Reglamentación. Además del Río Bravo, México y Estados Unidos (frontera de Texas con 4 estados mexicanos), comparten el agua de 25 acuíferos, aunque la extracción del agua no está regularizada.
Estudio en el que colaboró investigadora saltillense, sentaría las bases para normar la extracción del líquido

México y Estados Unidos comparten, tan solo en la frontera con Texas, 25 acuíferos, cuya extracción de agua no está sujeta a ninguna normatividad, por lo que se necesita un marco regulatorio para evitar futuros conflictos por el agua y la sobreexplotación del recurso, comentó la doctora Rosario Sánchez Flores.

La saltillense, investigadora principal del Instituto de Recursos Hídricos de Texas, institución científica asociada a la Universidad de Texas A&M, reveló que acaban de publicar el adelanto de una ardua investigación en la que involucraron a todos los sectores relacionados de una u otra manera con la explotación de los acuíferos transfronterizos entre ambos países.

Indicó que dicho estudio puede servir a quienes toman las decisiones para normar el uso de las aguas subterráneas y empezar a establecer las regulaciones que se necesitan para el uso de ese recurso natural.

“Y las autoridades no tienen por qué  hacernos caso, ellos hacen lo que hacen, pero lo importante es que el estudio ahí está, está publicado, es un estudio serio y que ya hay más información, porque uno de los problemas es que no existe nada de información al respecto”, consideró.

“Nuestra misión, al menos la mía personal, es poner sobre la mesa esto, decir ‘aquí está, esto es lo que piensa la gente, aquí están tus acuíferos, ésta es su condición’, y ya ellos toman la decisión (autoridades), pero ya no pueden decir que no hay información, porque aquí está el estudio”, subrayó la investigadora.

El estudio abarca todos los acuíferos que hay entre Texas y los estados de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

“Se publicó un adelanto de lo que piensan todas las autoridades, todos los usuarios que tienen que ver con el agua subterránea, qué es lo que piensan, qué se debe hacer en cuanto a administración en las condiciones en las que estamos”, explicó.

Señaló que se habló con agricultores, empresas privadas, académicos, expertos y autoridades oficiales federales, estatales y municipales de ambos lados de la frontera entre México y Texas. “Fue un estudio de campo, mucho muy difícil, sobre todo traducir los resultados en algo científicamente válido”, recalcó.

EN EU YA EMPEZARON A VER EL ESTUDIO; EN MÉXICO, SOLO HAY INTENCIÓN

Al señalar que al publicarse el adelanto de la investigación, pues los datos completos se darán a conocer en febrero o marzo próximos, Sánchez Flores añadió que en Estados Unidos, el Congreso de Texas emitió un documento basado en este estudio del Instituto de Recursos Hídricos de Texas.

“El Congreso de Texas, afortunadamente, aprobó un documento oficial de un tema de la legislatura sobre lo que son acuíferos transfronterizos y todo ese documento está basado en nuestra investigación”, mencionó.

Añadió que el documento legislativo sugiere cuáles son áreas potenciales de desarrollo mediante el aprovechamiento de aguas subterráneas, entre otra información.

“No sé si se vaya tomar una decisión (de parte de las autoridades mexicanas), no sé si eso va a tener implicaciones con México, pero toda la información la tiene también en conocimiento el Gobierno Federal Mexicano, obviamente nosotros lo que hacemos es compartir la información.

Precisamente porque es un problema sensible políticamente hablando, a la gente no le gusta compartir información, hemos batallado muchísimo en esa parte”, reveló la investigadora. Destacó que para el trabajo hubo necesidad de obtener datos confidenciales de empresas privadas.

“Información que no tienen por qué darme (los empresarios), ellos por buena onda; la información técnica que tenemos es muy limitada, entonces nosotros hemos tenido que estar tocando puertas.

