Hace poco más de una semana saltó la más reciente, y seguramente no la última, ocurrencia de Donald Trump contra México. Es cierto, sabemos que el presidente de los Estados Unidos difícilmente recibirá un diploma de “Mister Amigo”. También sabemos que en su visión de los temas relevantes para su país, México y los mexicanos solamente restan. Ya no debería sorprendernos ver sus arranques y posturas agresivas contra nuestro País, pero es difícil ignorar sus formas, exageraciones y mentiras, su total falta de respeto por un país vecino, socio, amigo y sus ciudadanos.

En su más reciente embestida contra México y lo mexicano, el señor Trump decidió amenazar a México con establecer aranceles a todo lo que Estados Unidos importe de México, a menos que México “haga mucho más para reducir la migración y el tráfico de drogas hacia Estados Unidos”. Todo esto acompañado de distintas referencias a que nuestros País “ha tomado ventaja y abusado de Estados Unidos” (imposible no reírse).

Todos tenemos una opinión sobre Trump y Estados Unidos. Muchos crecimos en una época (80 y 90) en la que se seguía viendo a Estados Unidos como el vecino rico que no era digno de confianza. Con el tiempo, y a partir del TLC, la dinámica empezó a cambiar y cada vez más se empezó a percibir como un socio; sí, un socio con más poder e influencia global, pero a final de cuentas un socio. Siempre claros sobre la vocación imperialista e intervencionista de los americanos y con la memoria fresca de sus incursiones en política y territorios latinoamericanos, siempre con esa doble moral e hipocresía que nadie maneja mejor que ellos y que no es privativa de Trump, los republicanos o los demócratas. Capaces de censurar gobiernos por faltas a los derechos humanos la misma semana en que tiraban bombas sobre civiles en alguna región en conflicto. Castigando a países productores de droga envueltos en verdaderas guerras civiles con decenas de miles de muertos, mientras en casa las drogas fluyen sin problemas al norte, este y oeste sin mayor contratiempo y las armas, producidas por empresas respetadas y hasta veneradas, misteriosamente fluyen hacia el sur en un comercio criminal prácticamente coordinado, o al menos permitido, por el gobierno americano.

Por eso duele que alguien de la calidad y estatura moral de Trump se atreva a lanzar generalizaciones llenas de mentiras. Hace 25 años, en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, México tomó la decisión de dejar atrás las reservas históricas que teníamos sobre el vecino del norte y convertirnos en socios. Con esa decisión, México entró a jugar bajo las reglas de organismos y entidades multilaterales que son dominadas por Estados Unidos y prácticamente acabamos por tomar el rumbo de depender cada vez más de nuestro socio. Aceptamos con una sonrisa en la cara que ellos subsidiaran criminalmente a sus agricultores, mientras los nuestros perdían competitividad. Estuvimos de acuerdo en dejar de desarrollar tecnología y bienes de capital porque ahora los podríamos comprar a los americanos. Nos ajustamos a políticas energéticas poco nacionalistas porque siempre podríamos importar de nuestros socios. Y así, estamos 25 años después con un socio que ni nos respeta ni nos escucha y al que difícilmente se le podrá dar gusto aun tratando. Las señales nos dicen que el divorcio es necesario, pero nos damos cuenta que prácticamente todo (menos la dignidad) está a su nombre y que cualquier juzgado está comprado por nuestro socio. Caímos en una relación de codependencia, tóxica. Nuestra felicidad como país de pronto depende no sólo de Estados Unidos como país, sino de una persona como Trump, un ególatra y narcisista. Tal vez le podamos dar gusto hoy, pero sabemos que vendrá por más. Y así, el “bully” nos seguirá acusando de abusar de él.

Hace unas semanas comentaba que la 1T (Primero Trump) es el mayor peligro para México. Sostengo esa hipótesis.

@josedenigris