Devoto. Carlos Flores Murillo, oriundo de Torreón, hace unos 48 años mandó levantar esta capilla en un rancho que fue de su propiedad. JESÚS PEÑA
Construida en la carretera Parras-Paila, una capilla en honor al santo de las causas difíciles se niega a desaparecer a pesar de los robos y vandalismo

A pesar de los robos y el vandalismo de los que ha sido objeto, la capilla en honor a San Judas Tadeo que se encuentra en la carretera Parras-Paila, a la altura del ejido San Francisco del Progreso, en las entrañas mismas del desierto, se resiste a perecer.  

En sus casi 50 años de existencia esta pequeña iglesia situada en las inmediaciones de un rancho que lleva el nombre del abogado de las causas difíciles, ha sufrido incontables profanaciones como la robo y destrucción de su imagen, el saqueo de sus limosnas y el hurto de sus bancas.

Aun así, Guadalupe Muñiz Alvarado, la encargada de esta ermita que refulge como esmeralda a la orilla de la carretera, dice que mucha gente, viajeros y trotamundos que van de paso, gente de todas partes, gente de aquí y de allá, visitan esta iglesia para pedir un favor, un milagro, una gracia, al santo de los casos desesperados.

Gente de Parras y sus ejidos aledaños le ofrendan una veladora, una oración…

Olvido. La capillita no está inscrita ante ninguna parroquia, por eso ningún sacerdote acude a oficiar misa.

Guadalupe asegura que, durante los años de mayor violencia en Coahuila, miembros de la delincuencia organizada dejaron en las proximidades de la iglesia una bolsa negra que contenía los restos de un hombre.

Era un muerto enjoyado, con mucha personalidad, alguien grande.

Y en otra ocasión echaron en el interior del oratorio, que permanece abierto las 24 horas del día, los 365 días del año, un costal con huesos, nunca se supo si de humanos o de animales. Olía muy mal.

En ambos casos las fuerzas de seguridad, la prensa y los mirones, testificaron los hallazgos.

Guadalupe relata que fue un señor de Torreón llamado Carlos Flores Murillo quien hace unos 48 años mandó levantar esta capilla de San Judas Tadeo en un rancho de su propiedad que se llama igual que el Santo, y dejó encargada de la iglesia a Margarita Alvarado Rodríguez, la mamá de Guadalupe. 

Al cabo del tiempo el dicho señor vendió el rancho, la gente de San Francisco del Progreso ya no volvió a saber de él, murió la mamá de Guadalupe y Guadalupe quedó a cargo de la capilla para dar continuidad a la tradición de honrar a San Juditas,

Fiesta. Ayer hubo reliquia y festejo en honor a San Judas Tadeo, aunque con discreción, a causa del coronavirus.

“Nos decían que la entregáramos al ejido, porque como está en terreno del ejido, hablé con mi familia y ellos me dijeron que no, que ellos me apoyaban”, relata.

En la familia de Guadalupe todos son devotos de San Judas Tadeo.

Guadalupe aceptó y siguió con la devoción de rezar el Santo Rosario, traer danzantes y ofrecer reliquia, el infaltable asado y las siete sopas, para todo el que llegara a agradecer o rendir culto a su Santo que en vida fuera primo de Jesucristo.

Ayer hubo reliquia y rosario en esta capilla, pero por culpa del coronavirus, que ha vuelto a atacar con más fuerza, se suspendió la danza que la comandanta Cinthia Villa de la policía de Parras había prometido. Ni modo San Judas.

Guadalupe dice que hace añales, cuarenitaintos años, quizá, en esta iglesia ningún sacerdote se para a oficiar misa, la razón, le han dicho a Guadalupe, es que la capilla de San Judas Tadero no está registrada en ningún templo o parroquia en Parras y no aporta el diezmo.

En esta iglesia ningún sacerdote se para a oficiar misa”.
Guadalupe

“El que hizo la iglesia trajo de Torreón un sacerdote, por eso se hizo la misa. Es la única vez que ha venido un sacerdote aquí. De perdido el día de su fiesta que un padre viniera a decirle una oración… Mi mamá siempre decía que la iglesia es iglesia, no es un negocio”, recuerda.

Al principio venía un cura, pero ya no.

“Duró como 30 años una señora rezándole, pero el año pasado falleció y ahorita voy a buscar otra persona que le venga a hacer el rosario”, dice.

Guadalupe habla de la profanación del adoratorio.

Una vez manos sacrílegas se robaron la imagen junto con las limosnas.

Un alma buenagente regaló otra imagen a la capilla, pero qué cree, manos criminales la quebraron por la cabeza. Decapitaron a San Judas.

Hasta que otra alma de Dios donó otra efigie y es la que ahora se venera en esta capilla.  

De pronto a la capilla de San Judas entran rebeldes sin causa que rayan las paredes, las bancas, quiebran los cristales de las ventanas o truene los vasos de las veladoras.

Que cuántos milagros le ha hecho San Judas Tadeo a Guadalupe, muchos.

“Bastantes, no terminaría de contarle porque son muchos los que nos ha hecho”, dice.

A Margarita la mamá de Guadalupe le habían amputado las dos piernas, los médicos le habían profetizado que pronto le vendría una gangrena y esa gangrena acabaría por consumirle todo el organismo. 

Guadalupe le pidió de milagro a San Judas que dejara a su madre con vida unos años más.

“Fue un milagrazo de que nos duró todavía seis años con sus piernas amputadas”, dice la mujer.

Guadalupe dice que por eso no le pesa ser le encargada de esta capilla que está en la carretera, como sola, como abandonada, pero no crea que tanto...