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Muy buena en términos de producción, esta película tiene una genial idea pero no se compromete totalmente a ella, quedándose en un nivel muy superficial

Calificación: 7 de diez

Todas las historias ya fueron contadas. El único mérito está en cómo se cuentan; la forma es el fondo. Aunque “Christopher Robin” es una película para niños, o al menos para toda la familia, y quienes la vean no van a estar pensando en esas cosas. El asunto es que la cinta sabe lo que es y su premisa es casi un lugar común: hombre adulto olvida a su niño interior y lo recupera al descubrir lo verdaderamente valioso de la vida. Esa historia se ha contado muchas veces y de muchas maneras, no tiene porque ser mala aunque anticipemos su final. De hecho, se podría hacer algo muy interesante con esa idea. La nueva producción de Disney decide no hacerlo y opta por el camino fácil, si bien al principio se ven intenciones de otra cosa. La película se queda en una aventura simpática y tierna, con suficiente encanto para mantener nuestra atención, sobre todo a quienes recuerden con cariño al Oso Pooh y su pandilla de animales afelpados.

La historia es una especie de secuela a las aventuras de Christopher Robin y sus amigos animales Pooh, Tigger, Piglet, Conejo, Búho, Cangu y Rito. Comienza cuando el mencionado niño se despide de todos ellos para irse a una escuela lejos de casa, con la promesa de nunca olvidar al oso amarillo amante de la miel. Desafortunadamente, lo absorben las necesidades del mundo real, el matrimonio, una hija y un trabajo en una fábrica de maletas. Cuando se vea con la responsabilidad de despedir a buena parte de sus compañeros de trabajo, mientras su familia le exige más tiempo de calidad y ocio, hará un extraño regreso al Bosque de los 100 Acres. Pero Robin es ahora un señor que se rehúsa a quedarse a jugar y se debate entre las responsabilidades laborales y el tratar de entender a estas creaturas fantásticas de su infancia.

No es sencillo hacer un “Paddington”. Parece fácil, pero no. Las dos películas de este otro oso, también inglés, también inocente y también amante de un bocadillo pegajoso como Pooh, son el estándar dorado a seguir de todas las películas donde personajes humanos interactúan con seres antropomorfos hechos por computadora. Esta especie de subgénero fílmico ha resultado en abominaciones como “Los Pitufos” y la sorprendente cantidad de cuatro películas de “Alvin y las Ardillas”, pero con suficiente cuidado se vuelve una joya del cine familiar. Los filmes de “Paddington” son tiernos, inocentes, con un humor limpio y blanco, pero con un corazón enorme y una dirección exacta que hace que todo funcione. La comparación con “Christopher Robin” no es gratuita, más allá de las claras similitudes entre animales. Esta nueva cinta también es sobre adultos que viven inmersos en su amargura y descubren por medio de este personaje de fantasía algo más. Si se cuenta bien, una historia cliché y hasta cursi como esta puede ser muy buena.

 

Si los extremos de lo peor a lo mejor son “Alvin y las Ardillas” y “Paddington”, respectivamente, “Christopher Robin” se encuentra en algún punto intermedio. De hecho, si somos mucho más estrictos y exigentes, podríamos dividir claramente esta película en dos partes. El principio es interesante, profundo y el segundo acto es una aventura más de bromas y acción. Una parte es melancólica y lenta y la otra transcurre veloz e intensa. Son casi dos películas pegadas. Y la diferencia es tan clara que se vuelve uno de esos casos en los que podemos imaginar a los ejecutivos de Disney echando todo a perder: “los niños no quieren ver historias tristes, necesitamos más color, más bromas, hay que transmitir la magia de Winnie Pooh, no la amargura de un señor”. Claro que esta película no tendría que ser ninguna obra oscura y dramática, pero ya dejamos en claro que todo depende de la ejecución de la idea.

Hay que saber ocultar el cinismo cuando se hacen productos sólo para vender en el cine. Disney a veces lo hace muy bien, otras no tanto. Le ha funcionado muy bien revivir a sus personajes clásicos en cinas “live action”, aunque la calidad varía. Curiosamente, el resultado ha sido menos bueno cuando intentan salirse de la historia tradicional. Por ejemplo, “Maleficent” (2014) contó la trama de la Bella Durmiente desde la perspectiva de la villana, creando una extraña mezcla de fantasía que no funciona tan bien. Mientras que, por ejemplo, “Cinderella” (2015) y “The Jungle Book” (2016), aunque con marcadas diferencias, en esencia cuentan la misma historia de sus pares animados con mucho mejor resultado. “Christopher Robin” se pregunta: ¿qué tal si el niño protagonista crece y se olvida de sus amigos?, ¿qué pasaría? La idea por sí sola se presta para mucho. Y con todo esto no quiero decir que sea tan mala como “Maleficent”, pero no les sale tan bien responder esas preguntas en la pantalla grande.

Con una excelente producción y un buen trabajo visual y de animación para los animales (cercano a veces al stop-motion), se queda en lo que pudo ser. Las intenciones de darle profundidad al drama de este hombre, de hecho, se ganan un par de momentos legítimamente conmovedores. Toda la parte del reencuentro de Robin, interpretado por Ewan McGregor, con el Bosque de los 100 Acres es bastante buena, pero termina demasiado pronto. Casi de forma abrupta llega la división que antes mencionada y entonces la película se transforma en las locuras de estos animales, el chiste fácil. Ibas muy bien, ¿por qué te frenas? A veces le da miedo a Disney pisar territorio que no sea para toda la familia, imagino que más considerando la naturaleza de estos tan queridos personajes.

Dicho todo lo anterior, este trabajo tiene algo innegable y hasta necesario: encanto. En toda su afelpada ternura, Pooh y compañía nos empalagan como un buen tarro de miel, haciendo casi imposible odiarlos. No son irritantes y algo hay en su personalidad que se vuelve magnético, quizá la familiaridad y naturaleza que dio popularidad a estos animales. En pocas palabras, hacen este desigual ejercicio mucho más llevadero. “Christopher Robin” es una cinta que tiene miedo de ambicionar demasiado, pero resulta en un ejercicio entretenido y fácil de digerir.

El dato
Director: Marc Forster
Elenco: Ewan McGregor, Hayley Atwell, Jim Cummings, Brad Garrett, Mark Gatiss, Oliver Ford Davies, Adrian Scarborough, Roger Ashton-Griffiths.
Género: Familiar / Comedia
Clasificación: A
Duración: 100 minutos