Ayuno. El comercio informal no escapa al impacto negativo de la cuarentena; si no hay clientes, no hay ventas y por lo tanto, tampoco hay para comer para cientos de familias. | Foto: OMAR SAUCEDO
La pandemia del coronavirus agarró desprevenido a este vendedor ambulante y a miles que como él, viven al día

La cuarentena no es temporada para vendedores ambulantes: “Ahorita debo 5 mil de renta, debo la luz, apenas íbamos saliendo de la cuesta de enero y llegó esto, neta, apenas me iba a acomodar”, dice Fernando Alonso Zúñiga, comerciante de toda la vida. En días normales estaría vendiendo nieve, elotes, churros azucarados, papitas o cualquier antojo a la salida del Tecnológico de Saltillo o en la Plaza de Armas, pero la pandemia de coronavirus lo agarró a la brava, desprevenido. Y hoy, no hay escuelas. Y las calles del primer cuadro de la ciudad cada día lucen más tranquilas.

“No hay nada. Ahorita ando al día. Tengo mi camionetilla, y pos ahí ando buscando un flete o algo, el chiste es llevar algo a la casa, o sea, cargarle algo que quieran, a ver qué se ofrece. De la venta no hay nada, siempre está solo”, se queja.

Fernando, sus 3 hermanos y su papá pertenecen al sector informal de la economía, como muchos en Saltillo y como el 34.8 por ciento de la población económicamente ocupada en Coahuila según cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI al último trimestre del año pasado; es decir, 467 mil 416 trabajadores coahuilenses, en las diversas modalidades de la actividad informal, no tienen un contrato que les garantice prestaciones y derechos laborales, y dependen de la gente para sobrevivir al día.

“Yo le ayudaba a mi jefe desde los 13 años, teníamos que chingarle, o estudiábamos o a chingarle, y pues a chingarle”, dice en medio de una Plaza de Armas desolada, bajo el solazo primaveral. Al frente, el Palacio de Gobierno y sus guardias con cubrebocas, y atrás, la Catedral de Santiago con sus puertas cerradas. Las dos instituciones, en silencio.

Riesgoso. Aún a costa de su salud, los informales salen cada día a trabajar. | Foto: OMAR SAUCEDO

Fernando tiene 36 años, una esposa y 2 hijas pequeñas: la mayor tiene 2 años y medio, y la menor un año. Hoy no habrá venta. Y para una familia que depende del comercio del día, esta situación es crítica.

“Ya me dijeron ahí donde vivo que debo pagar la renta. No hay nada de jale. ¿A dónde me voy? Haz de cuenta que me va a mandar a la calle. Está duro, no creo que nomás sea yo”, dice angustiado.

La familia podría ser una opción para buscar alternativas, pero su papá y hermanos se dedican al comercio ambulante desde hace años, y a ellos también les está pegando la contingencia sanitaria decretada por el Gobierno de Coahuila el 18 de marzo. Ellos viven de la gente. Pero una de las recomendaciones es que las personas ya no salgan a la calle, y se suspendieron eventos masivos donde Fernando acudía a vender sus productos.

“Es una cadena, cerrando el centro los locales, la gente no viene, y ¿a quién le voy a vender?, no hay gente ahorita, por eso nosotros no vendemos, ni el mercado ni nada”, agrega desesperado.

‘TENGO QUE DEJAR ALGO A MIS HIJAS’

Juzgar desde nuestra burbuja es fácil. Lo difícil es entender que hay más de 31 millones de mexicanos que trabajan en el comercio informal, y que representen el 56.2 por ciento de la población ocupada en el país, según la ENOE del INEGI, que son dueños o empleados que no gozan de prestaciones o derechos laborales como el sector formal.

Por eso como si adivinara la pregunta de por qué no se dedica a otra cosa, Fernando dice: “Tuve un tropiezo y estuve guardado, y ahorita no me dan jale en otro lado: una fábrica, una empresa, nada”. Lo suyo desde chico fue el comercio, por eso al salir del Cereso en 2007, tras 4 años de encierro, puso su puesto de elotes y churros, y utilizó una moto y un paraguas para instalarse en escuelas y vender papitas.

Aunque en todos estos años no ha conseguido permiso para vender en la vía pública, como sí lo tienen su papá, un hermano y otros compañeros comerciantes, y los inspectores lo corren de la plaza o la salida de la escuela si lo ven, Fernando no ha dejado el negocio como su fuente de ingresos.

El permiso para ejercer el comercio ambulante no significa tener un empleo formal. Solo es una licencia para vender en la informalidad. “No ha habido quién me apoye para tener yo un permiso, algo para asegurarme yo que sea mío”, dice.

Y con la cuarentena se pone peor. Su familia resiente la caída de ingresos. “Los pañales, pos esos ya se los estamos quitando a la niña, porque pos hasta eso llegó, es una urgencia como quien dice, pos ya p’a no hacer ese gasto, las dos usan pañales, ya la más grandecilla, de dos años y medio, le estamos enseñando que vaya y se siente”.

Su casa en el centro lo espera. Hoy tampoco es un buen día para el comercio. Y la respuesta del Gobierno de Coahuila ante la solicitud de apoyo por parte de los sindicatos que representan a una parte de los comerciantes ambulantes fue que revisaran “la posibilidad de aplicar los apoyos y beneficios del Programa Emergente de Contingencia Laboral para Micro y Pequeñas Empresas”, según un comunicado oficial.

¿Y los que no tienen permiso, como Fernando? ¿Y los que tampoco están afiliados a sindicatos? Fernando y sus compañeros no tienen respuesta, solo miedo, incertidumbre, deudas y familia.

“Ya pensando yo bien: tengo mis niñas, tengo que dejar algo para que ellas puedan seguir de ahí, mas si estudian es lo mejor, ¿no? Uno les da el estudio a las niñas, a la familia y todo, pero pos si se llega a ofrecer, ahí está algo con qué se amparen de perdido, ¿verdad?, la enseñanza que yo les dé y un permisito para que no batallen más delante”, dice esperanzado.

Ya me dijeron ahí donde vivo que debo pagar la renta. No hay nada de jale. ¿A dónde me voy? Haz de cuenta que me va a mandar a la calle”.

Informalidad

  • 467 mil 416 trabajadores coahuilenses viven en la informalidad (43.8 por ciento del total de la población).
  • En Saltillo, según la Canaco, hay un comercio informal por cada negocio establecido.
  • 31 millones de mexicanos trabajan en el comercio informal.
  • En el país, 23 de cada 100 pesos del PIB son generados por el sector informal.

José Reyes


José Reyes Quintero. Orgullosamente periodista de VANGUARDIA desde noviembre de 1999, aunque mi incursión en el periodismo se remonta al año de 1988, cuando inicié mi carrera en Monterrey, mi ciudad natal, donde estudié la carrera de Ciencias de la Comunicación en la UANL. He cubierto desde actividades policiacas hasta deportivas, incluso sociales, siempre en el periodismo escrito.  Actualmente me especializo en temas electorales, políticos, de seguridad y legislativos. Vivo de la palabra y como tal, me esfuerzo al máximo por respetar nuestro idioma.