Foto: Vanguardia/EFE
Skoda ha actualizado al Fabia, su utilitario más grande (por debajo se ubica el Citigo), al que le ha incorporado elementos de equipamiento que le hacen madurar y ganar calidad, pero sin perder el toque juvenil que siempre ha caracterizado a este turismo.

El Fabia, que mide algo menos de 4 metros de longitud, ha cambiado ligeramente de diseño exterior e interior y, debido al mayor coste que supone la tecnología diésel y su demonización, solo está a la venta con motorizaciones gasolina.

Hay dos variantes de un mismo motor de un litro y tres cilindros: el atmosférico MPI de 75 CV y los turboalimentados TSI de 95 y 110 CV.

El probado por Efe es el más potente, combinado con la caja automática de doble embrague DSG de siete relaciones y la nueva terminación Color Concept. En la unidad analizada la carrocería está pintada en azul y los elementos citados en el paquete en plateado.

Skoda, dentro de esa búsqueda de un look juvenil y personalizable para el Fabia, ha incorporado también a la gama de acabados (Active, Ambition, Style y Montecarlo) otro equipamiento nuevo: Like.

Pero volvamos a nuestro vehículo de pruebas, del que hay que señalar que lleva otros elementos opcionales que le hacen destacar en un segmento en el que hasta el momento no eran posibles.

Es el caso de los faros LED delanteros y traseros, que tienen un sobrecoste de 900 dólares dentro de un paquete en el que también se incluye la iluminación de los laterales de la vía -a través de los antiniebla- cuando se toma una curva.

Más usual es el climatizador, que Skoda ofrece en un pack que cuesta 225 dólares y que incluye la cámara trasera (un elemento que tampoco antes era común entre los utilitarios), la conectividad smartlink+ (idem) y las llantas de aleación de 16 pulgadas.

También para los que quieran contar con un sistema de navegación, Skoda ofrece por 405 dólares el que denomina Admusen.

Por lo que respecta a los cambios exteriores introducidos, se centran en los parachoques, el delantero ha sido rediseñado e incorpora los faros antiniebla; la nueva parrilla del radiador con forma de abeja y las llantas de aleación que pueden ser de 15, 16, 17 y 18 pulgadas.

En el interior, las mejoras afectan, por un lado, a la consola y los asientos, que son de nueva factura.

Foto: Vanguardia/EFE

El cuadro de mandos es completamente nuevo y permite en una pantalla central que separa a los dos relojes ver la emisora elegida, el ordenador de viaje o las indicaciones del sistema de navegación, así como conectar o desconectar los diferentes asistentes a la conducción que equipe el vehículo.

Esta pantalla en blanco y negro se complementa con la central táctil de 6,5 pulgadas, que es a color. Desde ella se cambia de emisora, se introduce el destino al que se quiere viajar o se accede a las aplicaciones descargadas en el teléfono móvil.

Todo queda a mano y nos recuerda al acabado "tipo" del Grupo Volkswagen, en el que el salpicadero se caracteriza por una línea horizontal y despejada para dar más amplitud al espacio.

Todo está donde se espera y con una calidad percibida alta por el uso de plásticos que ajustan bien y de los que no salen ruidos parásitos.

En la parte trasera personas de 1,80 metros cuentan con espacio para que las piernas no vayan enclaustradas y con dos puertos USB para cargar sus dispositivos móviles.

La plaza central es más estrecha que las de los laterales, por lo que es más aconsejable para un niño que para un adulto.

Los asientos se pueden tumbar en proporción 60:40 para darle más espacio al maletero de 330 litros. Sus formas cuadradas le hacen apto para transportar el equipaje de cinco personas en un viaje largo, gracias al motor gasolina de 110 CV, que convierte al Fabia en un modelo muy solvente para cualquier tipo de trayecto.

En ciudad, con la colaboración del cambio automático, es muy cómodo de utilizar por lo frugal que puede llegar a ser en consumos y en maniobrabilidad.

Foto: Vanguardia/EFE

En carretera, le es fácil llegar a cruceros de velocidad legales sin que haya desfallecimientos y caídas de potencia.

Se echa de menos el que pudiera contar con modos de conducción, especialmente con el Sport, que le daría más alegría y pegada al vehículo en momentos en los que hace falta algo más de nervio.

El comportamiento en curva es noble y no pierde la compostura en cambios ágiles de apoyo.

En general, el Fabia con la motorización analizada transmite confianza al volante en todo tipo de recorridos y sus 110 CV le hacen un vehículo muy polivalente si se ha de utilizar a diario en desplazamientos interurbanos.

No transmite ruidos ni vibraciones, que es lo que siempre pregunta la gente cuando se encuentra ante un propulsor tres cilindros; y su consumo es muy cercano al de un diésel.

En definitiva, el Skoda Fabia es un vehículo que puede encajar como segundo coche o como primero de una familia de tres o cuatro miembros.

Es una buena alternativa a los injustamente maltratados diésel de nueva generación -que contaminan menos o igual que un gasolina- por precio y por eficiencia; y con el nuevo acabado Colur Concept vive una segunda juventud.