Foto: Mayra Franco
Hace dos años falleció el actor, por lo que Kim Café lo recordó en una velada donde estuvieron presentes amigos y familiares artista.


Jesús Valdés fue, primordialmente, un actor. Sí, en efecto, fungió como director teatral y promotor cultural, pero lo que de verdad le apasionaba era subirse al escenario y ponerse en la piel de alguien más. Así lo reiteró en vida y así lo recordaron sus amigos la tarde del sábado 30 de septiembre, a dos años de su partida, en un homenaje que Kim Café realizó en su honor.

A través de las anécdotas que Mónica Almanza, Mauricio Freyssinier, Gustavo García, Leticia Villalobos y René Gil compartieron, los asistentes tuvieron la oportunidad de conocer un poco más de el gran Chuy Valdés, como actor y como persona.

“Una intervención contra la ausencia”, así presentó el evento el escritor Víctor Palomo, dueño de Kim Café, luego de explicar que, debido a que él no se encontraba en la ciudad cuando sucedió el deceso del actor, no quiso desaprovechar la nueva oportunidad para reunir a sus amigos y familia en una velada de recuerdos.

Gustavo García fue el primero de los invitados en tomar la palabra. Ellos mostraron a Jesús Valdés desde la perspectiva de su oficio, de cómo lo inició en el teatro y del gran maestro que también fue.

“En lo particular siempre agradeceré que Chuy haya sido el gran maestro, no lo exagero, que me inicia en el arte, la cultura, el arte escénico, que hace ese papel de guía inciático. Porque fue él quien prácticamente me llevó al escenario de la mano”, comentó Gustavo.

“Me acuerdo que doña Ramona, la madre de Chuy, se refería sus andanzas en el teatro como ‘la fiesta’. Llegaba el fin de semana y le preguntaba ‘¿ahora no vas a andar en la fiesta?’”, continuó, para después añadir que “él me llevó, dejó subirme al escenario con él, digamos que se metió a la alberca conmigo para enseñarme a nadar, como el gran maestro que era. No desde el punto de vista del distanciado maestro que te indica, dice, teoriza y hace observaciones sobre la práctica, sino que él mismo me llevó de la mano.


“Jesús no era un gran teórico del teatro, de hecho le rehuía un poco a la teoría. Pero como él era más intuitivo, se dejaba llevar por ese gran conocimiento que es la intuición. No desdeñaba el conocimiento, él se acercaba a cursos y talleres e incluso impartió algunos, aunque en los últimos años esto último disminuyó para concentrarse a la actuación”, puntualizó.

Explicó que la tarea de director que asumió el actor, fue así porque en su tiempo no había quién más la realizara y comentó que “él incluso me lo confesó una vez. Me dijo: ‘Yo no soy director, soy actor, yo soy la fuerza del actor y eso es lo que tengo, lo que doy y lo que sé dar’. Y lo dio de manera brillante”.

Lety Villalobos, por su parte, lo recordó como el amigo. “Jesús era mi amigo, mi compañero, el que me enseñó a conocer todos los lugares de aquí de Saltillo. Cuando vivía su mamá nos invitaba a comer, él cocinaba muy rico, pero con él recorríamos lugares donde cocinaban muy bien”, contó la maestra.

“Cuando Saltillo todavía se podía recorrer a pie andábamos de un extremo a otro, hasta la casa de Omar Sánchez, a degustar tamales, luego de regreso a casa de Pancho Hernández. Yo recuerdo que a veces nos íbamos hasta el Tec a buscar a Eduardo Arizpe y nos regresábamos caminando”, añadió.

La maestra Villalobos comentó también que fue gracias a él que ella quiere tanto a la ciudad, pues en el mismo interés de Chuy por recorrer la ciudad de pies a cabeza caminando, también se encontraba su preocupación por compartir sus experiencias con ella y en ella a sus amigos.