“Toda la información que hemos logrado recabar la hemos hecho pública, para ya no seguir con la misma maldición, porque es una maldición, el no compartir información”, expresó.

Dijo que ojalá de lado mexicano también tomen en cuenta la investigación,  como ya lo está haciendo el Congreso de Texas.

Sin embargo admitió que de parte de las autoridades mexicanas sí les han hablado para preguntar acerca de ese trabajo y que percibe un interés genuino por parte de las mismas, pero en eso se ha quedado, en interés.

“Ojalá se pase a la acción, pero mientras eso sucede, nosotros estamos trabajando para cuando se necesite, sabes que aquí está (la investigación), y ya se puede tomar una acción o una decisión”, destacó

“Yo sé que hay interés, yo sé que ven que hay un problema que se viene,  pero de eso a que cambien la normatividad, no sé, ojalá…”, reiteró. Consideró que el chiste de sentarse a la mesa y que se acuerde lo que se acuerde, bien o mal, va a estar mejor que a como se encuentra ahorita la situación, con cero normatividad.

Añadió que también lo que se está haciendo es promover los resultados del trabajo ante instituciones públicas, instituciones académicas o educativas  e instituciones de  investigación de ambos países. Para la investigadora saltillense, cuatro fueron los puntos principales que surgieron con este trabajo.

Desorden. La frontera de Texas con México representa el 60% del total de la franja fronteriza con EU; el agua en ese lugar se extrae sin ningún tipo de reglamentación.
Nos dimos cuenta que el camino hacia la cooperación entre los usuarios de aquí y de allá no es hablar de derechos de agua, si no hablar de calidad de agua”.
Rosario Sánchez, investigadora saltillense.

1.-¿Es necesario un acuerdo de aguas subterráneas entre méxico y estados unidos?

Algo que se obtuvo y que para mí fue de lo más importante fue cuando preguntamos ¿Ustedes creen que necesitamos un acuerdo de aguas subterráneas entre México y Estados Unidos?  Porque uno piensa que sí, pero 30 por ciento dijo que no; y es un porcentaje que no es menor.

“Nos decían ‘para qué, así está muy bien’, ‘para que te metes en problemas, ‘a lo mejor un acuerdo nos traerá conflictos’, lo que también puede ser válido, porque es cierto”, indicó.

Sánchez Flores añadió que otro 30 por ciento, lo que para ella es lo más rescatable, dijo que “sí, vamos a tener un acuerdo de aguas subterráneas, pero ojo, tenemos que tener algo primero a escala local porque los acuíferos son diferentes”, indicó.

Consideró que sería más fácil realizar acuerdos locales, porque la relación binacional a ese nivel es diferente.

“Hay experiencias más exitosas de acuerdos binacionales a nivel local que a nivel macro”, dijo.

Informó que más de un 20 por ciento del resto de los involucrados consideró que la explotación de los acuíferos se debe dejar como está actualmente, es decir, sin normatividad que la rija, aunque pudiendo agregarse una minuta, pero de manera individual, para cada acuífero.

“En esa perspectiva, lo que yo pude apreciar, es que esa es la opción, que si vamos a tener algo binacional digamos principios, es tener acuerdos a nivel local, en cuestión de administración, de cuáles son los problemas específicos de un acuífero…hagámoslo a nivel local”, recalcó

La investigadora opinó que para que esto funcione, la Conagua, organismo regulador de lado mexicano, tiene que cambiar  “y darle un poquito de independencia en cuestión de administración a los acuerdos a nivel de estados.

“Nosotros tenemos identificados alrededor de 36 acuíferos a lo largo de la frontera con Estados Unidos, pero eso fue en 2016, y ahorita puedo decir que después de nuestro trabajo, nada más entre Texas y México, que es el 60 por ciento de la frontera, pues tenemos aproximadamente 25 acuíferos”, apuntó.

