Tomar decisiones lleva siempre consecuencias, el no actuar también tiene un impacto. Implementar acciones para frenar la crisis climática conlleva un alto costo que muchos no están dispuestos a pagar. El costo mundial de no implementar medidas de adaptación y mitigación del cambio climático puede alcanzar 31 billones de dólares al año en los próximos 200 años si no bajan las emisiones de gases de efecto invernadero. 

En México no se tiene cuantificado este tipo de costos, únicamente contamos con las Cuentas Económicas y Ecológicas, donde se estima el Producto Interno Neto Ajustado Ambientalmente, a través del cual es posible identificar el impacto ambiental del quehacer económico en nuestro país durante un año.

Este indicador refleja el costo económico que se tendría que asumir por los daños ambientales, en nuestro país en 2018 ese costo fue de 1,019,751 millones de pesos, equivalente al 4.3% del PIB a precios de mercado. Esto refleja los gastos en los que tendría que incurrir la sociedad para prevenir o remediar la disminución y pérdida de recursos naturales, así como el deterioro del medio ambiente.

Si analizamos por sector, la contaminación atmosférica representó el mayor costo ambiental en 2018, al ubicarse en 656,779 millones de pesos, le siguieron los costos por degradación del suelo 119,734 millones, residuos sólidos 75,821 millones, agotamiento de hidrocarburos con 71,937 millones, la contaminación del agua 42,750 millones, agotamiento del agua subterránea 41,050 millones, y por último los costos del agotamiento de recursos forestales con 11,680 millones de pesos 

Los gastos en protección ambiental realizados por el sector público en su conjunto y por los hogares se situaron en 2018 en un nivel de 123,951 millones de pesos, que representó el 0.6% del PIB a precios básicos. Evidentemente los números dejan ver una gran diferencia entre lo que “deberíamos” gastar para cubrir el daño que causamos. 

Si cada año tenemos un déficit en la atención del daño ambiental, indudablemente esto se revertirá. El costo de no hacer, no solamente es económico, se siente principalmente en la dificultad de alcanzar una buena calidad de vida, de alcanzar un desarrollo equitativo, en un entorno sano. Si no atendemos la crisis climática como prioridad, la posibilidad de vivir mejor cada vez se vuelve más compleja y cara. 

Reconexión Natural
Gabriela De Valle