En 1895, Hermann Gunkel acuñó el término chaoskampf para referirse a lucha entre un dios, generalmente del trueno, contra el caos, representado por una bestia del mar. En su trabajo, vinculó el libro del Génesis con el poema babilónico Enuma Elish y describía una constante lucha entre dos opuestos.

En la traducción Reina-Valera (1960), del libro del Génesis, se lee que al momento de la creación “[1:2] …la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. Aquí la cualidad de la Tierra como “desordenada y vacía” (traducción de la frase hebrea “Tohu va-bohu”) deja claro que nuestro mundo no se generó de la nada, sino de una materia caótica elemental.

En otras palabras: de un caos originario (indiferenciado), la Palabra de Dios, mediante una primera distinción (cielo/tierra), da origen al universo. Posteriormente mediante un proceso creativo se termina por ocultar ese caos elemental al añadir más distinciones: luz/oscuridad; día/noche; mar/tierra firme; bien/mal; árbol/fruto; animal/hombre; etc.

Por su parte, en el poema babilónico Enuma Elish se habla de un momento antes de que el cielo y la tierra tuvieran nombre. Todo estaba confundido en un sólo cuerpo sin forma: la diosa madre Tiamat, el caos primordial. De ella y de su esposo Apsû, son creados diferentes dioses; tras la muerte de Apsû nacen más dioses y Tiamat entra en una furia asesina; investido del poder de todos los dioses Marduk la enfrenta, la derrota y con su cuerpo muerto crea la Tierra.

Por otro lado, en las tabillas sumerias, donde se describe a Nammu (un abismo sin forma) quien se abre y da origen a An (dios del cielo) y a Ki (diosa de la Tierra); en la mitología griega, Caos (χάος) es el dios primordial del cual se originan el resto de los dioses.

El mito del Chaoskampf supone la negación del caos, pero no una negación total. El caos amenaza siempre con volver: así tenemos por ejemplo el mar devorando a la tierra en el mito del diluvio universal. Se trata de una lucha constante por la existencia y la permanencia de las formas singulares y diferenciadas en contra de la tendencia natural e inherente de todas las formas a colapsar, a desvanecerse, a olvidarse, a morir, a volverse polvo.

En resumen, estos –y otros mitos– dan lugar a una “ontología del caos”: (1) El universo es fundamentalmente caótico; (2) el mundo (cielo y tierra) nace a partir del caos; (3) por lo tanto, el orden que conocemos existe debido a la imposición de estructuras (nombres, formas, etc.,) sobre esa sustancia caótica primordial; (4) por lo tanto, todos los seres vivos están hechos de la misma sustancia que en un inicio existía indiferenciada y (5) existe siempre la amenaza de un colapso o retorno a ese estado primordial.

Explicado lo anterior, quisiera invitar a observar la estructura lógica del mítico Chaoskampf en la narrativa del llamado contractualismo y proponer, así, una evolución del término caos desde su concepción como “vació sin forma” hacia una interpretación como “desorganización” o “desdiferenciación”. Comenzaremos con los exponentes clásicos.

Para Thomas Hobbes, en el estado originario llamado “estado de naturaleza”, los hombres son violentos y están dominados por sus pasiones; no existe ley y es imposible diferenciar entre lo justo y lo injusto; se vive en estado de guerra permanente. En determinado momento los seres humanos deciden firmar un pacto, concentrar todo el poder y crear una autoridad soberana encargada del orden social, en contra de las tendencias egoístas y salvajes.

Por su parte, J.J. Rousseau describe a los seres humanos como inocentes y bondadosos, pero considera que con la aparición de la propiedad privada cayeron en el egoísmo y la maldad. Un contrato social, entonces, busca eliminar estos egoísmos individualistas mediante la sumisión de cada uno a la voluntad general. Se crea así una democracia directa.

Finalmente, para John Locke, en su origen el ser humano posee derechos elementales (vida, propiedad, libertad), pero sin una autoridad estos derechos no son plenamente garantizados. Por tanto, se toma ceder sus derechos a un soberano(s) elegido(s) por todos los miembros de la sociedad, reservándose sólo el derecho la rebelión. Se crea así un gobierno democrático liberal.

En la narrativa de estos ejemplos podemos identificar la estructura del Chaoskampf: (1) Existe una situación originaria en la que el caos se apodera de la escena; (2) el transito del estado de naturaleza al estado social permite superar la problemática inicial; (3) mediante la imposición de formas y estructuras se construye sobre la base inicialmente caótica; (4) a pesar del pacto los seres humanos siguen siendo los mismos; (5) por lo tanto, la amenaza del caos se mantiene siempre presente.

Esta amenaza toma, al menos, dos formas: como destrucción del orden social (desorganización) o como negación de la pluralidad social (desdiferenciación).

Continuará…

 

@RemyCouteaux

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Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH