Familiares de desaparecidos de NL y Coahuila reciben a visitadores de la ONU en Saltillo
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Sostendrán con ellos diversas reuniones informativas
Saltillo. Con fuertes medidas de seguridad, los integrantes del Grupo de Desaparecidos Forzados de la Organización de Naciones Unidas, llegaron esta mañana Saltillo para encabezar reuniones informativas con los militantes de la Fundación de Desaparecidos de Coahuila y Nuevo León.
Procedentes de Ciudad Juárez, Chihuahua, los integrantes del Grupo de Desaparecidos Forzados de la ONU, arribaron al aeropuerto "Plan de Guadalupe", de Ramos Arizpe, donde fueron recibidos por representantes de los desaparecidos de Coahuila.
Los visitantes se concretaron a informar que sostendrían una serie de reuniones informativas con los ciudadanos de Coahuila y Nuevo León, cuyos resultados darán a conocer mañana a través de un comunicado de prensa.
Y de inmediato a bordo de tres suburban, los integrantes del Grupo de Desaparecidos Forzados de la ONU se trasladaron del aeropuerto a Saltillo, custodiados por elementos policíacos federales y estatales.
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A continuación, antecedentes de al situación de los desaparecidos en el estado:
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Cartas a un desaparecido
Francisco Rodríguez
De unos años para acá, 118 familias de Coahuila viven a la espera de que su ser querido regrese a casa. Aquí sus mensajes...
21 Feb 2011. Desde hace cinco años, 118 personas han desaparecido en Coahuila sin que la Fiscalía del Estado haya reportado avances en alguno de los casos. ¿Qué le escribiría una madre, un padre, una abuela, un hermano, un hijo, a su familiar desaparecido? A continuación le presentamos seis cartas dirigidas a seres queridos que no han vuelto a casa, mensajes que retratan cómo se vive con la incertidumbre de no saber dónde está lo que más amamos.
Son escritos que refl ejan la lucha contra la corrupción de las autoridades; el temor por las amenazas; la batalla contra el cansancio y las desilusiones; la frustración y la angustia al tragar un bocado sin saber si esa persona que está desaparecida tiene alimento que llevarse a la boca. Aquí las voces cargadas de fe...
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HUGO GONZALEZ SALAZAR, un año y siete meses desaparecido
Me siento mutilada por dentro. Me siento inútil, Hugo. No sé a quién hablarle, a quién tocarle, dónde buscar. Todos los días me levanto y digo ahora a quién le pregunto. Pero tengo mucha fe en Dios. A cada joven que veo siento ganas de abrazarlo, pienso que eres tú, y cómo no si apenas tienes 25 años. Tu papá tiene miedo, pero no nos podemos quedar cruzados de brazos: si las perras cuidan sus crías, cómo no lo voy a hacer yo.
A raíz de lo tuyo no he tenido ganas ni de bañarme, no sé si te cepillas los dientes, si te cortas las uñas; yo por eso me descuidé mucho. Y por eso dejé el preescolar. No tengo humor de nada. Me siento culpable de no encontrarte. Pero no quiero que el día que aparezcas me reclames por qué no fui allá, por qué no te busqué acá. Aún recuerdo el día que desapareciste, que no quisiste ir al trabajo porque ya te querías salir, porque querías buscar ya algo de tu carrera. De haberlo sabido te obligo a que fueras. Sé que te querías independizar, ¿pero que no me hables? Si tú siempre estabas al pendiente de mí; siempre tan dispuesto. Dime, Hugo, aquella vez que te conectaste al Messenger y platicaste con tu prima, ¿sí eras tú? ¿Sí eras tú el que nos mandaba decir que nos querías y que nos pedías perdón? ¿Perdón de qué, de qué, Hugo? Ya no sé qué tan confundida esté yo del dolor tan fuerte. Tu papá siempre nos pide que tengamos prendida la computadora; cree que por ahí te vas a comunicar.
A las autoridades les hemos proporcionado todos los datos que hemos recabado; con quién andabas, con quién te vieron por última vez. ¿Quién es esa amiga con la que te vieron por última vez? Pero nada. No tienen ni sentimientos. No sé qué harían ellos si se llevan a uno de sus hijos. Veo a los políticos en sus camionetas y digo que no es justo, siento impotencia cuando me quieren dar 500 pesos. ¿Y mi hijo?, les digo. Siento odio y rencor contra ellos. También siento miedo que con la mano en la cintura me quitaron a un hijo, con la otra me quiten a los otros. Pero mi vida ya no me importa arriesgarla, pero mis hijos sí. Yo no tengo miedo. No es justo que nosotros que votamos por ese gobierno estemos sufriendo. A lo mejor yo fui a votar por el candidato que nos hizo daño. Siento rencor y odio muy grande contra esa gente. Hasta le he dicho a mi esposo que busquemos a Memo (Guillermo Anaya, candidato a la gubernatura del estado) y que trabajamos con él y votamos por él si te regresa.
Hijo, hay veces en las que no sé qué hacer. Hemos repartido volantes, pancartas, hemos hecho lonas, hemos andado en los cruceros. En una ocasión sonó el teléfono a la media noche y colgaron. Era una lada de Guadalajara. Dos días pasó igual y decidí marcar al número. Me contestó un chavo y le pregunté que por qué hablaba, que quién le había dado el número. Me dijo que se lo había dado una amiga en la central, después que se lo pasaron por computadora. Preguntó que si era abuela de Natalia, pero cómo la va a conocer si ella tiene dos años. Le pregunté por ti y me colgó. Después habló tu tía Tere. En la Fiscalía les di el número pero no hicieron nada. En Telcel tampoco me quisieron ayudar. ¿Dónde estás, quién era él? Siento que si algo te pasó fue por buena gente. Creo que confiaste en alguien que se aprovechó. Dicen que te fuiste por voluntad propia. Yo les digo que no te creo capaz y que si es así, que te traigan aunque te vuelvas a ir. Me siento mal de pensar de dónde viene el dinero de las becas, porque a lo mejor ellos son y nos están dando algo pero en realidad te arrebatan un hijo. Me siento tan impotente cuando me quieren dar un tinaco, una despensa. Eso no me va a quitar el dolor que tengo. Quiero ir a plantarme en un puente y hacer una pancarta grande para que me hagan caso. Pero la autoridad te mete miedo: son personas sin moral, sin escrúpulos, sin sentimientos. Al comandante le dije una vez que ojalá y nunca esté en nuestra situación, porque aún haya sido el peor de los hijos, los vamos a buscar. Bibiana, tu hermana, ya está a punto de terminar su carrera. Ella te ha sufrido mucho. Ya no quería regresar a la escuela. Quería irse a un convento porque no le veía caso seguir, ya no quería nada con la vida. Pero le dije que su vida no terminaba, que tenía que casarse, tener hijos, vivir la experiencia de ser mamá. Esos sí, su vida social terminó. Cuando llega a la casa su vida se acabó. Lo que sigue es dolor, incertidumbre. La otra noche te soñó en una plaza, que le decías que estabas bien, que ya no insistiéramos. Beto, tu hermano mayor, no me pregunta nada. No sé, creo que lo hace para no angustiarme más. Llega la noche y es como bálsamo para el dolor, pero apenas abre uno los ojos y es la misma impotencia de decir para dónde voy ahora. A seguir buscando. Siento un enorme vacío. En la casa se respira dolor, soledad. Hace días entré a tu recámara. Aún está intacta. Veo tus cosas y las veo tan normales, que sé que vas a volver. Un día pensé en pintarla, pero mejor no. Quiero que cuando regreses veas que todo sigue igual.
