Te despiertas. Abres los ojos y no vas a ningún lado. Esperas un momento, antes de cualquier cosa. Poco a poco, empiezas a ubicar en dónde estás. De las cosas más sencillas es retomar lo último que hiciste el día anterior y constatar la regularidad del mundo al observar que todo lo que era ayer continua siendo. Si lo anterior es cierto, eres una persona con suerte.

En principio, existe un tipo de regularidad que se refiere a condiciones con carácter de “leyes naturales”, las cuales otorgan coherencia a nuestros postulados científicos. Tómense como ejemplo, en la física, los postulados de las cuatro fuerzas fundamentales –y los intentos de unificación de estas interacciones bajo una teoría unificada–.

Más allá de las “ciencias duras”, la importancia de los valores morales; los postulados y teoremas de la filosofía; los axiomas de la dogmática jurídica; las alianzas e ideales políticos y las necesidades del alma pueden ser comprendidas como un tipo de regularidad dependiente de los criterios  humanos y susceptible de modificación gradual.

No tomes café. Espera a que tus sentidos despierten poco a poco. No hay prisa. Aunque el domingo no sea como los demás días de la semana seguramente que hoy mucha gente acudirá a los templos a adorar a los dioses e invariablemente habrá algo para ver en la televisión.

Si eres una persona con suerte, seguramente ayer te fuiste a dormir sin preocuparte sobre si hoy el mundo amanecería diferente; aunque no estoy diciendo que la mayoría de las personas lo hagan. De hecho, cuando estamos cansados buscamos el refugio más cercano para descansar; como las aves del cielo; como cualquier otro animal en la faz de la tierra.

Vivimos atrapados en una relación directa entre nosotros y el mundo. Con la ayuda de nuestros sentidos, nuestros cerebros crean una imagen visual de nuestro alrededor. Cada individuo, por sí mismo, posee una existencia concreta y es parte, al mismo tiempo, de una existencia colectiva más compleja. 

Vivimos en sociedad. No vivimos con el miedo ancestral que describieron Hobbes y Rousseau, en el llamado “Estado de Naturaleza”. Como sociedad, estamos por encima de las irregularidades del entorno. Hemos superado nuestra original dependencia punto-por-punto con el medio ambiente. Creamos excedentes de todo tipo.

Preocupados por las inclemencias del tiempo; comunicados a nivel global; comercio transnacional; tratados internacionales; centros de abastecimiento; plazas comerciales; restaurantes; carreteras; semáforos; gasolineras; salidas de emergencia; hospitales; ambulancias; cajeros automáticos; estacionamientos; promociones; puntos de carga; zona WiFi y muchas otras cosas; todas funcionando al mismo tiempo.

Te despiertas y no vas a ningún lado. Abres lo ojos. Esperas un momento. Empiezas a ubicar en dónde estás. De las cosas más sencillas es retomar lo último que hiciste. Eres una persona con suerte. Observas que todo lo que era ayer continúa siendo. Al mismo tiempo, no somos ingenuos; sabemos que la sociedad cambia. No lo negamos.

Todo cambia. Por ello, en este nivel de organización, la “regularidad” se vuelve indispensable. Comprendemos que el futuro es incierto. La sociedad, en todos sus niveles, cuenta con múltiples plataformas dedicadas a crear estabilidad. Les llamamos “estructuras sociales”.

Disfrutamos nuestras experiencias y vivimos dentro de un espacio de regularidad que solemos llamar “normalidad”. Nos acostumbramos a lo que es “normal”. Las estructuras sociales se vuelven invisibles. La Religión, el Derecho, la Política, la Economía o la Ciencia configuran universos de normalidad dentro de la sociedad.

Estas estructuras condicionan aspectos importantes de nuestra evolución. El futuro de nuestra sociedad se proyecta en sus estructuras. Los derechos humanos, por sí mismos, no cambian nada en la sociedad. El cambio sólo es posible de realizarse desde dentro de cada uno de los sistemas que la integran.

Sería muy conveniente que después de toda las guerras, conquistas, invasiones, masacres, colonizaciones y reformas, de pronto los derechos humanos llegaran, como caídos del cielo, a arreglar nuestra trágica historia dando lugar a un final feliz.

Si lo anterior es cierto, abres los ojos. Habrá muchas personas que hoy no tendrán suerte. 

Estadísticamente, hoy alguien dormirá con miedo o no podrá constatar la regularidad del mundo mañana. Fuera de los espacios seguros de la normalidad todo perece más rápido. Te despiertas. Tomas café. 


@RemyCouteaux
remycouteaux@gmail.com

El autor es investigador de la Academia IDH