Han surgido voces que advierten que no habría que echar las campanas al vuelo porque lo anunciado ayer no resuelve el problema


El Gobierno de la República anunció ayer el refinanciamiento de una porción de la deuda de Petróleos Mexicanos -por 2 mil 500 millones de dólares- y el establecimiento de dos líneas de crédito revolvente hasta por 5 mil 500 millones de dólares adicionales, como parte de las acciones para apuntalar las finanzas de la paraestatal.

Además de eso, se anunció la expedición de un decreto que implicará reducir la carga fiscal de Pemex mediante la modificación del esquema de utilidades que la paraestatal debe compartir con el Gobierno por la explotación de yacimientos petroleros.

Desde la perspectiva del discurso oficial, ambas acciones sirven al propósito de “apuntalar” a la principal empresa pública del país y deberían tener, como uno de sus efectos relevantes, la modificación en la percepción que las calificadoras de riesgo tienen no solamente de Pemex, sino del manejo de las finanzas públicas mexicanas en general.

Y si se atiende a la forma en la cual se expresaron los representantes de las instituciones con las cuales firmó los contratos respectivos -HSBC, JP Morgan y Mizuho Securities-, habría que conceder razón al discurso oficial, pues los interlocutores no escatimaron reconocimientos para la forma en la cual se está conduciendo Petróleos Mexicanos.

“…Tenemos gran confianza en Pemex y en el gobierno de México. Como comenté en mis palabras, creemos que tanto la administración de Pemex, como la Secretaría de Hacienda y todo el gabinete encabezado por el señor Presidente están tomando diversas acciones muy conducentes hacia el fortalecimiento de la empresa y su desarrollo y perspectivas de crecimiento de largo plazo”, dijo Felipe García-Moreno Rodríguez, representante de JP Morgan, la mañana de ayer.

Lo deseable es, desde luego, que el resto de las instituciones financieras -las calificadoras de riesgo en primer lugar- compartan el entusiasmo de sus colegas que ayer firmaron contratos con el Gobierno de la República y que, tal como lo han hecho ellos, se sumen a las manifestaciones de confianza a la administración que encabeza Andrés Manuel López Obrador. A todos nos conviene que así sea.

Sin embargo, como bien sabemos, la economía no responde a los deseos, sino a las acciones que efectivamente generan certidumbre. Y en este sentido, ya han surgido las voces que advierten que, siendo una medida adecuada, no habría que echar las campanas al vuelo porque la reestructura de la deuda y la adquisición de líneas revolventes de crédito no resuelven el problema de fondo, sino que solamente postergan la urgencia de hacer tal.

Habrá que estar atentos al desarrollo de esta historia y a la reacción que al respecto tengan los inversionistas para decidir si, al final, el Gobierno de la república termina de convencer al sector más escéptico respecto de sus posiciones económicas, o sólo se profundiza el desencuentro.