María Elena, tu madre
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GERARDO VILLLASANA HERNANDEZ dos años y dos meses desaparecido
La noche que te llevaron estaba dormida y me desperté porque en el corazón sentí unas punzadas. Sentía que me asfixiaba. Me levanté gritando por Adrianita, tu hermana, y dije 'ya se me fue'. Pero mira, no era Adrianita, eras tú: mi único hijo hombre de seis en total. Enseguida acudí a hospitales, a la morgue, a ceresos. Dicen que se llevaron a siete muchachos aquella noche. En la Fiscalía me recibieron la denuncia pero no me quisieron ayudar. 'Vaya y búsquelo usted', me dijeron. Me contaron que era mucha la muchachada que estaba desaparecida. Me sentí decepcionada. Sentí mucho coraje. Me sentí sola. Por falta de dinero no he podido buscarte. He ido a Saltillo. Iba sola y me desesperaba y ahorita con el grupo parece que se ve una lucecita. Fuimos a buscar a Charles (Jesús Torres Charles, el Fiscal del estado) pero nada. Cuando escucho la música me acuerdo de ti, de cómo eras alegre, bailador. Me acuerdo cuando llegabas a la casa y me peleabas que te hiciera tortillas de harina. Siento que tu mujer se está olvidando de ti. Ya ves como es de seria. Ya me habla poco para preguntar por ti y yo ocasionalmente la visito para mirar a mi nieto, Erick. Dicen que se parece a ti: Gordito, chaparrito como tú cuando eras niño. Su cejota como la tuya. Ya va cumplir tres años. Hace tiempo recibimos una llamada y pensamos que eras tú. Nadie contestaba y sólo se escuchaba el silencio, como entrando a una iglesia. El sonido de la soledad. Luz Elena, tu hermana, ya no me habla. No nos hablamos desde que desapareciste. Me echa la culpa porque te regañaba mucho. Dicen que le puede mucho no encontrarte. Biridiana (tu hermana) se acuerda a cada rato de ti y te llora mucho. Ya estudia puericultura. A tus otras hermanas ya no les llegan sus becas para estudiar. Tu papá vino hace unos meses. ¿Hace cuánto que no lo ves? Me preguntó, me dijo que te dejara de buscar, que no tenía caso. Pero yo casi a diario me siento afuera de la casa a esperarte. En las noches salgo a ver si te miro. No te miento, mijo, de ratitos me caigo, me rindo. Digo: ¡ya no está mi mamá ni mijo, ya llévame Señor!. Pero me arrimo a tu foto y la beso, te hablo. También le hablo a los que te llevaron y le pido al Señor que les toque el corazón y te suelten. Le pido a Diosito que te bendiga donde quiera que estés y le pido que le ablande el corazón a las personas que te tienen. Me entra mucho coraje. Quisiera correr, salirme, buscarte por las calles. Siento esa soledad tremenda. Siento coraje al ver que dicen que no hay nada en tu caso. Mijo, la última vez que te soñé, me hablaban por teléfono y una persona me decía que ya estabas en Torreón, que ya no me preocupara. Cuando desperté pensé que ese era el día que te volverIa a ver. Pero no. ¿Hasta cúando? Tengo mucho sentimiento.
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Tu mamá, Flor
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PEDRO RAMIREZ ORTIZ, dos años y nueve meses desaparecido
Pedro Angel, el mayor de tus hijos (16 años) se quiere meter de soldado sólo para buscarte. Ta' jovencito de a tiro. No lo dejaron alistarse porque le dicen que necesita terminar la prepa, pero está decidido. Tus otros hijos, Dalia, Erick y Francisco, les salieron granitos en el cuerpo. El doctor dice que es por el estrés. Recuerdo cuando nos dijeron que estabas desaparecido, el más chico, Francisco, se puso histérico, se arrancaba los cabellos y se revolcaba en el piso. A llore y llore. Mi nuera está súper cansada. Se fue a otro estado por las amenazas. Al principio nos amenazaron, nos hablaban y nos decían que nos tenían rodeados, que iban a matar a todos mis nietos, que traían metralletas. Por eso se fue y se hace cargo de una casa hogar. No vuelve porque tiene temor que se lleven también a tu hijo el mayor. Les afectó mucho. Le digo que se venga, que acá come aunque sea frijolitos. Yo sólo le pido a Dios que a quienes te llevaron les toque su corazón. No queremos mal para nadie. ¿Por qué no se llevan tanto drogadicto que hay? Hemos ido con la AFI, la Siedo, con los militares, pero no saben nada. Eso dicen. Tú sabes que el amor de madre es muy fuerte. Sí estoy cansada, no te voy a mentir. Tengo 63 años y nos hemos aventado plantones de tres horas, marchas, paros. Es cansado pero uno nunca pierde la esperanza. No sé de dónde me salen fuerzas. Les llevamos fotos al ejército, con los federales, en todos lados. Hemos recorrido todos los semefos, los congeladores, nos pasan por computadora.
