con una educación ética y axiológica donde lo más importante sean los fines y no los medios. Hoy la pretensión es avanzar en la realización de una ética cívica mundial, sin pérdida de diversidad cultural, avanzar en la transparencia de actuaciones de las personas e instituciones, en la deliberación pública sobre cuestiones básicas y conflictivas y en controles democráticos sobre las políticas y decisiones.  Se trata de afirmar un núcleo de valores compartidos entre las diversas culturas del mundo, que se alcanza a través de un diálogo entre las personas corrientes como fruto de la convivencia pacífica, el reconocimiento mutuo y la libre voluntaria eliminación de rasgos culturales indeseables.

En una sociedad moderna, plural y globalizada donde se requiere un talante distinto, los pensamientos hegemónicos han pasado a mejor vida y debemos de procurar y buscar valores que promuevan  una ética cívica compartida, como la libertad con responsabilidad, la igualdad, la solidaridad universalista, el respeto activo y el diálogo en lugar de violencia. Es aquí donde la ética civil tiene un valor gigantesco porque  mantiene la pluralidad en una sociedad al formular principios de respeto y convivencia que todos los individuos deben cumplir, distingue entre ámbito privado y público; hombre y ciudadano. Determina principios de convivencia social a través del consenso y establece a partir de los derechos humanos deberes civiles y políticos, deberes económicos y sociales y de estatuto jurídico. Para que pueda llevarse a cabo, los ciudadanos y el gobierno, deben aplicar las virtudes públicas como la civilidad, tolerancia, racionabilidad, equidad, justicia, solidaridad, igualdad y libertad.

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