Fotos: Especial
El libro de Adriana Malvido ‘Nahui Olin’ explora la vida y obra de esta mujer transgresora, pintora, escritora, amante, poeta y libre de los moldes de los roles de género con la intención de presentar su figura a nuevas generaciones

Hija del general Manuel Mondragón, esposa de Manuel Rodríguez Lozano, amante del Dr. Atl y musa de muchos artistas de la época de oro de la cultura mexicana; Nahui Olin, durante mucho tiempo, fue conocida tan sólo por estas relaciones con otros hombres y los detalles más relevantes e interesantes de su vida permanecieron ocultos al resto del mundo.

Sin embargo, Carmen Mondragón —su nombre real— es una figura de culto que poco a poco, en las últimas décadas, ha ganado mayor reconocimiento a nivel nacional e internacional y esto se debe en parte al esfuerzo de personas como la periodista Adriana Malvido, quien hace 25 años realizó un reportaje sobre la vida de la artista del cual se desprendió el libro que este año reeditó y sobre el cual VANGUARDIA la entrevistó.

“Hace 25 años la generación era diferente, otros lectores. Entonces yo pensé que era necesario que nuevas generaciones conocieran a Nahui Ollin, y que era muy importante que la conocieran más allá de la belleza del ícono, del rostro, de sus ojos verdes, de la belleza que tiene, sino que fueran más allá, que se conectaran con su vida”, explicó sobre el propósito de esta publicación la autora.

Autoretratos. Hay una parte de su obra dedicada a este tipo de obras.

“Hay muchos mitos alrededor de ella pero hay que ir más allá de eso y conocerla como un personaje fuera de serie, tanto en los 20’s como ahora. Porque las propuestas que ella tuvo entonces son absolutamente vigentes ahora en el marco de las propuestas feministas”, agregó.

Mondragón nació en una familia burguesa durante el Porfiriato y como tal recibió buena educación a pesar de ser mujer, sin embargo, desde temprana edad su inteligencia destacó en textos que Malvido rescató y con los que prueba que incluso en la infancia Nahui Olin ya tenía las habilidades que tiempo después usaría en su poesía.

“Ella tenía una inteligencia integral, porque ya ves que ahora se habla de varias inteligencias”, comentó Adriana, “aquí lo que hay primero es una bandera por la libertad.

Nahui Olin es una niña muy precoz en ese sentido, en cuanto a su rebeldía, en cuanto a la valentía para romper los moldes que estaban diseñados para la mujer en la sociedad de su época”.

“Se necesita mucha valentía e inteligencia para romperlos y sostener toda tu vida con los costos que eso conlleva, porque la sociedad se lo cobra después”.

Agregó que Olin incluso antes de comenzar su relación con el dr. Atl —autor del apodo que luego adoptaría con orgullo y que significa “movimiento perpetuo” en náhuatl— con quien conoció a incontables miembros de la comunidad artística de esa época ya mostraba interés en la literatura no sólo de poesía, sino también en la científica, gusto que mantuvo hasta el final de sus días y que la llevó a escribir una disertación debatiendo la teoría de la relatividad de Einstein.

Además de esto, como artista desarrolló una sólida y prolífera producción pictórica caracterizada por un estilo considerado como naif por algunos teóricos y que trataba desde temas naturalistas hasta introspecciones en autorretratos.

Sin embargo, nuevamente esta obra quedó opacada en la historia por otro aspecto de su vida íntimamente relacionado con el arte: su período como modelo para fotógrafos como Antonio Garduño y Edward Weston.

Estas obras destacan por la sensualidad y sexualidad que Nahui buscó siempre expresar con su cuerpo desnudo. Como mujer nunca tuvo reparo en vivir su sexualidad con libertad, mentalidad afín a la corriente feminista de ayer y hoy, pero tales fotografías, ya fuera porque son obra de importantes fotógrafos o por su contenido, lograron, a diferencia de su obra pictórica y literaria, ser de los elementos más conocidos de su vida.

“Ella se expresa por todos los medios a su alcance. Ella escribe, ella pinta y también se expresa con su cuerpo”, comentó Malvido, “el curador de la exposición en el Munal sobre ella, Mariano Meza, dice que Nahui Olin dibuja con su cuerpo y creo que tiene toda la razón”.

“Cuando está posando también lo toma como un acto creativo, también está participando de la creación de una obra de arte. Además de que fueron excelentes fotógrafos los que la retrataron corres el riesgo de quedarte sólo con esas imágenes, con esos ojos, esa mirada desafiante, no nomás es lo bonito, es la fuerza. Es una mirada que te desafía y casi incomoda”.

“Yo creo que a Nahui Olin no la puedes fragmentar. Debes leer sus textos, hay que conocer su vida, ver sus pinturas, para tratar de acercarte al personaje, en serio. Porque cada expresión artística te va a hablar de una parte de ella”, explicó.

“En su poesía ves a la Nahui transgresora, pero en sus cartas al dr. Atl, por ejemplo, es una mujer más delicada. En cambio, en su pintura ella retrata un México que aún no se tomaba en cuenta en la pintura de entonces, en el México rural”, agregó.

La figura de esta mujer está llena de detalles. Cada carta, cada poema y obra, cada miembro de su familia, sus amistades y amantes, desde sus primeros hasta sus últimos días, revelan un poco más de una vida fascinante que está regresando al panorama cultural después de casi 100 de su auge.

El libro de Adriana Malvido, publicado por la editorial Circe, es parte de un esfuerzo por rescatar a Nahui Olin de un abismo histórico en el que fue sepultada, junto a exposiciones de su obra y hasta una película biográfica.

Y aunque existe el temor de que esta intención se salga de proporción y, como en el caso de Frida Kahlo, Carmen Mondragón termine como un fenómeno mediático y una muy redituable mercancía, Adriana Malvido confía en que su vida posee cualidades de una particularidad que la blindan ante una posible comercialización de su imagen.