¿Los de la Fiscalía? Esos no tienen madre. Cuando íbamos, el Olivas (Fernando Olivas, delegado en la Laguna) nos preguntaba que qué le llevábamos de nuevo. Hazme el favor, mejor nosotros investigando. La hacemos de detectives. Un día nos dijo `yo creo que ya los mataron'. Por eso cuando estoy sola me pongo a llorar. Siempre pienso en ti y en Armando. A Dios le pido por todos los desaparecidos. Son muchísimos. Dicen que los de la banda te extrañan, que tocar no es lo mismo sin ti. Nos han dicho que los ven en San Pedro, en Gómez, en Torreón. Aún recuerdo aquella llamada, como tres meses después que se los llevaron. Duraron como una hora sin decir nada. La llamada era de Chihuahua. Yo digo que sí eran, ¿Sí escuchaste lo que dije?: `Si son ustedes échenle ganas, no están solos. Estamos luchando por encontrarlos. Estamos luchando todo lo que podemos, encomiéndense a Dios, pónganse en las manos del Señor y perdonen todo lo que les hagan. Si son ustedes, las personas que los tienen, no los maldecimos, sabemos que no saben lo que hacen porque no conocen a Dios; pero les pedimos que no los priven de su libertad. Ellos son personas buenas, trabajadores. Vamos a pedir por ustedes, para que Dios toque sus corazones'. Y colgaron. Cuando hay balazos me pongo de nervios. Ya espero lo que sea. No duermo bien. Cuando como no como bien porque pienso si han comido, si tienen hambre. Siempre estamos con el sobresalto. Dicen que los traen entre matorrales, que los traen entre los mezquitales. Yo trabajé mucho tiempo en la labor, sé lo duro que es eso.
Vendemos pan, gorditas, hamburguesas, todo pa' sacar pa' la búsqueda. Ya vendí los terrenitos que me dejó tu papá. De la pensión le mando 500 pesos a Esmeralda, tu mujer. De solo ver a mis nietos me da impotencia de no poder hacer nada; me da pendiente que crezcan sin ti. Tu hermana, Carmen, anduvo en diciembre muy enferma. Le dio depresión, pero ya se levantó. No raja.
Sabes que doy catecismo pero ha habido ocasiones en que cuestiono mi fe y le pregunto a Dios por qué yo; por qué yo si tengo años dentro de tu camino. Cómo crees que he pasado el día de la Madre. Qué festejo. Cuando es tu cumpleaños me da pa' bajo. Siempre estuvimos espiando al Moreira, a que saliera y nunca nos quiso recibir hasta hace como tres meses, ya después de dos años. Sólo nos dijo que le pediría a la Fiscalía que investigara, ¿tú crees? Ya se fue. Dicen que nos van a levantar, pero miedo no tengo, tengo la confianza en Dios. Si nos morimos ¿quién los va a buscar?
Romanita Ortiz, tu mamá.
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DANIEL DAVILA MONTALVO, un año y ocho meses desaparecido
Dani: Siento que no tengo ningún motivo para estar viva. Vivo porque estoy viviendo. Soporto el dolor. Siento que estoy en una nube, que camino entre humo. Lo único que me mantiene viva es encontrarte. Como mamá tengo que hacerme la fuerte para los demás. Me guardo todo mi dolor, mi angustia. La familia se ha unido más. Cuando se derrumba uno, ahí está el otro para levantarlo. Pero algunas veces tengo ganas de que no amanezca, de no despertar. La verdad a veces siento que me rindo. ¿Sabes? Si ya estaba decepcionada de las autoridades, ahora lo estoy más. No te ayudan. Te ven como si se te hubiera perdido un chicle. No saben que te quitan a un hijo y te quitan todo. Nada de humanidad. A tu papá lo han invitado a operativos; se me hace que es puro show. Se enfermó de diabetes. Los primeros seis meses en la Fiscalía nos dijeron que no fuéramos a Derechos Humanos, ni a la PGR. En esos primeros meses extorsionaron a tu papá varias veces. Y a los seis meses nos dijeron que ya no siguiéramos, que la lógica es que estés muerto. Eso me pica la cresta, sabes cómo soy de entrona. Ya no creo en nada ni en nadie. Pero agarro fuerzas de cualquier lado. Nunca voy a estar en paz. Busco que les den un apoyo a tus hijos, aunque sea. Mi nuera ya se regresó con sus papás.
Tu hijo nació bien y se llama Daniel Alonso, como lo habían elegido; ya va cumplir un añito. Tuve mucho miedo porque tu esposa no tenía ganas de nada, le dimos fuerzas para que lo tuviera. La nena ya tiene dos. Tu papá les da una ayuda pero el Día del padre es horrible; y cómo no va a serlo si ese día te enteraste que ibas a tener otro hijo y me dijiste que iba a ser abuela por segunda vez. a los dos días te llevaron. Fue la última vez que te vi.
Todo es muy doloroso. Trato de fingir que estoy bien, pero cuando estoy sola me desahogo, grito, lloro. Hay días en que me siento agotada. Pienso dónde, cómo estás. Si comes, si duermes. Cómo voy a poder dormir, cómo me baño. El primer invierno que pasamos sin ti no quise usar ninguna chamarra porque pensaba que si tú no usabas una yo tampoco. Y no me enfermé. En el fondo sé que estás vivo. Por eso hay días en que tomo tu foto y te digo `Aguanta Dani, aguanta. Tenemos que salir de esto'. Extraño tu alegría, tus bromas, que me cargues. No pierdas esa sonrisa por favor.
Tus hermanos, José Angel (27 años) e Isaac (24) también se enfermaron de diabetes. Qué coraje, el menor tenía un mes de casado cuando despareciste. Le afectó su matrimonio, cómo no si esto cambia la vida: vienes de luna de miel y te desubicas. Esto arrastra a toda la familia. Todo se descompone.
Siento mucho coraje. Dejé mi trabajo como instructora de aerobics. ¿Y cómo voy a ir a motivar a las mujeres, a darles ánimos que yo no traigo? Incluso me siento culpable si en algún momento estoy contenta, si sonrío; me digo que yo no debo sentir esto. Pero poco a poco estoy tratando de volver; gracias a mis hermanas, a mi comadre. Siento impotencia de saber que hay más muchachos como tú desaparecidos. No me gusta, no quiero derrumbarme. Me da más coraje al saber que hay tanta gente haciéndonos daño. Soy peleonera y cosas así me prenden. La impotencia. ¿Por qué nos hacen esto? Son personas buenas. Quisiera que a todas las esposas de esos muchachos que se quedaron con niños chiquitos, les dieran un apoyo. Tu familia apenas empezaba. Me desespera que todo vaya tan lento. Me enoja que me digan que esté tranquila. No puede ser que vivamosasí.
A raíz de esto me acerqué más a Dios. De hecho, un día soñé que regresabas en taxi a mi casa; `amá' me gritabas. Te veía venir y salía corriendo. Te preguntaba que quién te había traído y me contestabas que ese señor, el taxista, y cuando veía al taxista, era Jesús. Era tan real. Pienso que así va a ser.
