La escritora habla en su nuevo libro cómo fue enredada por “el Maestro” y ante la pregunta de si se trataba del escritor Juan José Arreola, dijo que sí: “ya se sabía, muchos lo saben. Pero no hay que decirlo, para qué. Arreola era un adulto, un hombre casado, con tres hijos, 20 años mayor que yo".

El aparente secreto a voces ha salido a la luz, pues cercanos a la escritora han contado cómo ya se sabía en su círculo cercano el episodio en el cual la joven escritora Elena Poniatowska fue atacada por su maestro Juan José Arreola y además quedó embarazada. Fue gracias a la nueva obra de la autora El Amante Polaco, que este hecho fue sacado a la luz, pues en entrevista con Excélsior, la escritora lo dejó claro y no tuvo empacho en aclarar que el personaje que la ataca y al que se refiere como "El Maestro" es Juan José Arreola: “Ya se sabía, muchos lo saben. Pero no hay que decirlo, para qué, además, ya pasaron tantos años”. Y aclaró que le dio a leer el libro a Mane, el hijo que fue el fruto de este ataque. “Le pareció bien que lo publicara”.

“Estoy sola. No sé que es el amor. Lo que me ha sucedido. El catre, la amenaza, el ataque nada tienen que ver con lo que leí en los libros”, escribe en el libro.

Los hechos ocurrieron en 1955 y este supuesto ataque daría como resultado el nacimiento del primogénito de la escritora,  Emmanuel o “Mane”, quien lleva los apellidos del astrónomo Guillermo Haro, con quien la escritora contraería nupcias años después.

El el libro da cuenta que como visitaba al escritor Juan José Arreola, a quien visitaba una vez a la semana en su departamento, su admiración por él y que fue a consecuencia de un ataque sexual que ella quedó embarazada, como además de que dio a luz en Italia y trataron de convencerla de que lo diera en adopción, pero no lo hizo.

Luego de que Elena dio a Luz ella cuenta que él jamás lo procuró, que jamás lo vio en vida, ni jamás le firmó un libro y nunca mantuvo. Y la escritora habla que el verdadero padre de su hijo fue su esposo Guillermo Haro.  

Otro caso de aparente abuso de parte de Juan José Arreola fue el de Tita Valencia, quien confesó que su libro Minotauromaquia (1976) y donde habla de una relación tormentosa, con violencia sobre todo verbal, que la llevó a estar en un hospital y muy probablemente alcanzó a otras: “Eran jóvenes igual que yo, aspirantes a escritoras”; es referente al maestro sé Arreola.

La familia del maestro Juan José Arreola no tardó en dar a conocer su versión de los hechos para salvaguardar la reputación de padre y abuelo.

Aquí el texto íntegro:

A los lectores y seguidores de Juan José Arreola A nuestros amigos y familia.

Con tristeza y molestia hemos leído las recientes declaraciones de dos conocidas autoras que, efectivamente, sostuvieron relaciones sentimentales con nuestro querido padre y abuelo.

Por respeto a ellas y a él —ausente para defenderse—, habíamos decidido mantenernos en silencio. Sin embargo, la verdad de los hechos de aquellos años se ha transformado hoy en una injusta narrativa de falsedades que no podemos soslayar.

En abono a la verdad, sin enconos personales y entendiendo la discusión actual en torno a los derechos de la mujer, adjuntamos un grupo de cartas y mensajes (sin edición alguna) de dichas autoras cuyo contenido hace evidente una versión histórica distinta a la difundida, y que conocimos directamente.

En ambos casos — no entendemos el porqué— el tiempo parece haber afectado a la memoria (nos rehusamos a creer que se trate de vender libros). De cualquier manera, es una lástima que el querido Juan José no esté aquí para desahogar su derecho de audiencia.

Sabemos quien fue nuestro padre y abuelo. Acompañándolo en la vida conocimos muy de cerca de lo que era y no capaz.

Su personalidad bondadosa siempre lo mantuvo lejos de cualquier forma de violencia. Lo suyo fue, desde luego, la discusión apasionada.

Finalmente y como se recordó el año pasado durante su centenario, la generosidad que Juan José Arreola ofreció a discípulos y amistades —hombres y mujeres— fue enorme.

Así lo manifestaron incontables de sus contemporáneos. Por ello protegemos su memoria con esta Fe de Erratas, con la cual esperamos abandonar toda discusión ulterior. Por su atención, gracias.

