Fe y poesía de Alicia Guedea de Muñoz
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En la época actual la Semana Santa se aprovecha más para descansar o vacacionar, quedando en segundo término lo religioso.
Antes no era así en nuestra ciudad, donde la Semana Mayor se vivía con un verdadero fervor religioso y como muestra tenemos este poema de Alicia Guedea de Muñoz, maestra de la generación normalista 1938. En su escrito, la profesora revive el martirio que vivió Jesús antes de ser crucificado.
Del libro "Bajo la Sombra Prócer"
Generación normalista 1938
Ruego
Ungeme con el nardo que sobre ti vertiera
-Cual un temprano nuncio de Su Santa Pasión-
María de Betania, de undosa cabellera,
Quien, con fraternas manos, te ungió en postrera unción
Permite que yo sea partícipe en tu mesa
De los sagrados dones de tu pan y tu vino;
Que de tus labios oiga la gloriosa promesa
De tu sangre bendita, de tu cuerpo divino
En tu huerto de angustias postrémonos de hinojos
Para pedir al padre nuestro cáliz aparte
Más...., que en vigilia eterna se mantengan mis ojos
Y, en tu humano desmayo, pueda yo acompañarte.
Que el dinero maldito de sacrílega venta
Jamás manche mis manos. Nunca mi corazón,
Como Judas, te entregue ni te humille en la afrenta
De negarte, insensato, como Pedro-Simón.
Que el atroz griterío que ante Pilatos clama
Por tu inocente vida y absuelve a Barrabás
Nunca mi voz se una. Que en mi pecho la llama
De tu amor no se extinga nunca, nunca, jamás.
Bajo el azote, inerme, tu cuerpo es castigado
Y, el escarnio, con manto de grana te ha vestido
Y en tanto las espinas tus sienes han sangrado,
Tu divina cabeza, con cruel saña, han herido.
Hasta el Gólgota trágico te conduce la plebe
-Bendito el Cyreneo que en sus espaldas carga
La cruz de tu martirio- ¡Oh, Padre, haz que sea breve
El padecer de tu hijo en esta, su hora amarga!
Quiero llegar contigo hasta la cruz infame
Y sentir en mis carnes los clavos del dolor,
Las hieles y el vinagre del Centurión reclame
Cuando la sed torture mi cuerpo con ardor.
Cuando el pecho, exangüe, eleve el postrer aliento,
Recógelo y elévame, en gloriosa Ascensión;
Escucha este, mi ruego, te ofrezco mi tormento
Y, sobre mí, descienda tu Santa Redención.
Alicia Guedea de Muñoz