Qué diría la historia de nosotros

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Politicón
/ 27 septiembre 2019
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¿Cuántos personajes de la historia pensarían que estamos destruyendo lo que ellos habían bien construido? Eso que les costó la vida a muchos o la libertad a otros. ¿Cuántos juzgarían que hay un retroceso en cuestiones que requirieron de vastos sacrificios?

Con regularidad los amantes de la historia juzgan los hechos del pasado sin miramientos y con la superioridad moral de sentirse mejores; casi nunca se preguntan qué diría el pasado sobre ellos y sobre nuestro presente. Sin ningún ánimo de conservadurismo, podemos afirmar que hay algo profundamente mal en la forma en la que vivimos hoy. Por décadas hemos entendido al egoísmo como una virtud, la protección del auto-interés como la cúspide de nuestros valores: "Mientras no me afecte a mí, no me interesa".

Sabemos cuánto cuestan las cosas, pero ya no sabemos, ni nos interesa, cuánto valen. Hemos perdido la capacidad de apreciar las cosas importantes, las ideas, los ideales, la sociedad, el progreso, para convertirnos en seres únicamente preocupados por nuestro propio bienestar material; la comodidad y la despreocupación personal son las únicas metas que hemos construido.

Sin darnos cuenta de que somos el producto de generaciones y generaciones que lucharon por nosotros y que se preocuparon por nuestro presente, mientras, nosotros, ya no nos preocupamos por nadie: ni por el futuro, ni por los que vienen, ni por nosotros mismos. En el presente, nuestro placer inmediato ocupa de forma dramática nuestras mentes sin detenernos a pensar en el mañana y en los del mañana.

Si el siglo 20 se caracterizó por darles nombre, por restablecer la dignidad y el auto-respeto de aquellos que nunca habían tenido voz ni reconocimiento; en nuestro siglo lo único que hemos logrado es volver a darles la espalda. Mujeres, niños, jóvenes, pobres, migrantes, etc., habían logrado restablecer sus voces, su presencia y su dignidad; ahora, todo se esfuma en el amplio vacío de una ignominia generada por esa colectividad desinteresada y frívola.

¿Qué dirían de nosotros todos esos personajes que construyeron nuestro presente? ¿Qué dirían aquellas mujeres que lucharon por sus derechos y dignidad, al ver que todo se regresa al origen de la violencia en su contra, de la estigmatización y del sometimiento? ¿Qué dirán aquellos que con sangre y lágrimas reivindicaron los derechos de las minorías, al ver que todos esos grupos vuelven a ser tratados como grupos marginales; dispensables? ¿Qué dirían aquellos que lucharon por nuestra libertad e igualdad, al ver que esos dos términos ya no significan nada para nadie?

Lo paradójico de la historia es que nunca antes, en ninguna época, han existido tantos defensores de los derechos, con tantas instituciones, con tanta organización y con tan pocos resultados como ahora. En otros años, bastaron mujeres y hombres que lo único que tenían era la voluntad desinteresada de cambiar las cosas; mujeres y hombres que no requirieron más que su fuerza e inteligencia para transformar el mundo.

En el Dieciocho brumario de Luis Bonaparte, Marx comienza recordando que Hegel en alguna parte decía que todos los grandes hechos y todos los grandes personajes de la historia aparecen dos veces. Ojalá Hegel tenga razón. De lo contrario: ¿qué dirá la historia cuando nos juzgue?, ¿con qué cara le responderemos?

Nació en Acapulco, Guerrero, el 7 de agosto de 1946. Realizó sus estudios profesionales en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México de la UNAM, obteniendo el título de Licenciado en Derecho el 17 de agosto de 1970. Tiene 13 años en la Administración Pública, Federal y Estatal, lapso en el cual desempeñó diversos cargos como son: Director General de Asuntos Jurídicos del Gobierno del Estado de Guerrero, Director Jurídico de la Administración del Patrimonio de la Beneficencia Pública, Director de Normatividad y Control de la Dirección General de Adquisiciones, Director de Legislación y Consulta de la Dirección General de Asuntos Jurídicos, todos de la Secretaria de Salud, y Secretario de Finanzas del Gobierno del Estado de Guerrero. Ha sido académico y catedrático de las Universidades Americana de Acapulco, Anáhuac del Sur, Iberoamericana, ITAM, Escuela Libre de Derecho e Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, además ha participado como expositor y conferencista en instituciones Públicas y Privadas y como representante de México en Foros Internacionales. Asimismo ha participado en diversos trabajos legislativos de los que han resultado importantes reformas a Leyes relacionadas con la Administración de Justicia. Ha publicado diversos libros y participado en revistas. Su actividad en este Tribunal ha sido de 31 años, inició en 1966 como Archivista “G” Transitorio del Archivo Judicial, Taquígrafo “F”, Secretario del Ramo Penal en el Juzgado Primero Mixto de Paz ocupando diversos puestos administrativos hasta el año de 1969 que fue designado Juez “A” de Paz de Cuautepec Barrio Bajo. Después ocupó los cargos de Juez Décimo Quinto Mixto de Paz del Partido Judicial de México Distrito Federal, Magistrado Numerario (1993-1999), y Magistrado de la Primera Sala Civil de 2003 al 2007. Ocupó el cargo de Presidente del Tribunal Superior de Justicia y del Consejo de Judicatura del Distrito Federal, actualmente es embajador de México en los Países Bajos.

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