Sería por estos tiempos complicados e inciertos de la epidemia del COVID-19 o porque de plano el PRI está en verdad roto, lo cierto es que Luis Donaldo Colosio fue olvidado en su aniversario luctuoso, antes tan elogiado como tan explotado por los priistas de los años noventa hasta la debacle de 2018.

El fusilamiento de Colosio (descrito así por don Luis, su padre) constituyó un magnicidio lleno de conjeturas científicas y populares que apuntaban hacia el gobierno de la época.

“¿Quién sería tan poderoso como para manipular pruebas, jueces, investigadores, policías, escritores y medios, sino el mandatario en turno?”, se decía en los tiempos del tlatoani azteca dueño de voluntades y deseos.

Su muerte nos encontró a Issa y a mí en el sillón de la televisión en Piedras Negras en 1994, fuimos testigos de la tozudez de Zabludovsky (dueño y señor de la información) con Talina Fernández a fin de ser su noticiero quien difundiera la noticia de su inminente fallecimiento. Nos abrazamos, estábamos sorprendidos y absortos, después las cosas cambiaron, el miedo se apoderó de los votantes (“si eran capaces de matar a su candidato, ¿qué no podrían hacer?”, decían las voces populares).

Pronto aparecieron los autobuses con la leyenda “Zedillo, por el bienestar de tu familia”. y después el ropaje de la marca “Colosio” de la que se apropió el PRI y le sacó provecho.

Bueno, hasta se creó una Fundación a cuyos participantes y titulares les era encomendad la plataforma política y estrategia del partido, menos en Coahuila, que terminó siendo un instrumento de tranza por medio de la cual se “lavaron” millones de pesos –en la época de la pareja siniestra– a través del titular de la misma el taimado Aguillón billetes.

Difícilmente se podría adivinar que a 24 años del homicidio sigue rondando en el escenario político el grupo de Salinas de Gortari, ahora en la oposición, y que se ha logrado enterrar en el olvido la investigación sobre su muerte con el regocijo de sus ejecutores.

La planeación del magnicidio hace suponer de una estrategia reforzada desde el gobierno para no dejar cabos sueltos, y que quienes lo realizaron estudiaron el caso Kennedy a detalle: pruebas manipuladas, testigos asesinados, se modificó la escena del crimen, etc.

Múltiples testimonios refieren el ocaso de la figura de Luis Donaldo en la imagen presidencial de su hacedor Salinas, a través de la incidía de “Camelot”, la corte perfecta de un presidente que se sentía rey. Diario, reportes de la campaña mencionaban que en el equipo íntimo del candidato se aconsejaba alejarse de la mano presidencial a fin de ir tejiendo un estilo propio de gobierno, que culminaron con el discurso del 6 de marzo de 1994, por el cual Colosio dibuja un país distinto a la concepción del paraíso de la solidaridad del mandatario-tlatoani.

Al fin llega el fatídico 23 de marzo en el escenario de Lomas Taurinas, una barriada olvidada de la mano de Dios con gente que solamente tenía necesidad de tener, como decía un líder de colonias de mi natal Saltillo. Un mitin lleno de policías de todos los niveles y agentes de inteligencia (Sánchez Ortega), un mitin ordenado grabar completito por el delegado de la PGR en Baja California (¿?), un mitin en el que fue neutralizada la seguridad del candidato y sobre el cual se formó un diamante por parte de sus homicidas que lo fue llevando cadenciosamente entre el fondo musical de “La Culebra” y, ¡pam!, dos balazos que cegaron la vida del candidato. ¿Recuerda usted qué persona organizó el mitin e inmediatamente al evento se amparó? El coahuilense Jaime Cleofas Martínez Veloz. ¡Vaya cosa, el miedo nunca anda en burro!

A casi un cuarto de siglo de su muerte, Colosio fue condenado al olvido por el partido que presidió y que hoy es una piltrafa política, a la búsqueda de un sepulturero que genere el último palazo y se acabe.

Se decía que un nudo gordiano se había roto en el 68, creo que en el 94 con la muerte de Colosio se establece un parteaguas en el atrevimiento político. Fue el retorno del salvajismo político de las épocas postrevolucionarias a fin de hacerse del poder: Madero, Carranza, Obregón, el atentado en contra del presidente Ortiz Rubio, la muerte del precandidato Manlio Fabio Altamirano y la de Maximino Ávila Camacho fueron el preámbulo del magnicidio.

En su discurso Colosio afirmó: “Sabemos que el origen de muchos de nuestros males se encuentra en una excesiva concentración del poder. Concentración del poder que da lugar a decisiones equivocadas; al monopolio de iniciativas; a los abusos, a los excesos. Reformar el poder significa un presidencialismo sujeto estrictamente a los límites constitucionales de su origen republicano y democrático”. Y el sistema asustado se tambaleó y vino la conjura.

Orestes Gómez

Columna: Al correr de la pluma

Orestes Gómez es saltillense, estudió en la Facultad de Jurisprudencia de la UA de C y la Normal Superior de Coahuila las licenciaturas en Derecho y Educación Media.

Ha impartido cátedra en la Facultad de Jurisprudencia de la UAC, Preparatoria Mariano Narváez de la UA de C, UANE planteles: Saltillo, Torreón, Piedras Negras y Matamoros y en la Universidad Autónoma de Piedras Negras.

Ha impartido conferencias en la UANE Saltillo, CTM Coahuila, Asociación de Maquiladoras de Nuevo León y Facultad de Economía de la UA de C.

Ganador del premio estatal de Periodismo de Coahuila en 5 ocasiones: 1996, 1999,2000 y 2006 en editorial en prensa y la presea Antonio Estrada Salazar por 25 años de trayectoria.

Ha escrito tres libros: uno de poesías titulado “Memorias del Tigre Espejo”, “Cuentos Conurbados” y uno relacionado con los Recursos Humanos "A Little bit about Mexican Law and Human Resources".

Es un tigre espejo que merodea por entre los muros de la desigualdad, la represión y el oprobio escupiendo verdades através de su incómoda pluma.