Tu amá, Luz
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ARMANDO SALAS RAMIREZ, dos años y nueve meses desaparecido
¿Dónde estás, hijo? Ahorita tienes 22 años. Seguro estás más grandote. Quiero que sepas que tu papá y yo no hemos dejado de buscarte. Hace tiempo fuimos a Lerdo porque encontraron cuerpos en una fosa. Nos enseñaron las fotos. Pobres, todos desfigurados. Pero sabemos que tú no eras uno de ellos. Sé que estás vivo. Les pedimos pruebas de ADN pero no hacen, ni siquiera te dan medidas, sólo las fotos. Pero tú mides 1.92 metros, ta' fácil, ¿no? No es la primera vez que vamos a identificar cuerpos. Ya lo hemos hecho en todos los estados, sólo nos falta visitar anfiteatros en Sinaloa y G uerrero. Nos dicen que ahí está más pesado. También hemos subido al poniente de Torreón para ver si te vemos; porque a tu papá le dicen que a lo mejor te traen de sicario. Vamos allá donde venden la droga y ve uno puro chavo vigilando, con sus pistolas. En noviembre encontraron en San Pedro la camioneta en la que andabas. Pero no han investigado ni detuvieron a nadie; sólo nos dicen que después o que no pueden hacer nada. Andamos cortos de lana, hijo, pero ahí la llevamos. Te queremos de vuelta. Vivo. Hace como un año nos extorsionaron y nos bajaron 10 mil pesos; decían que te tenían. ¿Quién crees que fue? Uno del barrio. ¡Qué poca! El góber nos dejó plantados tres veces y pos' ya ni es gobernador (Humberto Moreira). Recuerdo que una vez nos manifestamos afuera del Crowne Plaza, en Torreón, donde iba a tener un evento. Nos quisieron retirar y al final nos engañaron: nos dijeron que el gobernador nos atendería en el hotel. Nos llevaron a un cuarto y ahí nos hicieron esperar. Jamás llegó. Tu papá perdió su trabajo. Está hasta la madre del Gobierno; del trabajo que le ofrecen, lo traen barriendo calles. Está hasta la madre de las despensas que nos quieren dar, de las becas para tus hermanos. Para qué chingaos queremos eso. Te queremos a ti. A tu hermana también le ofrecieron trabajo. El pasado diciembre me subió la presión, la azúcar. Tus hermanas al principio tuvieron mucho estrés, sentían que las estaba abandonando; pero no, sólo les digo a tus hermanas que en estos momentos tú me necesitas.
Cuando desaparecieron tú y tu tío Pedro le hablaron a tu papá. Lo más seguro era que fueran las personas que los tienen. Tu papá les dijo que les daba la casa, la camioneta. Nos decían que tú y Pedro les habían robado y que no perdonaban; que no los iban a soltar. Después habló a tu celular Esmeralda, mi cuñada, y le contestó una mujer y dijo que tenía mucho tiempo con el teléfono. Les dijo que éramos muy pobres, que qué querían y sólo se escuchó que la mujer dijo `te hablan, que si quieres dinero'. Y luego la voz de un hombre `cuélgale, que ya no frieguen'. Eso fue todo. Jamás volvieron a contestar. Como tres semanas después que desaparecieron, los militares encontraron tu cartera, fotografías y tu celular en una casa de seguridad en Torreón. Me la enseñaron pero no me la quisieron dar. El capitán Mosqueda nos dijo que si estabas tú y tu tío con los Zetas que estaban bien, que los tratarían bien y que al rato los regresaban. Que no nos preocupáramos. Jamás lo volvimos a ver al capitán. A la Fiscalía ya no volvimos. Lo último que nos dijeron era que no había nada, como si se los hubiera tragado la tierra. Siente uno coraje, resentimiento. Ahí nos ayudamos haciendo pan, pidiendo prestado; todo para buscarte. Hemos ido a la basílica; a marchas. Casi todos los días andamos de un lado para otro, de viaje en viaje. A veces siento que andas cerca, aunque no te vea y eso me da alegría. Le hago oración a Dios que por lo menos estés con vida y que tengas el pan de cada día, que tengas que vestir y que Dios te dé un rayito de su luz.
Yo sé que estás vivo y que te veré de vuelta. Nunca he perdido la esperanza. Los tenemos que rescatar, vivos. Como madre siento que estás vivo. ¿Pero hasta cuándo?
Tus papás, Carmen y José
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SERVANDO GARCIA CAMPOS, un año y 1 mes desaparecido
Hace algunas semanas abrí el clóset de la casa y me encontré con muchas playeras tuyas y me solté a llore y llore. Quisiera no pensar en ti, Servando, como cuando se te pierde algo y de repente lo encuentras. Pero las cosas no son así. Mis papás y yo hemos aprendido a vivir con el dolor. Se siente feo, mucha angustia. Cuando no aparecías pensé que te habías peleado. Papá lloraba mucho, se ha controlado. Mi mamá llegó un momento en que no se levantaba del sillón. Pero es fuerte, no se acobarda. Antes yo me imaginaba que te iba a mirar ahí tirado en el suelo, golpeado.
Pusimos denuncia, pero en la Procu sólo nos meten miedo y ya dejamos de insistir. Nos dicen que ya no le movamos, que si insistimos peligras. Cómo te extraño Servando: siempre tan servicial, siempre arreglando todo. Le sabías a la plomería, albañilería; la hacías de eléctrico y hasta de carnicero. Los vecinos extrañan eso. Ahí en el fraccionamiento donde trabajabas -y de donde te llevaron-, con los ricos, le daban 500 pesos a tu mujer, Eréndira, cada ocho días después que desapareciste. Se lo dieron durante casi dos meses. Después se olvidaron y uno de los colonos nos dijo que no pusiéramos denuncia, pero mi papá ya hasta fue al Senado. Pusimos tu foto en internet, en los extraviados. Como recuerdo ahora esos días cuando te pedía que te salieras de ahí, porque sentía miedo. Mira lo que fue a pasar. Mi papá ahora dice que tu único pecado fue haberle velado el sueño a los ricos. Mi mamá y yo sólo pensamos en qué te estarán haciendo, vemos lasnoticias y nos ponemos a llorar de imaginarnos que eso te suceda. Luego tú tan especial que si no tomas café te duele la cabeza. Mi mamá dice que como tú ninguno de sus hijos.
De la desesperación casi todas tus fotos las hemos perdido porque se las llevamos a las que leen las cartas. Una nos dijo que te llevaron porque debías dinero. ¿Es cierto? No creo. Si tú vivías en un jacal y presumías el `chivo'. Siempre tan responsable. Aquí en el ejido la gente nos trae veladoras, santos, cuadros. Otra gente sólo habla y dice que te llevaron porque andabas mal. Hay quienes dicen que te llevo una camioneta, otros que varias y dicen que el ejército te llevó. Pero nadie se digna a hablar, ni hacernos caso. A mi esposo le dijeron que un trailero te había visto en Reynosa con un radio, que traías la barba larga. Qué saben ellos. Por eso a veces hasta uno le agarra coraje a la gente y nos preguntamos por qué no se llevaron a los mariguanos que andan por aquí. ¿Sabes que aquí del rancho se han llevado a otros y que también se llevaron a otro chavo vigilante? Pobre, él apenas tenías tres días en el trabajo.
