La acción de Mercedes Aquí nos tiene a todos indignados, sin duda alguna, por una u otra razón. Su pieza performática “Ancla” en la que orinó sobre un petroglifo en General Cepeda ha generado un sorprendente número de reacciones a nivel nacional y si bien el debate central radica en su falta de respeto al patrimonio arqueológico coahuilense se han desprendido muchos otros igual de pertinentes que de igual forma quiero destacar.

La cobertura de la prensa

Luego de que un usuario de Facebook denunciara la pieza con una publicación el martes 4 de junio, que borró días después, la periodista Lilia Ovalle de Milenio fue la primera en difundir la noticia con el titular “Una artista argentina hace un performance y orina arte rupestre en Coahuila”.

Al destacar su origen extranjero y al ser el primer contacto de los lectores con la situación se generó implícitamente un discurso xenofóbico sobre el cual se basaron muchas de las reacciones iniciales a través de internet que atacaron directamente a la artista.

Otras notas no fueron mucho más sabias en el asunto, llegando algunos a intentar apodarla “Lady Meados”, mote que afortunadamente no fue replicado —y el cual me puso en perspectiva sobre cómo otros “lords” y “ladys” del pasado han sido objeto de crueles y superficiales juicios por el público— sin contextualizar nunca sobre la obra, permitiendo que se perpetuara la idea de que se trató de un esfuerzo individual permitido por el Museo de Artes Gráficas (MAG) y no que formó parte de un trabajo colectivo con otras artistas locales —y una francesa—, quienes también trabajaron en el espacio de El Gavillero, dejando invisibilizado al mismo tiempo estas piezas y cualquier potencial discusión y crítica en torno a sus intenciones y aproximaciones; nadie se ha preguntado si las otras obras son igual de ofensivas, Mercedes sólo fue la más prominente.

La pasividad de la Secretaría de Cultura

Desde la publicación de la nota de Milenio una de las principales declaraciones que se buscó fue la de las autoridades del MAG y la SC, quienes se abstuvieron de hacer comentario alguno hasta que el organismo emitiera un comunicado oficial.

Sin embargo, este texto es, aunque aclaratorio en algunos puntos, vago al hacer un compromiso sobre su proceder en el asunto, dejando toda responsabilidad al INAH, entidad que muy probablemente no encontrará daño material alguno en la acción realizada con desechos orgánicos y pigmentos naturales en medio de la temporada de lluvias.

Yo no estoy a favor de la censura ni del veto, las personas podemos aprender de nuestros errores a fin de cuentas, pero en definitiva la SC pudo al menos comprometerse a establecer medidas más rigurosas cuando presta sus espacios a otras organizaciones, pues esta colaboración artística fue gestionada por la Alianza Francesa.

Estos últimos, no obstante, ya aseguraron que la pieza no formará parte de la exposición colectiva con todo el trabajo que Garance Maurer realizó en varios puntos del país las pasadas semanas, a inaugurarse en la Biblioteca Vasconcelos próximamente.

La provocación y el error de Mercedes

El mero Sábado de Gloria de este año publiqué un texto sobre la obra “Piss Christ” de Andrés Serrano donde argumenté cómo la base del arte es provocar —provocar melancolía, provocar admiración, provocar rabia— y cómo es necesario este medio expresivo para abordar ciertos temas ante una humanidad insensiblizada por el masivo bombardeo de información.

Durante la inauguración de la exposición, vigente sólo por tres días en el MAG —así estipulado desde el principio, no basado en la presión pública—, uno de los asistentes le recriminó directamente a Mercedes su ofensa y ella, al preguntarle porqué se sintió así se adelantó cuestionando si había sido el mostrar su desnudez o la orina lo ofensivo.

Cuando él señaló que eso era lo de menos y que el acto sería dañino para el patrimonio local, además de una afrenta simbólica para los habitantes de la región, ella se mostró en desacuerdo y reafirmó su propuesta como un acto en el que territorio y habitante quedan marcados uno por el otro.

El problema es que el arte está sujeto no sólo a las intenciones del creador sino también a las interpretaciones del espectador y es negligente por parte del artista creer que el público puede estar en un error y que podrá hacerle cambiar de opinión, en especial cuando, en este caso, el debate resulta ajeno al discurso principal.

Si Mercedes hubiera realizado el mismo acto pero ahora con la intención de mostrar lo fácil que es para cualquiera acceder a la zona y dañar el patrimonio arqueológico, consciente totalmente de las consecuencias legales de hacerlo, el resultado, estoy seguro, habría sido muy diferente.

Lo arrogante y lo efímero

Algunos han catalogado la decisión de Mercedes de actuar sobre el patrimonio como arrogante, pero yo argumentaría que todo artista en su proceder es arrogante. Presentar públicamente una propuesta parte de la convicción que tal cosa es necesaria y/o pertinente.

Desde esta misma reflexión todas las opiniones alrededor de este tema también son arrogantes. Todo el mundo cree que tiene la razón y este texto y yo no somos la excepción. Por ello creo que es un argumento que está de más.

Podría ahondar y decir que ella, en cambio, actuó desde una arrogancia ignorante o inocente ante sus consecuencias, pero yo creo que nadie está totalmente consciente del verdadero alcance de sus acciones y menos cuando se trata de temas delicados.

Aunado a esto en el caso de Mercedes Aquí destaca no sólo si lo que hizo es arte o no, sino cómo colocó en el panorama de muchos el tema de la protección al patrimonio cultural, el cual sólo llega a la mesa de discusión cuando “se cae el niño al pozo”.

Por ello, lo triste de todo esto es que, como muchas otras cuestiones en la actualidad, es la tendencia del momento.

Será comentada en redes y sobremesas y los medios la exprimirán hasta el cansancio pero sólo unos cuantos de nosotros nos quedaremos con algún aprendizaje y ella muy probablemente seguirá haciendo arte.