Ladrillero, un oficio que se extingue

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Coahuila
/ 11 noviembre 2007

    Pretende Hacienda aplicarles multa por 2 millones de pesos

    Dionisio Sánchez y su hijo José Antonio viven del ladrillo que hacen a mano, pero no saben cuánto tiempo más resistirá esta industria mexicana de origen y radicada en Saltillo. Embarques al extranjero mal pagados, "coyotes" que regatean los precios y ahora el Gobierno federal que les exige el pago de impuestos es parte de lo que enfrentan.

    La situación se agravó desde que las nuevas leyes ambientales obligaron a los ladrilleros -que en 2002 sumaban casi mil 200 en esta ciudad- a utilizar aceite en lugar de neumáticos para elaborar los tabiques de barro.

    Los hornos -que actualmente no superan el centenar- reciben madera que los productores tienen que comprar a mil o mil 200 pesos el camión. Pero lo malo es que la cocción del barro no se logra con una sola tanda de barrotes y trozos de madera, sino que hay que comprar hasta dos cargas para lograr lo que antes se hacía con varias decenas de llantas de coche.

    Don Dionisio vive en los restos de un horno de barro que fue construyendo y en donde vive desde hace más de medio siglo con su mujer, María Olivares. Ella se ve trabajadora y dedicada a su hogar. Ya no escucha bien y la vista le falla, pero alcanza a ver cómo su marido y sus hijos trabajan día y noche en los hornos, sin que tengan oportunidad de salir de pobres.

    Aceite quemado

    Pero para las autoridades de la Secretaría del Medio Ambiente, a cargo de Héctor Franco López, el cambio de tecnología de cocción, de llanta por aceite quemado, coincidió con la caída de las ventas de ladrillos, sobre todo en Estados Unidos.

    El funcionario fungió como director de Ecología Municipal en el periodo en que entró el programa de cambio de tecnología.

    "Los equipos están distribuidos en estas ladrilleras y se tiene el aceite quemado como combustible. Nosotros cuando vemos algún humo vamos y revisamos, en caso de encontrar que se quema con llanta se clausura, pero la realidad es que ya no encontramos que se estén quemando con neumáticos", sostuvo.

    Franco López afirmó que a veces la gente se confunde, porque los hornos se tienen que prender para lograr una cierta temperatura con madera, y eso provoca un humo más denso, pero la realidad es que está minimizada la situación.

    "La caída de las ventas no es por el cambio tecnológico, sino por la baja de demanda en el mercado estadounidense", reiteró.

    La Ley para la Conservación Ecológica y Protección al Ambiente y el Reglamento Municipal de Ecología prohíben la quema a cielo abierto de cualquier tipo de residuos sólidos o líquidos no peligrosos, como neumáticos, materiales plásticos, entre otros materiales.

    Viejas costumbres

    A poco más de cinco años de la entrada de la prohibición para la quema de llantas, las ladrilleras mantienen sus añejas técnicas de cocción con plástico, pues según Dionisio Sánchez, con más de 52 años de hacer ladrillo de barro, la pieza queda mejor con el hule.

    La llanta arrojaba un costo máximo de 800 pesos para la quema de un horno de 5 mil losetas, y con el aceite se gastaban 2 mil litros a un costo de 90 centavos sin contar el IVA, es decir, cerca de 2 mil pesos de aceite quemado para lograr 5 mil piezas de tile.

    En lo que va del año, el Municipio ha notificado a 35 productoras de ladrillo y a seis se les ha sancionado por continuar contaminando el medio ambiente.

    La dependencia reconoció que la quema de neumáticos es un problema que no se ha logrado erradicar, porque una buena parte de propietarios de hornos sigue comprando neumáticos para mantener la vieja tradición de dar color y punto de cocimiento a cada tabique de barro.

    De acuerdo con el Reglamento Municipal de Equilibrio Ecológico, las sanciones pueden ir de uno hasta 15 mil salarios mínimos.

    Queman llantas por costumbre y porque les garantiza calidad del producto. Las colonias que resultan más afectadas son las que se encuentran aledañas a este punto de contaminación como Patria Nueva, La Minita, El Tanquecito, La Peñita, El Bosque, San Nicolás de los Berros, Ampliación Rincón de los Pastores, Asturias, Nuevo México, Nazario S. Ortiz Garza, entre otras, que están ubicadas cerca de las ladrilleras, y cuyos humos se extienden por varios kilómetros a la redonda y se adentran en el organismo de los saltillenses.

