En Ramos Arizpe surge Rival de "Betito"; Ahora es "Fernandito", el curandero
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Saltillo, Coah.- En un mundo de escepticismo creciente, aún perduran los curanderos que mediante "cirugías espirituales" aseguran sanar cualquier clase de enfermedad.
Uno de estos curanderos es el "cajita" seguidor del "Niño Fidencio", Fernando García, de 18 años, quien ya ha formado un nutrido grupo de seguidores y pacientes que acuden a él de manera constante.
El joven de complexión delgada, cabello en cola y uñas largas y sucias, permitió que Vanguardia estuviera presente en las "curaciones" que efectuó ayer lunes.
"Fernandito", como le conocen sus seguidores, vive en una pequeña casa, de un solo cuarto, en la calle Comalcalco de la colonia Analco en Ramos Arizpe. Su hogar lo comparte con sus nueve hermanos y su madre; hay sólo dos camas para todos.
Con voz suave y en tono bajo, el curandero afirmó que tiene siete años desde que recibió la "iluminación".
"Me desmayaba mucho cuando era niño, y todos pensaban que estaba enfermo. Un día me desmayé cuando entré al baño y fue cuando supe que tenía un don", afirmó.
El famoso "don" fue pulido por los fidencistas en Espinazo, Nuevo León, culto seguido desde hace décadas por la familia de Fernando.
El joven aseguró que la Iglesia "no se mete con él", y prefiere que así siga, sin embargo se dijo católico.
Previo a sus actividades de "curación", Fernando mostró sus instrumentos de trabajo: pedazos de vidrio, una espina con hilo rojo amarrado, ungüentos, aceites aromáticos, limones, alcanfor, algodones y gasas marca Doctor Simi.
Afuera de la casa ya esperaban más de una docena de pacientes con padecimientos de todo tipo, desde reumas hasta cáncer.
Cuestión de enfoque
La curación no fue nada espectacular. Los vidrios los pasaba por encima de la piel, sin cortar. Acto seguido pasó algodones y se mojó las manos en aceites y lociones; apretó sus dedos en las áreas afectadas y los movió al azar. Todo mientras mantenía los ojos cerrados y en momentos, entreabiertos.
Al tiempo que realizaba sus acciones, tenía por fondo y a todo volumen música norteña con letras dedicadas a Fidencio.
Después de algunos minutos de repetir las mismas acciones y hacer movimientos sufridos, el cajita usó la espina e hizo como si cosiera la herida virtual que hizo con los vidrios.
Por último realizó ademanes con la capa, como si estuviera sacudiendo el cuerpo del paciente.
La mayoría de los pacientes de Fernando García son recurrentes, pues las enfermedades y malestares no se van.
Javier, un hombre mayor, asegura tener cáncer, el único tratamiento que sigue es acudir semanalmente con Fernando.
-¿Y se ha curado?-
"No, pero me siento mejor. Además yo soy fidencista y no creo en los doctores".