El freno a las actividades por el COVID-19 llevó a que el mundo delincuencial también tuviera que replantearse el tráfico de drogas. ESPECIAL
El freno a las actividades por el COVID-19 llevó a que el mundo delincuencial también tuviera que replantearse el tráfico de drogas

STEVE FISHER Y KIRK SEMPLE

CULIACÁN, SIN.- Como sucedió con muchas empresas, el Cártel de Sinaloa fue impactado cuando el coronavirus se propagó y el mundo se detuvo.

Las medidas de los gobiernos para contener el virus habían entorpecido sus operaciones, interrumpieron el suministro de productos químicos para la fabricación de drogas sintéticas —como el fentanilo y la metanfetamina— y canceló las rutas de tráfico a través de las fronteras.

Pero el cártel no es cualquier empresa. Se consolidó como uno de los grupos de narcotráfico más poderosos del mundo con una mezcla de perspicacia comercial, ingenio y acciones fuera de la ley.

Y, de ese modo, mientras muchos negocios legítimos siguen desconcertados por la pandemia, el cártel se ha adaptado con rapidez, al igual que otras organizaciones que dominan el tráfico de narcóticos en América Latina, en donde se produce casi toda la cocaína del mundo y la mayor parte de la heroína que se consume en Estados Unidos.

“Desde hace tiempo, los cárteles han demostrado su capacidad de recuperación”, dijo Scott Brown, jefe de la oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional en Arizona. “Van a seguir encontrando nuevas e innovadoras maneras de tratar de mover su producto”.

Con regularidad detectamos intentos de contrabando con drones e interrumpimos intentos de contrabando de drones, y ciertamente ese no era el caso hace un año”.
Scott Brown, jefe de la oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional en Arizona.

Las organizaciones de narcotráfico han recortado nóminas e ideado soluciones para traficar sustancias y llevarlas a sus consumidores, según entrevistas con fuentes cercanas al Cártel de Sinaloa, funcionarios de la fuerza pública en Estados Unidos y América Latina y analistas de seguridad.

LAS HERRAMIENTAS DE LA PANDEMIA

Durante 2020, algunos traficantes han confiado cada vez más en herramientas nuevas como drones y criptomonedas y optaron por estrategias del pasado, como túneles subterráneos y rutas marítimas.

Los funcionarios estadounidenses también han notado un aumento en el reclutamiento de estadounidenses de bajos recursos o adictos a las drogas para contrabandear narcóticos en sus cuerpo.

Los cambios, dijeron las fuentes, han permitido que el Cártel de Sinaloa y los otros grandes grupos del narcotráfico de la región se recuperen con rapidez, incluso mientras la pandemia sigue devastando las economías.

Ahora parece que casi a diario descubrimos transportistas internos (la mayoría son ciudadanos estadounidenses)”.
Guadalupe Ramírez Jr., director de operaciones de campo de la Oficina de Aduana y Protección Fronteriza en Arizona.

La agilidad de los grupos de traficantes ha obligado a las autoridades de toda la región a ajustar sus tácticas para responder a las nuevas circunstancias.

“Es fluido”, dijo Matthew Donahue, jefe adjunto de operaciones de la Administración de Control de Drogas (DEA). “No se puede tener una respuesta y vivir conforme a eso. Podría cambiar mañana”.

En América Latina, los confinamientos afectaron con dureza a los traficantes de drogas, y en algunos lugares hicieron que las operaciones se detuvieran casi por completo.

“Cuando llegó por primera vez”, dijo Donahue sobre la pandemia, “puso todo en un punto muerto”.

Ante las restricciones de viaje, los agentes de las organizaciones mexicanas de tráfico de drogas tuvieron problemas para llegar a Centroamérica con el fin de coordinar los envíos marítimos. A medida que las operaciones se desaceleraban, algunos grupos delictivos se veían obligados a almacenar su producto en Latinoamérica, dijo Donahue.