Tus hijos, Christopher y Naomi, sólo preguntan si ya vas a regresar. Al principio les mentimos. Pero hoy exigen que regreses. Te necesitan. A Christopher le dio colitis nerviosa. Pobres chamacos, Servando, apenas tienen siete y seis años. Tu esposa, Eréndira, duró con mamá un año, pero ya se regresó a su casa. Va uno pa' allá y es pura tristeza. Está espere y espere. Ya le quitaron la despensa que le daba el Estado. Ella tiene mucha fe en que regresarás. La fe es lo que nos tiene con vida. No hemos dejado de rogarle a Dios. No sabemos qué hacer, ni a dónde buscar. En estos momentos mi mamá, Margarita, sólo quiere saber si estás con vida o si estás muerto para llevarte una flor. Vas a cumplir 25 años. La última vez que te soñé no te podía hablar. Llegabas pálido, amarillo y flaco a la casa. Pura ilusión. Tenemos la esperanza. ¿Qué más nos queda?
Sonia, tu hermana
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Uno, dos, tres años y contando.
Siguen sumando casos y promesas y no hay avances en ningún caso.
De acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Pública, entre 2005 y 2010, en Coahuila los secuestros y privaciones ilegales de la libertad, se incrementaron mil 300 por ciento.
En 2009 el fenómeno provocó la creación de las Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos y Desaparecidas en Coahuila (FUUNDEC), una organización que reúne a las familiares de desaparecidos en el estado. A la fecha la asociación tiene adheridos 118 casos; aunque decenas de familias siguen sin denunciar. Una fuente del estado confirmó a este medio que la cifra de desaparecidos asciende a más de 700 personas, tan solo en la región Laguna.
Durante los últimos tres años, el ex gobernador dejó `plantadas' a decenas de familias en tres ocasiones, sin importar que muchas de ellas viajaron a Saltillo desde municipios diversos.
Incluso, el ocho de enero cuando el Gobernador con licencia se registró como candidato único a dirigir al PRI, un grupo de familiares de desaparecidos se manifestaron con pancartas afuera del evento. Los mismos fueron desalojados por granaderos.
El sábado 15 de enero, las familias lograron reunirse con el actual gobernador, Jorge Torres López y el Fiscal Jesús Torres Charles, de quien las familias han pedido su destitución.
A la reunión acudió por primera vez el delegado en Coahuila de la Procuraduría General de la República (PGR), José Rolando Gómez Llanos Aispuro, con quien se acordó realizar un convenio de colaboración con la Fiscalía General para las investigaciones.
Las familias adheridas a FUUNDEC buscan que las autoridades en Coahuila se declaren "incompetentes" para que los expedientes pasen a manos de la PGR y después, de ser posible, a instancias internacionales. La consigna es clara: "Vivos se los llevaron, vivos los queremos".
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¿Dónde están?
Jesús Peña
27-Septiembre-2010. Las 80 desapariciones que se han documentado en Coahuila desde 2007 tienen rostro y familias que los esperan, aquí las historias...
Se Busca
Es una mañana soleada y de cielos exageradamente azules en Parras. A la entrada del pueblo nos recibeel aroma de los huertos tupidos de uvas dulces que bordean el camino y acaso emborrachan la vista y el olfato de los visitantes. Nadie creería que detrás de éstos huertos de dulces racimos de uvas que cuelgan por cientos de los árboles, pudieran esconderse historias tan amargas como la de doña Guadalupe González Escobar. Ella probó esa amargura la noche en que un grupo de desconocidos que viajaban en camionetas de lujo, cargó con su hijo Antonio Varástegui y su nieto Jesús.
La familia había asistido a una levantada en casa de unos amigos en el Ejido El Cadillal, localidad ubicada a unos 22 kilómetros de Parras, por un camino que se extiende como una culebra de tierra.
Antonio y Jesús viajaban de regreso a su casa a bordo de una S - 10, y detrás de ellos iban otros vehículos repletos de gente que volvían de la fi esta, cuando a la altura del kilómetro 19 salió al paso de aquella caravana un contingente de camionetas blancas. La luz de la luna dejó ver que eran de reciente modelo.
Unos hombres bajaron de aquellas camionetas e hicieron bajar de sus coches, a punta de rifl e, a las familias que venían de la levantada.
El tiempo se detuvo en medio de la noche que negreaba como boca de lobo. Los malandros comenzaron a golpear a la gente, la tiraron al suelo, la despojaron de sus pertenencias, tomaron como rehenes a Antonio y a Jesús y escaparon levantando polvo.
La noticia cayó como bomba pasadas las 11:00 de la noche en casa de los Varástegui. Uno de los testigos del asalto les trajo el pitazo.
El de Antonio y Jesús son sólodos entre los más de 80 casos de desapariciones forzadas, que de 2007 a la fecha ha documentado la asociación Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (FUNDEC) y el Centro Diocesano para los Derechos Humanos "Fray Juan Larios".
"Es la gente que nos llega, por supuesto siempre va a ser un porcentaje mínimo", me comenta después en su ofi cina del Obispado de Saltillo Blanca Martínez, la presidenta de este organismo diocesano.
Doña Guadalupe no lo creyó. ¿Cómo? Si apenas unas horas antes la vida de su hijo y de su nieto marchaban sin contratiempo?. La de Antonio, como marido ejemplar y padre de cuatro hijos, dependiente de una tienda Diconsa y dueño de un pequeño rancho en las imediaciones de Parras. La de Jesús, como estudiante aplicado de ingeniería mecánica en el Tecnológico de Saltillo y gran jugador de béisbol.
"Mijo es un hombre recto, dedicado en su persona y a su familia. No era un vago que se anduviera emborrachando en las calles. Era todo un hombre, aunque sea mijo", me dice llorando doña Guadalupe, sentada en un sillón de la sala en su casa y atiza que con todo y sus huertos tupidos de árboles y uvas dulces, Parras no es lo que parece.
"¿Por qué a ellos ? y ¿para qué?", se repiten Yolanda y Juan, dos de sus 12 hijos, que ahora acompañan a doña Guadalupe en la entrevista.
Como impulsados por un resorte los hermanos, la esposa y una hija de Antonio se dirigieron a solicitar la ayuda de la entonces Policía Ministerial de Parras. La ofi cina estaba cerrada. Los familiares de Antonio tocaron la puerta hasta casi tumbarla, pero nadie les abrió.