    Con Esquivel, `puras cosas bonitas'

    Don Dionisio Sánchez y su hijo José Antonio dicen que ya no creen en las palabras de Jesús Esquivel Téllez, líder de la Unión de Productores de Ladrillo de Saltillo y la Región, porque habla de puras cosas "bonitas".

    Esquivel gestionó algunas acciones ante el Gobierno en un afán de que los productores logren beneficios como la atención en clínicas y hospitales del sector salud, o un terreno en donde hace algunas décadas operaba la empresa Zincamex, para construir un museo del barro.

    "Queremos que este producto artesanal no se quede para la historia, sino que más bien la gente lo conozca y que cuando vengan extranjeros a Saltillo, que estén interesados en la producción, vayan al museo y no a los hornos".

    Dijo que resulta injusto que los "gringos" se enteren de las condiciones en las que laboran los ladrilleros de Saltillo. "Por eso luego nos regatean tanto los precios y luego nos quieren pagar lo que sea. ven la necesidad que tenemos y pagan lo que quieren por la pieza".

    Dos millones de multa

    Pero el museo no es lo único que quieren hacer. Los ladrilleros demandaron el apoyo de las legisladores federales para regular el sistema de tributación ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que -dijo- los tiene asolados.

    Esquivel comentó que desde hace tres años enfrentan una demanda en Hacienda por la supuesta evasión en el pago de impuestos. El sistema de cooperativaque emplean para comercializar en el extranjero, lo que se conoce como Saltillo Tile, acumuló una multa de casi 2 millones de pesos.

    "Hemos presentado pruebas (ante Hacienda), pero apenas hemos logrado disminuir la multa en una cantidad mínima. si no pagamos en unos meses nos van a embargar", dijo el líder de la Unión de Ladrilleros.

    Es necesario que los diputados federales analicen esta situación. Los impuestos que se cobran a productores ladrilleros que junto con sus familias elaboran este producto, que debería considerarse artesanal, no les permite pagar la cantidad de recursos que Hacienda impone de multa.

    Propiedades curativas

    Dionisio Sánchez y sus hijos dijeron que el ladrillo no sólo genera impuestos, sino también cura.

    Comentaron que los ex combatientes de Vietnam prefieren tener los pies sobre loseta de barro. Vivir en casas donde la arcilla es lo que predomine porque los compradores norteamericanos aseguran que el material con el que elaboran el ladrillo de Saltillo tiene propiedades curativas.

    Dicen que la humedad que absorbe cada una de estas piezas fabricadas a mano y bajo una técnica heredada de padres a hijos es capaz de aliviar dolores musculares y tensión en extremidades.

    El barro mantiene una vivienda en condiciones climáticas ideales. Si hace frío, la casa puede mantener temperaturas cálidas y si es al contrario, en tiempo de verano, el inmueble está fresco.

    Desde hace cientos de años, instintivamente se utilizaba tierra, barro o fango para aplicaciones en el cuerpo; sin embargo, la edificación de una vivienda con ladrillos de barro -dijeron- puede servir para sanar enfermedades.

    Aseguraron que un aspecto importante fue sin duda el hecho de que la naturaleza siempre ponía a disposición la tierra lista para su utilización.

    Los textos en los que basan su dicho los ladrilleros saltillenses tienen su referencia en la aplicación terapéutica de tierra. El barro de la orilla de los ríos era utilizado para paliar inflamaciones y problemas reumáticos por medio de baños y friegas. Pero también para mordeduras venenosas, úlceras e hinchazones se utilizaba la fuerza de la tierra.

    El barro y los productos que se elaboran a partir de este material mantienen estas propiedades curativas. "Por eso lo buscan los norteamericanos. Hay mucha gente que viene y hace pedidos para reconstruir sus viviendas porque dicen que tener piso y loseta de ladrillo les garantiza una larga vida", dijo Dionisio Sánchez, quien tiene la esperanza de que la industria no desaparezca, porque a sus hijos no les enseñó a hacer otra cosa, más que a amasar el barro y a ponerlo en el horno para vender ladrillos.

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