Esmirna Barrera

El grave error cometido por el ayuntamiento de Saltillo debe ser comentado y ya no en el sentido de lo que se ha publicado, sino con una explicación seria, coherente con el significado profundo de la persecución constante contra alguien valiosa.

Tres propietarios de casas del Centro Histórico decidieron poner sus paredes al servicio de una idea: ¡No a los feminicidios!, y recordar a tres muchachas asesinadas en Coahuila. El Alcalde reaccionó hasta que el asunto llegó a la Ciudad de México y fue tratado por Proceso y por plumas del tamaño de la de Denise Dresser. El alcalde se retractó, pero había aprobado la multa.

Quienes originaron esta manifestación artística y crítica fueron Jacqueline Campbell y Sergio Castillo. Pero, a la manera de nuestra cultura, todos los ataques se lanzaron contra Campbell, confirmando lo que ésta estaba condenando: el desprecio a las mujeres. De ella dijeron que era una activista (los más positivos), otros intentaron hacer ver que era corrupta (¿cómo es que tiene casa propia?), es la mujer del obispo… El golpe se vuelve contra sus censores. ¿Y las feministas saltillenses?

Por cuestión de justicia me siento obligado a decir quién es Jacqueline Campbell para que quienes no lo sepan puedan calcular su lugar social y en qué se fundamentan sus acciones.

Jackie es hija de un empresario regiomontano, lo que justifica ampliamente su capacidad de tener casa propia, pero ella renta la casa donde vive. ¿Es una casa como las de los políticos? Es una casa vieja (por eso el enojo del municipio), muy saltillense (tipo chorizo). Ella puede pagarla.

Siendo una muchacha privilegiada no se contentó con la vida que le ofrecía la sociedad regiomontana. Empacó y se fue a vivir entre los tarahumaras para ayudar en todo lo que fuera posible. De ahí emigró hacia Chiapas y se insertó entre los indios tzotziles aprendiendo su lengua para servirles mejor. Conoció a don Samuel Ruiz y luego a don Raúl Vera. Éste la invitó a venir a ayudarle cuando lo hicieron obispo de Saltillo: su pasado justificaba la certeza de poder contar con alguien generoso e inteligente.

El gobierno del Estado de Moreira la persiguió sin disimulo. Las policías estatales la intimidaron, la detuvieron, la persiguieron. Ella dialogó no pocas veces con Rubén Moreira, pero sus secretarios generales la odiaban. Consiguió el permiso de impartir un “Seminario-taller de escritura” en el Cereso, donde se habían dado casos de tortura a internos. Fue un seminario excelente en el que participamos alrededor de 20 especialistas (yo impartí dos clases). Los textos de los prisioneros aparecieron publicados en un hermoso libro.

Bajo las amenazas policíacas en Saltillo ella optó por dejar enfriar esa persecución y fue a Argentina a terminar su formación en Sociología. Se graduó de maestría con una tesis sobre un centro de enfermos de lepra cercano a Buenos Aires. Lo increíble de esa tesis, que nadie más hubiese hecho, fue que vivió con los leprosos, comiendo con ellos lo mismo, conversando, haciendo encuestas y creando historias de vida de las personas más despreciadas de la tierra desde hace cinco mil años.

Se le menciona como promotora de una Nueva Constitución. Hay que decir en su favor que esta idea y ese proyecto nacieron en tiempos de Peña Nieto, puesto que todo mundo veía que México estaba a un paso del abismo. Gente como González Casanova y algunos que están hoy en Morena lo promovieron. El obispo de Saltillo se adhirió por considerarlo de justicia. Pero la idea viene de lejos: la propuso Bertrand Russell.

Y hablando de su casa es preciso decir que ahí llegan a dormir ejidatarios que necesitan arreglar asuntos en Saltillo y no tienen dinero para pagar un hotel. Los campesinos saben que pueden abrir el refrigerador en casa de Jackie y comer lo que encuentren. ¿Quién hace esto en Saltillo?, ¿cuántos de sus malquerientes tiene esa actitud? Ninguno.

Uno de sus pecados es apoyar la lucha contra el basurero de desechos tóxicos en Noria de la Sabina. Tampoco ellos la quieren.

Una mujer que se ha hecho portadora de un reclamo internacional por los asesinatos de mujeres ha sido golpeada simbólicamente por no pocos, el Alcalde incluido. Creo de justicia “desfacer ese entuerto”, diría Don Quijote.