Luego se trasladaron a la base de la Policía Estatal, que para ser sábado en la noche lucía desierta. Finalmente acudieron a la Policía Municipal, donde alguien con ganas de echarlos a la calle les dijo que el asunto no era más que una falsa alarma, que llamaran al 066 y que además estas denuncias no eran competencia de la corporación.
De vuelta en su casa, a los parientes de Antonio y de Jesús se les hinchó el índice de tanto marcar al 066. Ninguna voz que atendiera al otro lado de la línea apaciguó sus horas de angustia.
Más tarde todos esperaban que amaneciera a las puertas de la Policía Ministerial, donde bien entrada la mañana los encaró el comandante Jorge Aguilar, sólo para decirles que no armaran escándalo, que Antonio y Jesús aparecerían y que él mismo ordenaría un despliegue de agentes para peinar las brechas.
La familia decidió emprender una búsqueda por su cuenta con dirección a Paila y General Cepeda. De Antonio y Jesús no encontraron ni el rastro, tampoco ninguna patrulla con la gente del comandante Aguilar.
"Fuimos con él y le preguntamos '¿ya mandó gente?` y dice 'sí, traigo gente buscando por todas las brechas`, le dijimos 'no es cierto, porque nosotros ya fuimos para todos rumbos y no encontramos a nadie`, dice 'lo que pasa es que no tengo gente`, le digo '¿entonces para quénos echas mentiras`.
"Y así, desde hace tiempo, nos traen con puras mentiras, Torres Charles y Domingo González Favela, el subprocurador", me cuenta Juan Varástegui, hermano de Antonio y tío de Jesús.
Lo extraño es que jamás nadie les llamó para exigirles dinero a cambio de Antonio y Jesús.
Pasados los días, se vieron sentados frente a un escritorio de la Fiscalía General del Estado, rindiendo declaración. Que iban a investigar, les prometió como no queriendo un agente del Ministerio Público.
Doña Guadalupe, la madre de Antonio y abuela de Jesús, sigue sin creer cómo en su casa se habían acabado de golpe las comidas familiares, esas fi estas con música y conversación.
"Se nos acabó la vida, sea por Dios. Nosotros ni el radio ni la música, nada señor. Muy triste, yo no se lo deseo ni al más enemigo", balbucea doña Guadalupe mientras su hija Yolanda no cesa de preguntarse "por qué a ellos?" y ¿para qué?".
A partir de entonces, la vida de la familia de Antonio y Jesús fue un largo peregrinar desde Parras hasta las ofi cinas de la Fiscalía en Saltillo. Lo único que consiguieron fue hartar a las autoridades.
"No han hecho nada, absolutamente nada, ya ni siquiera nos toman las llamadas. Torres Charles ni nos recibe, como siempre vamos siete, ocho, nueve personas, lo agarramos y le preguntamos que ¿por qué no están haciendo nada? No investigan a nadie, vienen aquí y le preguntan a la esposa de Antonio que qué les tiene. ¿Cómo?, ¿a poco mi cuñada va a investigar? Los del trabajo son ellos", estalla Juan.
Una de las últimas embestidas de la familia fue durante el bautizo de Vanylú, la hija del gobernador de Coahuila Humberto Moreira. La esposa de Antonio se apersonó en plena fi esta para cazar al diputado Rubén Moreira, hermano del mandatario y presidente de la Comisión de Derechos Humanos, en el Congreso de la Unión. "Yo no soy autoridad para andarles ayudando", le dijo con el coraje dibujado en el rostro.
La familia de Antonio siguió tocando puertas. Doña Guadalupe, que hasta hace algunos años había sido una mujer sana, comenzó a visitar al psiquiatra cada vez con mayor frecuencia.
"Noches duermo, noches no duermo. Una cosa espantosa". Ya va para dos años que aquel comando de camionetas blancas se a llevó Antonio y a su hijo Jesús y la misma pregunta sigue revoloteando en la cabeza de doña Guadalupe y su familia:
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"¿Por qué ellos?"
Esta pregunta le viene a don Agustín Núñez Echeverría, mientras camina con el sol pegado a sus espaldas en medio de una marcha a la que convocó el Centro Diocesano para los Derechos Humanos "Fray Juan Larios", en Saltillo, para conmemorar el "Día internacional del desaparecido y desaparecida", que se celebra cada año el 30 de agosto.
"Vivos se los llevaron, vivos los queremos", se oye gritar a la multitud, unas 50 personas que forman la organización Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila y que hace unos minutos partieron vestidos de blanco desde la Alameda Zaragoza, por la calle de Aldama, hacia la Plaza de Armas.
Al medidodía la gente que espera el camión en las paradas del centro, mira extrañada a aquella turba de manifestantes que lleva por todo lo alto lonas y cartulinas con las fotografías a color de sus familiares desaparecidos.
La calle se ha tornado silenciosa y don Agustín no puede dejar de pensar en su hijo Alberto, un sonriente muchacho de 22 años que, según testigos, fue plagiado en un hotel de Nava, Coahuila, por un piquete de hombres de uniformes negros, junto con otros dos compañeros, Sergio y José.
Los tres trabajaban como vendedores de oro y plata y habían venido de La Barca Jalisco, como cada mes, para surtir a una cartera de clientes que iba desde Saltillo hasta Zaragoza.
Joscelyn, la esposa de Alberto, que acostumbraba telefonearle por celular cada 20 minutos para hacerle más llevaderos sus viajes por carretera, de pronto perdió contacto con él.
La voz de Alberto no volvió a escucharse más en el teléfono de su mujer...
"Vivos se los llevaron, vivos los queremos", los gritos de la procesión que ahora dobla por Ignacio Allende, saca de sus pensamientos a don Agustín.
Pasaron los días. De Alberto y dos de sus compañeros nadie volvió a saber. La desesperación llevó a Don Agustín a irse a vivir a Nava por más tres meses y medio.
Todo lo que pudo averiguar era que Alberto, y sus compañeros Sergio y José, habían sido secuestrados en el Hotel Don Alberto, ubicado en el centro de Nava, por un grupo de hombres de negro que se llevaron también el Volkswaguen Lupo rojo de su hijo, la joyería y dinero en efectivo.
Don Agustín tuvo que conformarse con ver a su hijo Alberto nada más en sueños.
"Muchas veces lo he soñado, me dice 'apa, ya vine', le digo '¿dónde andabas?', y dice 'no pos... por ái, sin comentarios, déjalo así'. Sueño que come con nosotros, que va de paseo con nosotros".
Con el tiempo Don Agustín transitó por ministerios púbicos y despachos de procuradores en Coahuila, Jalisco y el Distrito Federal, clamando ayuda. Sus palabras de padre desconsolado no hicieron eco.
