Todavía estoy impactado con la tragedia ocurrida la semana pasada en la Preparatoria Marjory Stoneman Douglas en Parkland, Florida, en Estados Unidos, donde fueron asesinados 17 personas, entre estudiantes y adultos. ¿Cómo un chico de 19 años es capaz de disparar a sangre fría y asesinar? No entiendo. Y ¿cuál es la solución que están tomando para prevenir más masacres? Regular la venta de arma es una medida importante, pero no puede ser la única. A la escuela cada vez llegan más niños y adolescentes con alguna necesidad psicológica o emocional: déficit de atención, hiperactividad, bipolaridad, depresión, trastorno desafiante, impulsividad, baja tolerancia a las frustraciones, apatía, adicciones al alcohol, pornografía, videojuegos o redes sociales, autoestima baja o inflada, sin un sentido de vida significativo y padres sobreprotectores. 

Es urgente llevar a cabo algunas acciones para prevenir más la violencia entre nuestros adolescentes como:

1. Ofrecer un aprendizaje emocional y social, focalizando en la empatía y solución de problemas. Debemos introducir en las familias y en los currículums de las escuelas aprendizajes emocionales y sociales. Es importante la lectura y las matemáticas, pero además debemos enseñar lo que llaman las soft skills (habilidades suaves) como la empatía, compasión, humildad y solución de conflictos sociales. En una conferencia que impartí el sábado pasado, en Torreón, me comentaban algunas maestras el incremento de la crueldad entre las niñas: “Son más rencorosas y humillan a sus compañeras usando las redes sociales, especialmente Sarahah.”

2. Mayor preparación de los padres del siglo 21. La cortesía, el respeto, la ética y los valores se enseñan en casa. En la escuela se reafirman, pero los padres son los agentes sociales más importantes en la formación de los chicos. Veo papás jóvenes más ausentes y con pocas habilidades parentales para una la enseñanza moral de sus hijos. Hay más papás que defienden a sus hijos de cualquier adversidad y de sus maestros, o los dejan en manos de profesionales para que hagan el trabajo que ellos nunca pudieron hacer. 

3.- Establecer límites a los pequeños. La tecnología se convierte el enemigo número uno de nuestros hijos. El reporte de Monitoring the Future advierte que entre más tiempo pasan nuestros adolescentes frente a una pantalla son menos felices y tienen más problemas de depresión. Según la psicóloga americana Jean Twenge, los muchachos de segundo de secundaria que usan constantemente las redes sociales incrementan un 30 por ciento el riesgo de depresión que los que hacen deportes o asisten a eventos religiosos. 

4.- Aumento de psicólogos escolares o psicopedagogos en las escuelas. Por muchos años el psicólogo escolar tenía a su cargo a los estudiantes con problemas de aprendizaje y orientación profesional. Hoy su función va más allá del aspecto académico. Su trabajo es también de acompañamiento emocional y social a los estudiantes.

5.- Tener un mayor seguimiento a los síntomas de trastornos mentales, emocionales y psicológicos serios. Nikolas Cruz, autor de la masacre de 17 personas en la preparatoria del sur de Florida, tenía trastornos psicológicos severos a los que no prestaron atención ni su familia, compañeros de escuela, maestros y hasta la misma sociedad. Hay señales claras de alerta ante estos desequilibrios mentales, como lo que escriben o postean en sus redes sociales.

Papás y maestros somos los responsables directos de la formación de esta generación, y los guardianes más cercanos que podemos advertir cualquier manifestación que ponga en riesgo la vida de ellos o de los demás. Hagamos nuestro trabajo.

@JesusAmayaGuerr