2.-Hablar de calidad del agua

Sánchez Flores añadió que otro resultado que se obtuvo de la investigación es que si se quiere que ambos países se siente a hablar del tema, es primero tratando asuntos de la calidad del agua.

“Nos dimos cuenta que el camino hacia la cooperación entre los usuarios de aquí y de allá no es hablar de derechos de agua, si no hablar de calidad de agua, que son asuntos de calidad que tienen obviamente una afectación directa a salud pública, y dos, hablar  de lo que tiene que ver con protección de ecosistemas.

“Eso genera mucha empatía, pero si yo quiero hablar contigo de cuánto estás sacando tú y cuánto estoy sacando yo, jamás me voy a sentar a platicar; pero si tú te acercas conmigo y empezamos a platicar sobre calidad de agua, eso te da un camino para que te sientas a la mesa”, opinó.

Dijo desconocer si en el futuro eso va a garantizar que se pueda hablar de cantidad de agua que se extrae, pero al menos de la otra forma se logra que se sienten a la mesa.

3.-Se requieren liderazgos y voluntad política

Otro hallazgo que se obtuvo en la investigación es que se requieren liderazgos que abanderen a  nivel local primeramente, la sensibilización de la gente de que se requieren acuerdos y normativas para regular la extracción de agua.

“Tiene que haber liderazgo a nivel local y voluntad política”, recalcó al recordar un caso de éxito que se dio en los años 80 entre las ciudades de Ciudad Juárez, Chihuahua, y El Paso, Texas, comunidades que comparten un acuífero: el Bolsón del Hueco.

Recordó que los dos funcionarios que encabezaban los sistemas de agua de ambas ciudades firmaron un acuerdo de entendimiento entre ellos para intercambio de información respecto al uso del acuífero.

Hubo una cooperación impresionante, sin embargo, se enteró la Conagua y se hizo el asunto más burocrático al intervenir en el proceso de lado mexicano, luego cambiaron las autoridades y el convenio se perdió, relató

“Tiene que haber un balance entre liderazgos locales y que eso se pueda madurar en un esfuerzo a nivel formal, ya luego integrando a las instituciones federales para darle seguimiento en el largo plazo, si no el esfuerzo se va a quedar ahí”, opinó.

4.-Falta de información

La investigadora saltillense señaló que, aunque no resultó ninguna sorpresa,  otro hallazgo fue la preocupante falta de información, lo que provoca la toma de decisiones no adecuadas en cuanto  a la administración del agua del subsuelo.

“Nos dimos cuenta de que se toman decisiones a nivel oficial sin información, por miedo, por ignorancia porque no hay información y no saben que va pasar, para que le mueves, esa es la política”, apuntó.

Consideró que muchos proyectos se han detenido simplemente porque no hay información y por miedo a lo que pueda pasar.

“Todas esas decisiones que tienen que ver con algún esfuerzo en materia de cooperación en agua subterránea están basadas más en el miedo por lo que pueda pasar o en falta de información que en realmente estudios técnicos serios”, añadió.

Y así te puedo contar muchos casos que a falta de un marco regulatorio,  pues eso es lo que pasa y no terminas haciendo nada y cada quien extrae lo que puede, como puede y con los efectos que pudieran ser para el acuífero”, alertó.

Extracción sin regulación

25 acuíferos comparten Texas y Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas en la actualidad.

36 acuíferos compartían (eran los que existían) en 2016.

La frontera entre Texas y México representa el 60 por ciento del total del área fronteriza con EU.

El agua compartida

El Instituto de Recursos Hídricos de Texas asociado a la Universidad de Texas A&M, realizó un estudio sobre la extracción de agua de pozos transfronterizos.

30 por ciento de los involucrados en la extracción del agua opina que no es necesario regular la extracción de agua.

30 por ciento dice que sí debe aplicarse la regulación.

20 por ciento pide que se deje como está.

Estados Unidos ya emitió un documento basado en el estudio.

México muestra poco interés por conocer tal documento.