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General Motors y Chrysler se declararon en bancarrota; Ford hipotecó gran parte de sus activos

Como consecuencia de la crisis financiera generada en Estados Unidos en 2008, la industria automotriz fue uno de los sectores más afectados, pues el consumo de bienes duraderos como los automóviles está apalancado por el crédito bancario.

Y ante la reducción del financiamiento, la demanda mundial de autos empezó a disminuir en los principales mercados como en efecto dominó.

Antes de que estallara la crisis de 2008, las armadoras estadounidenses: General Motors (GM), Chrysler y Ford ya enfrentaban una situación financiera complicada que empeoró con la restricción del crédito.

En 2009, General Motors y Chrysler se declararon en bancarrota.

GM tenía activos por un valor de 82 mil 300 millones de dólares, pero sus deudas ascendían a 172 mil 800 millones; además, llevaba acumulando pérdidas desde 2005.

El gobierno estadounidense rescató a GM mediante un préstamo de 50 mil 700 millones de dólares a cambio de 60% de participación accionaria en la compañía.

Mientras que el gobierno de Canadá inyectó 10 mil 800 millones de dólares, a cambio de 12.5% de participación en la empresa.

GM tuvo que implementar un agresivo plan de reestructuración y desapareció las marcas Saab, Saturn, Pontiac y Hummer.

En tanto, Chrysler recibió 2 mil 900 millones de dólares canadienses por parte del gobierno de Canadá y de la provincia de Ontario; y otros 12 mil 800 millones por parte del gobierno de Estados Unidos.

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Posteriormente, Chrysler fue vendida a la italiana Fiat.

Ford no se declaró en bancarrota, pues logró hipotecar todos sus activos desde diciembre de 2006 para obtener un crédito por 23 mil 500 millones de dólares para llevar a cabo su reestructuración financiera, la cual comprendió la venta de sus filiales Volvo, Jaguar, Land Rover y Aston Martin.

En 2009, la venta de vehículos en Estados Unidos cayó 21%, al comercializarse apenas 10 millones 600 mil vehículos; mientras que en México, las ventas retrocedieron 26%, con la colocación de 754 mil 900 vehículos.

Para impulsar la venta de autos nuevos en México, en 2009, se lanzó el Programa de Renovación Vehicular (Prodiat), a través del cual el gobierno federal erogó 500 millones de pesos para apoyar con un subsidio de 15 mil pesos la compra de un auto nuevo a cambio de chatarrizar otro vehículo de 10 años o más de antigüedad.

Este año, como consecuencia de la pandemia del coronavirus, se estima que la comercialización de autos en Estados Unidos caerá un 15% y en México un 16%, con la consecuente afectación a la cadena productiva en ambos países.