Body Checking: cuando tu inseguridad se convierte en un modelo de negocio silencioso
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Entre suplementos, ayunos e ideales de belleza normativos, las redes sociales transformaron la inseguridad física en una moneda social. El reto actual no radica solo en la autorregulación digital, sino en desmantelar la mercantilización de la autopercepción femenina
La insatisfacción corporal no es tendencia; no es un estilo de vida; no es un accidente. Se trata de un evidente modelo de negocio rentable en la era digital. Diversos espacios de divulgación han sido saturados con información sobre tratamientos para bajar de peso, cómo vestir para lucir un cuerpo más delgado o qué faja es más efectiva. Hoy, este fenómeno tiene una red de mayor cobertura: las redes sociales.
Navegar por el mundo digital es como un arma de doble filo. Por un lado, se puede encontrar información valiosa, que aporta conocimiento, datos reales y conciencia; por el otro, se encuentra contenido que pone en riesgo o perjudica la salud mental de las y los usuarios, creando inseguridades a partir de tendencias que responden a un sistema controlador.
Así es como poco a poco la búsqueda por encajar en los estándares de belleza se convierte en una “moneda social”. Las redes sociales ya no funcionan como un lugar de esparcimiento, sino que ahora se capitaliza a través de ellas, transformando la privacidad en un espectáculo cuantificable.
EL BODY CHECKING QUE LLEGA ACOMPAÑADO DE TENDENCIAS
Wanda Pacheco escribió para La Cadera de Eva el artículo «¿Te comparas con influencers? Así funciona el body checking en las redes», donde habla sobre cómo este movimiento ha sido normalizado en las plataformas, generando un impacto grave en la salud mental y en la autopercepción de las mujeres.
Para empezar, conviene aclarar qué es el body checking de acuerdo con la definición que usó la autora en el medio feminista: el National Institutes of Health (NIH, por sus siglas en inglés) indica que se trata de una conducta repetitiva y compulsiva de examinar, medir o evaluar el peso, tamaño y forma del propio cuerpo. “Esta tendencia suele incluir acciones diarias como pesarse varias veces al día, pellizcarse la piel para calcular la grasa corporal, medirse zonas específicas o mirarse al espejo constantemente para buscar supuestos defectos”, dice el artículo.
Según el punto de vista de la periodista Wanda Pacheco, este movimiento llega a través de otros trends: “Después de años en los que hablar de diversidad corporal se había convertido casi en la norma, hoy la realidad es muy diferente. El auge de las celebridades extremadamente delgadas, la epidemia del Ozempic y la tendencia de las trad wives nos dicen algo: nos quieren pequeñas, controlables, hambrientas”, escribió.
CONTENIDO DE SALUD: LO QUE TE VENDEN VS. EL SUBTEXTO
Las redes sociales son parte del día a día. Por ejemplo: te despiertas y lo primero que haces es revisar Instagram o TikTok, ves historias y publicaciones mientras tomas café y ¡pum! Un primer video: ‘Mi rutina de las 5:00 a. m. para estar en forma’. Después llegan anuncios de suplementos caros, ayunos de 16 horas y, claro, no puede faltar una rutina de skincare.
Este contenido llega disfrazado. A simple vista parecen publicaciones que priorizan la salud y el bienestar de los usuarios, pero hay un subtexto que no se expone tan fácil: una evaluación corporal, lo que previamente definimos como body checking.
¿SALUD O CAPITALISMO?
Daphnia Ricalde, activista mejor conocida como ‘La Cuerpa’, reflexionó en una entrevista para La Cadera de Eva que los algoritmos están diseñados para privilegiar los cuerpos normativos, convirtiendo la delgadez en un valor social que genera vistas y comentarios.
Si prestas atención al contenido que consumes, en cuanto a tiempo y forma, primero aprendes cómo medir la cintura, pellizcar la piel o identificar texturas. Después viene la solución: la faja reductora, parches de colágeno, té detox o anuncios de aplicaciones que te ayudan a contar calorías o a registrar el ayuno intermitente.
“El algoritmo no tiene ética, nos muestra lo que más nos engancha, no lo que más nos hace bien”, comentó Ricalde.
Así, la insatisfacción no es un fallo personal, sino el motor financiero de la industria de la belleza.
UN CAMBIO DE PERSPECTIVA: CÓMO REBELARTE A TRAVÉS DEL AUTOCUIDADO
Mantener un cuerpo hipervigilado consume tiempo, energía mental y dinero, al igual que buscar un bienestar de mercado, que dicta que debes pagar membresías caras, suplementar todo, pesarte a diario y seguir rutinas que poco a poco te agotan.
En medio de este fenómeno, es mejor regresar a lo básico: dormir ocho horas, mover el cuerpo para obtener energía, disfrutar la comida sin culpa y procurar tiempo libre para socializar.
Hay formas de desapegarte de los contenidos que responden a un sistema diseñado para hacerte sentir insatisfecha:
1. Haz una auditoría de tu feed: si la cuenta de una influencer te deja sintiendo que tu cuerpo está incompleto o que estás fallando, no es inspiración. Es un detonante. En este caso, dejar de seguirla es un acto de salud mental.
2. Reemplaza vigilancia por presencia: Cambia el preguntarte «¿Cómo me veo?» por «¿Cómo me siento? ¿Tengo energía? ¿Me duele la espalda? ¿Comí rico?».
3. Reivindica la neutralidad corporal: Tu cuerpo es una herramienta que te permite vivir, viajar, abrazar y experimentar el mundo. Deja de verlo como un adorno para alguien más.
“Nuestro cuerpo no necesita parecerse al de nadie para ser valioso. Todos los cuerpos merecen respeto, honra y, sobre todo, ser vistos (...). Combatir toda esta ola conservadora... es seguir mostrándonos tal cual somos. Ese es el verdadero poder”, concluyó ‘La Cuerpa’ para La Cadera de Eva.