LA OLA DE DESPIDOS

Así como muchas empresas legales intentan contrarrestar los impactos de la pandemia, el cártel se reorganizó, despidiendo a muchos empleados de bajo nivel, incluidos los conductores de camiones, los trabajadores de almacén y el personal de seguridad, dijeron tanto el contador como otros dos asociados de la organización delictiva en entrevistas. Las fuentes solicitaron mantener su anonimato porque hablaban sin autorización y temían por su seguridad.

Cuando el flujo de drogas recobró impulso, los obstáculos en el transporte originaron una caída pronunciada en la frecuencia de los envíos, ya que la cocaína de los países andinos de América del Sur llegaba a México una vez cada dos semanas, en vez de varias veces por semana, como sucedía antes de la pandemia, dijeron los asociados del cártel y un oficial de la Marina mexicana.

La desaceleración hizo que el precio de venta al por mayor de la cocaína en México se duplicara, dijo el contador del cártel en una entrevista en Culiacán, ciudad del noroeste de México donde la organización tiene su sede.

“Al haber menos tráfico que pasa por los puestos de control, tendría sentido que los agentes tengan más tiempo para centrarse en lo que sucede en los puestos de control”, dijo John R. Modlin, agente jefe interino de la patrulla del sector de Tucson de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos.

Los cárteles de la droga se adaptaron rápidamente al panorama en evolución.

En medio de la severa reducción de los viajes aéreos y los obstáculos para cruzar la frontera terrestre, los narcos en América Latina han dependido más de las rutas marítimas, incluyendo el uso de más barcos semisumergibles y lanchas rápidas, que son embarcaciones de bajo perfil equipadas con motores de alta potencia, según informes de la Armada de Colombia, así como de funcionarios policiales estadounidenses y mexicanos y asociados del Cártel de Sinaloa.

Según los funcionarios y analistas, otro aparente cambio de metodología es que algunos traficantes han enviado menos cargas, aunque en mayores cantidades, que en el pasado, tal vez como parte de una estrategia para reducir el riesgo así como un reflejo de las limitaciones en las opciones de transporte.

Este año, pareciera que las organizaciones de narcotraficantes han usado más los túneles ubicados a lo largo de la frontera suroeste de Estados Unidos para contrabandear sus productos desde México. Algunas veces han reactivado los túneles que estaban inactivos, según Donahue, de la DEA, y los asociados del Cártel de Sinaloa.

Un contador de Sinaloa estimó que el uso de los túneles por parte de la organización había aumentado en un 40 por ciento durante la pandemia.

En algunos lugares, los traficantes también han incrementado el uso de drones para transportar drogas a través de la frontera, dijeron autoridades de EU.

Si bien los traficantes continúan intentando introducir drogas por los puertos de entrada, las autoridades estadounidenses han detectado al menos un cambio de táctica particularmente drástico en el perfil de los contrabandistas descubiertos.

Antes de la pandemia, los cárteles solían contratar a contrabandistas nacidos en el extranjero que cruzaban la frontera de México a Estados Unidos con el pretexto de hacer turismo o ir de compras.

Guadalupe Ramírez Jr., director de operaciones de campo de la Oficina de Aduana y Protección Fronteriza en Arizona, recordó que cuando fue director de los puertos de entrada en Nogales de 2009 a 2016, los “portadores internos”, como llaman los funcionarios de la frontera a estos contrabandistas, eran raros.

Los desafíos de introducir drogas en Estados Unidos también parecen haber estimulado el desarrollo de laboratorios clandestinos para la producción de drogas sintéticas en el país, dijo Celina Realuyo, profesora del Centro de Estudios de Defensa Hemisférica William J. Perry de la Universidad Nacional de Defensa.

Y los organismos de aplicación de la ley de todo el mundo también han detectado una aceleración en el uso de las criptomonedas y la llamada dark web para las transacciones de drogas y el lavado de dinero durante la pandemia, dijo.

“Se están adaptando”, dijo Realuyo sobre los grupos de narcotraficantes. “Ya tenían una especie de recursos, y lo que están haciendo es adaptarse más rápido a su contexto”. c. 2021 The New York Times Company