México está dividido. No me refiero al veneno “pobres contra ricos” que el Presidente inyecta en las venas digitales de la nación. Hay algo cultural, más profundo.

La forma en que el país vota lo delata. El norte en una forma, el centro en otra y el sur en otra. Mejor referencia es el estilo de administración privada que prepondera en estos “tres países”.

El Norte tiene administraciones abiertas al estilo EU que enseñan en el TEC, la Uni, la UDEM, etc. El Centro sigue un estilo cerrado, vertical, tipo hacendado chicharronero porfirista. Y el Sur es comunitario, sin prisa y sin metas; nada científico. Es como si la conquista nunca penetró selvas y montañas.

El PRI dominó la política durante 70 años. Para mantener control político, impuso una política educativa “comunitaria” o sea le imbuyó un componente netamente socialista en todo el país. Los otros dos países, Centro y Norte han tenido que progresar a pesar de que los alumnos de las escuelas oficiales emergen como analfabetas funcionales. Saben leer las palabras pero son incapaces de pensar o razonar por su cuenta.

Estos corralitos políticos se repiten en la historia. Thomas Sowell, un afro-americano ilustrado, critica a los líderes negros por inducir la mentalidad de víctimas a sus seguidores. Los recientes desmanes anarquistas le dan la razón a Sowell. En México, el PRI (con Bartlett) usó a los maestros (socializados) para llevar a cabo los fraudes “patrióticos” de los años 1980’s. (Ello evitaría que “el Norte” se escindiera.)

Ahora, López Obrador, trata de socializar las instituciones. Con o sin el Congreso, les mete cincel y martillo a todas por parejo. Los gobernadores del Centro y Norte empiezan a resentirlo.

Nos llevó casi 20 años limpiar las elecciones, pero nos faltaron medidas para evitar la compra masiva de votos. Le propuse eso al secretario de gobernación Carlos Abascal, durante el gobierno de Vicente Fox, pero nada hicieron, y entiendo por qué.

Las elecciones se estrenaron como mercados de votos cuando Calderón (del país del centro) le compró votos al PRI, para ganarle a Andrés en 2006. Luego pagó la deuda, traicionando al PAN en el 2012. Le abrió el paso a Peña Nieto, otro gobernante del Centro, que hizo de su Gobierno el sexenio de Hidalgo. (Tata-tatata al que deje algo.)

Esa mega-corrupción sentó las bases para el triunfo de Andrés, representante del país comunitario del Sur. ¿Y qué está haciendo el mesías sureño? Organizando la compra de votos a gran escala con sus subsidios directos. ¡Ah! Pero lo pinta como un acto de justicia social para todo el país. Quitarle a “los ricos” para darle a “los pobres”. El Bronco y Manuel no llegan a aprendices.

Calderón, no contento con haber vendido al PAN, quiso quedárselo usando a Margarita. Frustrado, está creando otro partido. Puede tener éxito, porque todo lo que pasa en el México del sur y del centro se construye sobre la incapacidad de los mexicanos para pensar en términos abstractos. Todo se tramita emocionalmente, todo es coraje o agravio.

Por consecuencia las voces que vemos el “big picture” no podemos vencer la cultura binaria de “los míos contra los malos” que no contempla la conciliación de opuestos.

Mi gran temor es que la velocidad de la crisis supera la capacidad de rebote. Sur y centro se ven muy lentos frente al tsumami de desorden social que impide enfrentar tanto el reto económico como el viral.

Si ellos no entienden el peligro latente de un virus, es mucho pedirles que detecten el virus mayor llamado socialismo castrista-chavista que enarbola Andrés. En cambio, critican con desconfianza a los que sí queremos hacer algo al respecto. Se duelen de los exabruptos de Gilberto Lozano y fustigan los objetivos de FRENA, pero nada hacen para neutralizar el bicho devastador que Andrés está inCUBAndo.

Termino con una frase de un líder incómodo, el general George Patton. Aplica hoy. “Lead me, follow me, or get out of the way!” Guíame, sígueme, o hazte a un lado.

O pone atención el mesías comunitario, o dos de los tres Méxicos podrían decirle adiós. Solitos podemos más y mejor.

javierlivas@gmail.com

Javier Livas

Columna: Libertad y Justicia