Un día logró llegar hasta la ofi cina de la senadora Rosario Ibarra de Piedra, ahora responsable de que don Agustín junto con la Diócesis de Saltillo hayan conformado un grupo de familiares de personas desaparecidas.
"Empezamos a contactar a gente del Estado de México que les desaparecieron a 12 personas en dos camionetas, gente de Torreón, de diferentes lugares de la República y que tienen desaparecidos en Coahuila".
Su tesón lo llevó hasta la Cámara de Diputados y a entrevistarse con el diputado Rubén Moreira Valdés.
"Dijo que era por el problema que trae Calderón con los narcos".
En ese instante don Agustín echó una leve mirada a la vida de su hijo Alberto, un comerciante de abarrotes en ciernes, vendedor de joyería de oro y plata por comisión, que hacía menos de un año se había desposado con Joscelyn, que no era trasnochado, que le gustaba bailar y echarse una cerveza o una cuba con sus contados amigos.
"Le digo a Rubén 'yo no vengo a saber eso, vengo a que me ayude', dice '¡no me pidas imposibles!', le digo 'lo que te pido es que seas el puente para obligar al Gobierno de Coahuila a que haga su trabajo', dice '¿te parece bien una entrevista en Saltillo con Torres Charles?', le digo 'dime cuándo y allá nos vemos...'".
"Moreira escucha, estamos en la lucha", los manifestantes toman ahora por la calle de Ocampo y están a punto de arribar a la Plaza de Armas. Don Agustín se limpia el sudor de la cara y vuelve a sumergirse en sus divagaciones.
A esta reunión con el diputado Moreira, en la que se abrió una mesa de trabajo a la que se sentaron el Fiscal de Coahuila, el Secretario de Gobierno, la Policía Investigadora y las familias de los desaparecidos, siguieron una, dos, tres asambleas, sin que hasta hoy la investigación sobre las desapariciones avanzara un centímetro.
"Pedí informes de cómo iba el asunto y Torres Charles me dio un reporte con los datos que yo le había pasado a la Fiscalía. Le digo 'oye, esto es lo que yo investigué, lo que ya declaré', dice 'sí, es que no hay más'".
Con todo y eso Manuel de Jesús González Gallardo, coordinador general de Investigaciones Especiales de la Fiscalía General del Estado, me aseguró en una entrevista días después que la investigación va caminando:
"Estamos trabajando, actuando. En todos lo casos vamos muy avanzados".
Pero don Agustín ya no cree en las autoridades, y lo que es peor ha dejado de creer hasta en el Dios que le inculcaron sus antepasados.
"Reniego de Dios, no creo que existe Dios, porque hablamos de un Dios de bondad y yo veo todo lo contrario.
Siendo buenas personas, ¿por qué ellos?", reprocha.
La marcha se detiene a las puertas de Palacio y parece que no hay arenga que haga salir al gobernador.
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Culpan a militares
Dana y Manuel no pierden la fe y todos las noches, sin faltar ninguna, piden con Claudia, su madre, para que su papá Isaías vuelva a casa.
Lo esperan hace un año y medio, desde la noche del 5 de abril de 2009, noche que para ellos parece no terminar.
Isaías y Pablo, su amigo desde la universidad, habían salido al Oxxo por un garrafón de agua. Rodaban en una Ford Courier blanca por la calle Sierra España, en la colonia Residencial El Nazas, en Torreón, cuando un convoy del Ejército se les puso enfrente.
De pronto sonaron unos balazos. Ojos testigos juran haber visto como los guachos se llevaban a la pareja de amigos, a uno de ellos caminando, al otro con los pies en rastra. Pasaba de la media noche.
Minutos atrás Isaías se encontraba en su casa conviviendo con Claudia y sus dos hijos, Pablo, su amigo, estaba de invitado.
La primera vez que Isaías y Pablo salieron fue para ir a la tienda por unas cervezas. A su regreso Isaías entró con una rosa grandota en la mano, como solía hacerlo desde que Claudia y él se casaron.
"Me abrazó y me dijo que me amaba mucho", me cuenta Claudia. El aroma a chicharrones que cuece su papá en el porche de la casa se mezcla con un tufo a tristeza fermentada.
Claudia e Isaías se habían conocido 12 años atrás. Isaías era entonces un estudiante de veterinaria de la Narro que había llegado de Tuxtepec, Oaxaca, vivía frente a la casa de Claudia.
Al poco tiempo de salir se hicieron novios. Seis años después eran esposos y nada más.
"Pienso que fue una equivocación porque mi marido no se mete en problemas, es muy dedicado a nosotros, a sus hijos", dice sosteniendo una foto de Isaías que ha dado la vuelta por mil dependencias.
Todo iba bien, hasta esa noche que a Claudia, le amaneció esperándolo.
Isaías y Pablo fueron buscados en separos, hospitales y el campo militar de Torreón, donde hasta la fecha han negado información sobre el paradero de los muchachos. "Ellos siempre lo negaron, lo niegan, pero la gente vio las camionetas, de esas que traen atrás un arma con un soldado arriba", suelta Claudia llorando.
La policía encontró solo la camioneta en que viajaban Isaías y Pablo antes de ser levantados por los sorchos.
Tenía señas de haber sido baleada, un rozón con rastros de pintura verde militar en una de las polveras, la defensa tumbada y manchas de sangre en los asientos. Los soldados, dijo una lengua que por miedo no quiso declarar, habían desaparecido también los casquillos percutidos.
Con los días Claudia se presentó a la PGR, luego al Ministerio Público Militar, a la Fiscalía General del Estado y más tarde a la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Nadie se ocupó del caso.
"Un día en la Fiscalía llegan los peritos y sacan 40 casquillos, me dicen que puedo tocarlos. Los sacan de una bolsa y vi que eran casquillos viejos. A la hora que mi abogado revisa el expediente ni siquiera estaba asentado lo de esos casquillos".
Luego de deambular por dependencias de Coahuila y la capital del país, Claudia consiguió que el Senado de la República emitiera un punto de acuerdo en el que exigía a la SEDENA un informe de lo que había pasado la noche del rapto de Isaías.
"Después de un mes contesta SEDENA que sí asistieron a un llamado por la explosión de una granada en una casa, pero que no fue el 5 de abril de 2009, sino el 15, de hecho las calles no coinciden. El papel decía que los soldados habían visto la camioneta con impactos de bala y a otra huyendo a gran velocidad".
Vinieron días pesados. Claudia, que a la desaparición de Isaías tenía un embarazo de seis meses, de pronto enfermó, el parto se le adelantó y su tercer hijo murió a los cuatro días de nacido.
