Frontera. Migrantes centroamericanos esperan que se les permita el ingreso a México. Cuartoscuro
Prefieren salir de Honduras, a pesar de que ya saben que no son bienvenidos en México y que Estados Unidos tampoco los quiere

TEGUSIGALPA, HN.-Acorralados por la violencia, los asesinatos y la extorsión que está fuera de control, además del hambre, más de mil personas, entre hombres, mujeres y niños, huyeron de Honduras, a sólo un día del inicio de la caravana de la desesperación otras mil personas se habían sumado a la marcha.

Es tal la urgencia por huir que poco les importa saber que en México les espera el rechazo absoluto, ellos van en busca de la esperanza de alcanzar un futuro seguro en Estados Unidos, país que tampoco desea su llegada.

El martes 14 comenzaron a salir rumbo a Guatemala desde la terminal de autobuses de la norteña ciudad de San Pedro Sula nutridos grupos de migrantes, inició así lo que los analistas y observadores calificaron de la “caravana de la desesperación”.

Cuando huyes no vas con sueños, te vas para sobrevivir, este país, Honduras, ya es un desierto, dijo un tendero al abogado Roger Pineda, miembro de una ONG.

La razón ampara al tendero pues en 2019 el número de asesinatos registró un crecimiento alarmante, 70 homicidios múltiples, con tres o más muertos en un solo evento y 13 muertes violentas diarias.

El 2020 arrancó más crudo aún, pues en los primeros seis días hubo 60 homicidios, un par de masacres, varios feminicidios y van en auge los suicidios.

A lo anterior hay que agregar el impuesto de guerra que imponen los maras y los grupos delincuenciales tanto a comerciantes como a transportistas de pasajeros y de carga.

Los cobros son descarados como las rifas obligatorias, de hecho la extorsión es simplemente para dejarlos seguir vivos y en muchos casos la demanda de dinero llega de diferentes grupos al mismo tiempo.

A todo lo anterior hay que sumar los altos niveles de desocupación, subempleo, empleo precario  y temporal, todos estos con ingresos muy por debajo del salario mínimo.

Los hondureños migrantes, saben que enfrentan muchos obstáculos, que México redobla esfuerzos para no permitirles llegar a su destino y que Estados Unidos no los dejará entrar, a pesar de los ruesgos, prefieren eso a permanecer en su tierra.

Aunque los gringos no nos quieren, ni los chapines ni los mexicanos, no nos puede ir peor, dice Roxana F. quien dejó atrás su casita en Cofradía, un comunidad cercana a San Pedro Sula.

Los sistemas de salud  y educación están colapsados por la corrupción imperante y el gobierno hondureño invierte más en seguridad que en las necesidades primarias de la población.

(Con información de la revista Proceso)