“Él es un compañero que a mí me hace mucha falta”, expresó, “había ocasiones en las que hablaba por teléfono en las noches y nos poníamos a platicar horas. Recuerdo cuando mi hijo estaba más chico, una vez le preguntó a Jesús: ‘Oye, Jesús ¿tú que eres de mi mamá?’. ¿Porqué, Diego? le preguntó Chuy a lo que el niño respondió: ‘Pos es que le hablas todos los días’”.

Mónica Almanza explicó que aunque no tuvo la oportunidad de convivir con él como amigo de la misma manera que los demás que la acompañaron a la mesa, sí agradece mucho haberlo tenido como director y las enseñanzas que de esas experiencias obtuvo.

“Cuando Chuy fallece a mi me daba mucha tristeza el despedirlo a él, pero yo lloraba también por toda la gente que no lo había visto actuar y que no lo vería; de lo que se iban a perder. Entonces me dolía muchísimo. Me he encontrado con gente que me dice que nunca lo vio actuar y yo pienso: ¡Demonios! no te pudiste haber perdido eso. Se perdieron de un espectáculo”, expresó, conmovida, la actriz.

“Para mí él era grande porque tenía muchísimo talento natural, pero era muy humilde y eso hacía que su talento fuera especial. Hoy platicaba con señor que me contó que vivió en Ciudad en México en la época del cine de oro, y me contó de que vio a tal o cual actor o actriz y yo trataba de imaginarme lo que sería ver a Sylvia Pinal, por ejemplo, en sus buenos tiempos. Pero nosotros tuvimos aquí a Chuy Valdés, y lo vi y lo disfruté”, finalizó.

A continuación el micrófono lo tomó Mauricio Freyssinier, quien compartió un texto escrito por él mismo, la primera parte para el evento en curso y la segunda redactada posterior a la muerte del actor.

“Hace ya dos años que nuestro amigo Chuy Valdés se nos adelantó en el camino. Nos tomó por sorpresa. Fue un golpe que ninguno esperaba. El búfalo blanco había caído repentinamente”, leyó el escritor, “su última puesta en escena ‘Leonardo y la máquina voladora’ nos mostró la versatilidad que tenía como actor, sus dotes histriónicos y una poderosa presencia escénica”.

René Gil, amigo de toda la vida del actor contó cómo fue que la gran mayoría de las anécdotas, de las experiencias juntos, fueron con un tequila en la mano. Tan larga y duradera fue esa amistad que no estuvo excenta de sus peleas y discusiones. “Una vez nos fuimos a Ciudad de México, estando allá sacó todas las frustraciones que tenía conmigo y me dijo hasta lo que no,” contó entre risas, “¿Me trajiste al DF para mentarme la madre? le pregunté, y mejor se regresó a Saltillo y me dejó sólo allá”.

 

El homenaje culminó con la participación no programada de Víctor Palomo quien compartió una herencia que Valdés le dejó. 

Uno de tres poemas que escribió en 1997 cuando ambos se encontraban trabajando en una obra, el cual leyó para los presentes y que es una muestra más de la intención del evento: No olvidar la memoria de un grande, mejor expresada en palabras del texto de Freyssinier:

“Pensar en Chuy como un ente que ya no está presente provoca un nudo en la garganta, pero se debe hacer. Es una responsabilidad histórica de aquellos que compartimos su amistad, un escenario, una charla, un regaño. Pensamos que al poner su nombre en un camerino o en una sala teatral los inmortalizamos. pero la verdad es que para que trasciendan nunca debemos olvidar su aporta a la cultura y al arte, eso es lo que debe inmortalizarse”.


¿Quién fue?
> Jesús Valdés fue un gran actor y director de teatro coahuilense.
> Pilar del teatro saltillense, dejó un gran legado.
> Sus conocidos lo recuerdan como una persona sencilla y muy querida por todos.
Con más de cuatro décadas de trayectoria, el actor enseñó a muchos sobre su oficio, y participó en incontables puestas en escena en el estado.