Un día Claudia decidió escapar de aquella pesadilla con sus hijos a casa de sus suegros en Tuxtepec. A la vuelta de 10 meses regresó a Torreón, donde sigue esperando el regreso de Isaías.
"Lo único que les digo a mis hijos es que le pidan mucho a Dios para que su papá regrese pronto, y es lo que hacen en las noches. A ellos les hace mucha falta su papá".
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"Por él meto las manos al fuego"
Lo mismo les pasa a los hijos de Reina Estada Herrera: "Mijo el mayor dice 'a mi me da gusto que mis amigos digan que envidian el padre que tengo'".
Reina me habla de Jaime, su esposo de 52 años, a quien no ha visto desde el 16 de marzo de 2009.
Su voz, de acento defeño, suena entrecortada al teléfono.
"Lo que le puedo informar es poco - dice -, no estamos enterados de lo que pasó...".
Todo lo que sabe es que su marido, junto con otros 11 vendedores de pintura del estado de México, y que estaban de paso por Coahuila, desaparecieron en Piedras Negras a bordo de dos camionetas, propiedad de Atlanta Duramex, la empresa para la trabajaban.
Al respecto Blanca Martínez, la presidenta del Centro "Fray Juan de Larios", me informa que ya son varios los casos en que en un mismo evento desaparecen más de 3 personas a la vez. Existen, incluso, casos documentados de 12 y 16 personas que han desaparecido en un mismo evento.
Aquella mañana, Jaime, que por más de 27 años se había dedicado a la venta de pintura casa por casa en diferentes ciudades de la república, agarró su maleta y se despidió de Reina.
"Ultimamente decía que iba a cambiar, porque ya no teníamos 20 años y que debíamos estar juntos, si Dios nos había dejado tanto... Su ilusión era darme una casa, decía que ya me la merecía, que ya no teníamos por qué andar sufriendo de un lado para otro".
La última vez que hablaron por celular, Jaime, originario de Ecatepec, le dijo que se encontraba en Piedras Negras y que desde allá le depositaría, como era su costumbre, algo de dinero para el gasto.
"Eran independientes, si vendían ganaban y si no, no. Por eso pensamos que no se los llevaron por dinero. Desgraciadamente por la falta de empleos en nuestro país tenemos que entrarle a lo que caiga. Somos pobres y somos pobres por ser honrados. Yo por él meto las manos al fuego, no era confl ictivo, se tomaba dos, tres cervezas y a descansar", dice como pintando una acuarela de su marido.
A las 5:00 de la tarde del día 21 de marzo Reina perdió comunicación con él. Por una llamada a Daniel Rentería, el dueño de las camionetas, supo que Jaime y 11 de sus compañeros, estaban desaparecidos.
Esta vez no hubo testigos. Parecía como si a Jaime y sus amigos se los hubiera tragado la tierra.
La empresa Atlanta Duramex se deslindó del caso y se negó a dar ayuda económica a las familias de los 12 vendedores. "Dicen 'es que no los obligábamos a trabajar, se subían por su voluntad a las camionetas'".
Lo demás - explica Reina - fue dar vueltas y vueltas a los ministerios públicos de Piedras Negras, Saltillo y el Estado de México, sin que nadie tuviera una pista sobre los trabajadores.
"En una reunión nos dice Torres Charles que Coahuila es un estado blanco, que no hay secuestros y que no sabe por qué esta pasando esto. Después, entre la plática, dice que a su familia la mandó al extranjero", relata.
Reina dice que a estas alturas lo único que le queda es asistir a las reuniones que organiza cada mes en Saltillo el Centro Diocesano para los Derechos Humanos "Fray Juan Larios". Aquí las familias de los desaparecidos reciben terapia psicológica, comparten experiencias y defi nen acciones.
Una de las primeras fue solicitar una audiencia con el gobernador Humberto Moreira, para exigirle que actúe en los casos de las desapariciones forzadas en Coahuila. Después de ocho meses las familias siguen esperando fecha para la entrevista.
Así me lo cuenta Blanca Martínez:
"Lo que ha habido son oídos sordos, desprecio, no les importa lo que las familias están demandando".
En el mes de mayo, el grupo de familias realizó una serie de manifestaciones en el Distrito Federal. Asistieron la SIEDO, la Policía Antisecuetros y muchos reporteros. Pasados 15 días nadie se acordaba de los desaparecidos.
"Que tomen cartas en el asunto, lo mismo vale Fernández de Cevallos, que cualquier persona desaparecida, de cualquier parte...", suelta Reina. Su voz al teléfono suena ahora como un eterno sollozo.
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El mapa del secuestro
Los lugares donde se han perpetrado las desapariciones son:
Saltillo 28
Piedras Negras 13
Torreón 11
Ramos Arizpe 10
Matamoros 5
Monclova 4
Nava 3
Parras 2
Zaragoza 1
Tamaulipas 3
De dónde eran
Coahuila 36,
Estado de México 12
Jalisco 5
Querétaro 3
Sinaloa 1
San Luis Potosí 2
Lugar de residencias
no confirmado 20.
Desapariciones por año
2007 3
2008 5
2009 35
2010 36
Piedras en el camino
Estas son algunas de las trabas que han enfrentado las familias en su camino por buscar la justicia:
Las denuncias formales interpuestas no son investigadas como desaparición de persona u otro delito similar, argumentado que el delito no está tipificado o no hay elementos para generar línea de investigación
En la mayoría de los casos se remite a los familiares a presentar su denuncia en las dependencias encargadas de conocer sobre "extravío de persona"
Las dependencias encargadas de la procuración de justicia federal y estatal declinan competencia entre ellas para la investigación
En varios de los casos no se abre Averiguación Previa, las denuncias quedan registradas como actas administrativas o circunstanciadas
Se somete a las familias a dar sus testimonios reiteradamente a las mismas dependencias donde ya presentaron sus denuncias
Los funcionarios intimidan a las familias insinuando que a sus "familiares los desaparecieron por algo", por lo tanto que no hay más que investigar e incluso les sugieren que no presenten denuncia formal
En casos donde las familias pueden aportar elementos para que la autoridad competente abra líneas de investigación, éstas no lo hacen por estar involucradas personas con "poder en la región"
En casos donde hay datos que involucren a elementos del Ejército Mexicano o de corporaciones policíacas estas líneas de investigación son desacreditadas o desechadas de entrada
El Presidente de la República y el Gobernado se niegan a dar audiencia a las familias.
Tras la pista
De los 80 casos documentados por el Centro "Fray Juan Larios"
La mayoría son varones de entre 17 y 40 años.
Una de las personas desaparecidas es un niño de 8 años y tres mujeres de 25, 29 y 39 años.