Orso Arreola, hijo del escritor dio a conocer cartas que jamás pensaban sacar a a luz y dónde se da a entender, que entre Arreola y Poniatowska había buena relación y hablaban del nacimiento del pequepo y se muestra la intención de Arreola de acudir a Europa al nacimiento de su hijo: “Los sentimientos en general no se saben volver a encontrar y a lo mejor los dos seremos totalmente nuevos el uno frente al otro sin encontrar nada, sin recobrar el hilo perdido. ¡Tú, un nuevo Juan José, y yo también cambiada! ¡Y te imaginas la angustia y la miseria! Mejor así. No es que quiera yo tener el papel más noble, pero veo lo más práctico. Yo de ti nunca hablaré una palabra con nadie, ¡ni después del bebé!”.

Y un mensaje enviado después del nacimiento, en 1956, que a la letra dice: “tápame Juan Josesito! (la amapola es parte de nuestro niño)”.

La segunda es un carta de Tita Valencia de tres páginas, fechada el 22 de marzo de 1966. “Sabes, me doy cuenta de que no hay correspondencia posible entre nosotros, que mientras tú te la pasas tan mal, angustiado, con mil problemas reales, inmediatos, graves, yo te escribo idioteces de pájaros y música”.

Por su parte Elena Poniatowska usó su derecho de réplica a través de una carta que dio a conocer y que reproducimos a continuación: 
 
DERECHO DE RÉPLICA:

Son las 4:37 de la tarde del domingo 8 de diciembre de 2019 y leo estupefacta la carta de la familia del escritor Juan José Arreola. Jamás, en 64 años, he hecho declaración alguna acerca de Arreola y su entorno.

En mi novela El amante polaco que Planeta lanzó en la Feria del Libro de Guadalajara, el miércoles 4 de diciembre, solo hablo de “El maestro”.

Mi hijo nació en un convento de monjas en Monte Mario, Roma, el 7 de julio de 1955. Cuando conocí a Arreola en 1954 (nací en 1932 y cumpliré 88 años el 19 de mayo del 2020), era una jovencita totalmente dispuesta al deslumbramiento.

En esa época, las niñas que se educaban en colegio de monjas salían del convento igual que entraban, más niñas que nunca, páginas en blanco, sin ninguna preparación para la vida.

Arreola era un adulto, un hombre casado, con tres hijos, 20 años mayor que yo.

Mi relación no fue una de las “relaciones sentimentales” del “padre y abuelo Arreola” sino un suceso fundamental en mi vida que habría de cambiar no sólo mi destino sino el de mi hijo; fue la relación de un adulto casado que sabía lo que hacía con una joven inexperta e ingenua en todos los sentidos.

Aunque la familia de Arreola habla de respeto, la respetuosa fui yo, la que nunca pidió nada fui yo, la que no volvió a verlo nunca fui yo, la que guardó silencio fui yo.

Arreola jamás vio a mi hijo, jamás lo conoció, jamás lo mantuvo. Pudo enviarle un libro, jamás lo hizo. En cambio, si mi hijo hubiera manifestado el deseo de conocerlo, por respeto, habría cumplido su voluntad. Ya adulto, Mane jamás buscó verlo. Los verdaderos padres de mi hijo, doctor Emmanuel Haro Poniatowski, son su abuelo Juan. E. Poniatowski y el astrofísico Guillermo Haro.

Por lo visto, el “querido padre y abuelo” de los Arreola quien siempre se ufanó de sus conquistas, también lo hizo frente a su familia, puesto que ahora las festejan.

Como consta en la carta a máquina (escrita desde Roma, Italia, en 1955, y reproducida por REFORMA el domingo 8 de diciembre de 2019), me preocupé por sus hijas, a diferencia suya que jamás lo hizo por mí o por mi hijo.

El silencio y el respeto del que habla la familia Arreola han sido de mi familia y míos durante 64 años. ¿En qué se basa el silencio y el respeto de la familia Arreola, si ahora trae a la luz un asunto del que nunca hablé?

Supe desde un principio que Arreola jamás viajaría a Italia puesto que no podía cruzar una calle en la Ciudad de México. Mi carta de 1955, por lo tanto, es la de una incauta que intenta protegerlo. Cuando uno es joven, protege o camina al borde del abismo. ¿Alguna vez fue Arreola responsable de sí mismo? Su talento y su inteligencia lo enseñaron a usar a los demás.

Arreola nunca fue capaz de poner en orden su vida y eso lo sabe su familia. Sólo pudo “echar a perder quien sabe qué de muy bello que tenía”, como lo escribo en la carta de 1955, que reproduce REFORMA.

Es desafortunado el caso de Tita Valencia que destapa una situación distinta a la mía, aunque tenga en común al mismo personaje.

Mi vida no se reduce a la frase final del capítulo 20 del El amante polaco, página 333 (la única vez en que expongo la acción de “el maestro”), y nada tiene que ver con “una injusta narrativa de falsedades imposible de soslayar”. A lo largo de 405 páginas jamás aparece el nombre del “querido padre y abuelo”.