Camarada Pablo Neruda…¡Presente!
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Otra vez insistiendo con la memoria de los difuntos, como si los propios no fueran ya suficientes, sin embargo la evocación de Pablo Neruda y el último de sus entierros, es un evento que vale la pena y por ende corre la tinta.
“Compañeros, enterradme en Isla Negra, / frente al mar que conozco, a cada área rugosa / de piedras y de olas que mis ojos perdidos no volverán a ver. / Allí quiero dormir entre los párpados del mar y de la tierra... / Quiero ser arrastrado hacia abajo en las lluvias que el salvaje / viento del mar combate desmenuza, y luego por los cauces subterráneos, seguir hacia la primavera profunda que renace”. Cantaba Neruda, en el antiguo poema “Disposiciones Generales”, epitafio adelantado que sugeriría la intención de hace días a fin de cumplir con la voluntad del más grande poeta chileno.
En este abril del 2016, sus restos fueron trasladados desde las dependencias del Servicio Médico Legal (SML) en Santiago de Chile hasta la ciudad costera de El Tabo, donde fueron entregados a sus allegados, quienes los sepultaron de forma definitiva en su casa de Isla Negra. El féretro fue recibido por una treintena de sus familiares, que le dieron de nuevo la bienvenida a su residencia más famosa, un espacio frente al Océano Pacífico convertido en una casa museo. Fuera de la majestuosa residencia lo esperaba una decena de militantes del Partido Comunista que lo recibieron al grito de “Compañero Pablo Neruda, presente. ¡Ahora y siempre!”. El féretro del poeta, cubierto con una bandera chilena y un ramo de rosas blancas, fue enterrado en la parte baja del jardín de la casa, una terraza inclinada que mira hacia el litoral donde yace su tercera mujer, Matilde Urrutia.
Cuenta la historia oficial en estos días.
Yo doy preferencia a otra versión, más familiar que me surgió desde las sabias palabras de la tía Ninfita Rodríguez, comensal habitual de la casa paterna, puntualmente los jueves. Día que me era asignada la tarea, por mi madre, de acompañarla desde las 9 casas que separaban su vivienda de la nuestra por entre la calle de Castelar de Saltillo.
Un día de septiembre de 1973, Ninfita sembró la admiración por el poeta, en un huerco caguengue de 11 años , cuando me dijo, de seguro el próximo difunto sera Neruda: “Sustenta el poema de Allende y esos tercos comunistas”.
Y del dicho al hecho, su entierro en ese año citado, pudo haberse convertido en una masacre de no ser por los cientos de periodistas extranjeros que cubrieron el evento, el cortejo fúnebre gritaba: “Camarada Pablo Neruda. Presente”, entre las estrofas del himno de la 1era Internacional, fue en sí, la primera y única manifestación pública de los miembros de la Unidad Popular Chilena, después del golpe de estado de septiembre.
Luego Neftalí Reyes (Pablo Neruda) en mayo de 1974 fue trasladado del Panteón General al llamado modulo “Mexico”, en donde descansó hasta 1992, fecha en que fue enterrado en la Isla Negra.
El otro peregrinaje acontece en 2013, cuando los restos fueron exhumados de Isla Negra y trasladados a las dependencias del SML para investigar la supuesta intervención de terceros en su muerte en septiembre de 1973, resultando que el cadáver poseía restos de una bacteria de estafilococo, que hacen suponer la conjura para su muerte.
Entonces mi versión se fortalece, Neruda al asir su residencia en la tierra, nos recuerda que el poema algo tiene de razón inflamada y que los poetas por ende viven para la eternidad, a través del concepto bíblico de que los profetas vienen a interpretarnos los designios de la divinidad y aquellos que refieren versos.
Me quedo con Neruda y su cuarto entierro que tal vez presintió en los oráculos y en el medio de su poema: “Se muere el universo de una calma agonía / sin la fiesta del Sol o el crepúsculo verde. / Agoniza Saturno como una pena mía. / La Tierra es una fruta negra que el cielo muerde. / Y por la vastedad del vacío van ciegas las nubes de la tarde, como barcas perdidas / que escondieran estrellas rotas en sus bodegas. / Y la muerte del mundo cae sobre mi vida”. Hasta luego, poeta.