El historiador Carlos Recio, nos abre su colección de postales de Saltillo, que han dado la vuelta al mundo.
Foto: Especial

Con un tono amable y cortés, que contrasta con lo fuerte de sus palabras, el historiador Carlos Recio dice de Saltillo: “es una ciudad prácticamente amurallada por los cerros y quizá es por eso que parecemos ser algo cerrados”.

Recio habla de identidad, del carácter saltillense que destaca como uno de los principales distintivos frente a los que vienen de fuera.

En el siglo XIX, los norteamericanos que llegaban decían que la sociedad saltillense era amable, cortés y “parlanchina”, pero según Carlos eso se perdió con la fuerte apuesta que la ciudad hizo por el comercio. Saltillo se convirtió en una ciudad de paso que funcionaba para fines estratégicos y de negocios para alemanes, franceses, árabes y norteamericanos.

La identidad cultural es una serie de características comunes dentro de una sociedad, explica Recio Dávila con elocuencia y precisión, como si estuviera dando una de las cátedras que imparte en la Escuela de Ciencias de la Comunicación o la Escuela de Ciencias Sociales.

La actividad artística y tradicional, la económica, el lenguaje, la gastronomía, la ideología y la arquitectura pueden ser referentes que hacen que una ciudad o comunidad se entienda y cuente con su carácter exclusivo y auténtico.

 

Carlos Recio Dávila es un historiador que ha investigado la identidad saltillense a partir de las tarjetas postales que los turistas enviaban en su paso por la ciudad. Foto: Vanguardia/Omar Saucedo

SALTILLO EN OJOS AJENOS

¿Cómo saber lo que pensaban los extranjeros de Saltillo? Carlos Recio ha encontrado, alrededor del mundo, tarjetas postales que hablan de la ciudad.

Esta colección le ha permitido recuperar las opiniones que tenían los turistas o los empresarios sobre la capital de Coahuila en distintas épocas.

Las tarjetas las ha encontrado en Francia, Malasia, España e Italia, por mencionar algunos países.

Actualmente, Carlos Recio tiene la colección más grande de tarjetas postales de Saltillo recaudadas en el extranjero.

Y además, con ayuda de sus compañeros, Recio Dávila ha traducido la mayoría de los mensajes.

En 2002, cuando estudiaba su doctorado en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en Lyon, Carlos Recio acudió a una feria de tarjetas postales en el centro histórico de la ciudad donde había más de 200 expositores. Su pasión por la fotografía lo llevó a interesarse en las postales y más en aquéllas que retrataban a México.

Ese día obtuvo la primera enviada de Saltillo a Barcelona, fechada en 1911, con una fotografía de 1904 del Mercado Juárez.

CASI UN PAISAJE LUNAR

Pavimentado, pavimentado, Saltillo no lo había estado hasta hace poco. Así que era común a principios de siglo pasado, padecer tormentas de polvo, por lo que destaca la tarjeta que dice: “Te mando un abrazo. Hoy me la pasé limpiando la sala gracias a una tormenta de polvo”.

DONDE NO PASA NADA

Saltillo es una ciudad tranquila y de pocos sobresaltos sociales, dice Carlos. Incluso confirma su opinión mostrando una de las tarjetas enviadas a un año de haber iniciado la Revolución, en 1911:
“Se acabó la Revolución y en Saltillo no pasó nada…”.

Comenta Carlos que una de las intenciones principales de las postales: “Es mostrar los edificios y la arquitectura de una ciudad y así podamos imaginar un entorno detrás de las letras. Retratan el ambiente mediante la imagen y a su gente mediante las palabras”.

La gente que enviaba tarjetas postales desde Saltillo, las podía adquirir en la Mercería Elegante en Juárez frente a la Plaza de Armas, en la Librería Fornés en la calle de Zaragoza, en la Ferretería Sieber y Fotografía Carmona, entre otros lugares.

Otras tarjetas se enviaban sólo para dar mensajes cortos, felicitaciones por cumpleaños, fiestas decembrinas o nacimientos, siempre con el ánimo de mostrar los edificios antiguos que poblaban Saltillo.

 

En el siglo XIX, los norteamericanos que llegaban decían que la sociedad saltillense era amable, cortés y “parlanchina”.
Las postales mostraban los edificios antiguos que embellecían a Saltillo, por ejemplo, la Catedral, la Alameda, el banco y hotel de Coahuila, plaza Manuel Acuña.
La naturaleza impacta. Uno de los eventos más comunes, a principios del siglo XX, y que es mencionado en las tarjetas, eran las tormentas de polvo.
Fotos: Cortesía de la colección de Carlos Recio
Foto: Vanguardia/Omar Saucedo
Foto: Vanguardia/Omar Saucedo