María de Lourdes: la mujer detrás de Ortiz Leos
Casi cinco décadas de disciplina, ética y visión administrativa sostienen la evolución de Ortiz Leos
En 1978, cuando María de Lourdes Leos Ruiz abrió el despacho junto a su esposo, no había clientes, capital ni prestigio acumulado. Había formación profesional reciente y una decisión firme: sostener el proyecto desde la disciplina.
“Lo iniciamos mi esposo y yo. Al principio no teníamos nada”, recuerda. La oficina estaba equipada gracias a un crédito otorgado por Eloy Dewey, quien confió en ellos. El mobiliario llegó antes que los clientes. Tocó salir a buscarlos.
Hoy, casi cinco décadas después, Ortiz Leos es una firma con más de 50 colaboradores, afiliaciones nacionales e internacionales y presencia fuera del estado. El crecimiento no fue inmediato, fue administrativo.
El reto inicial fue doble: edad y género. “Lo peor para mí es que yo era mujer”, afirma sin rodeos. En los años setenta y principios de los ochenta, la contaduría y el trato empresarial estaban dominados por hombres. Los empresarios querían negociar con hombres. Y ella tenía apenas meses de haber terminado la carrera.
La estrategia no fue discursiva, fue técnica. Demostrar en la práctica. “Una mujer puede hacerlo, puede prestar servicios igual o mejor que los hombres.” No se trataba de confrontar, sino de sostener el nivel profesional hasta el día en que el prejuicio dejara de ser argumento.
En los primeros años atendió contabilidades y clientes. Después tomó una decisión que marcaría el rumbo del despacho: asumir la administración integral.
Muchos despachos concentran su energía en el servicio externo y descuidan la estructura interna. Ella optó por lo contrario. Procesos, control financiero, supervisión de tiempos, revisión de calidad y gestión de personal quedaron bajo su responsabilidad.
“He sido muy estricta para que las cosas se hagan como tienen que ser.” La frase no es retórica. Implicó revisar papeles de trabajo, exigir orden en expedientes, puntualidad en entregas y coherencia en criterios contables. Incluso la presentación importaba. “Las cosas prácticas, eficientes y bonitas”, repetía al equipo. La exigencia se convirtió en estándar.
Esa disciplina sirvió para poco a poco ir construyendo una consistente y prestigiosa reputación silenciosa. El cliente no veía el método, pero sí recibía resultados consistentes.
La automatización representó un momento de ruptura. Durante años la contabilidad se llevó con calculadora y lápiz. Migrar a sistemas digitales implicó reaprender procesos completos.
“Para mí fue todo un reto cambiar algo que yo sabía hacer según yo muy bien, para ahora hacerlo en computadora”. El cambio redujo tiempos, modificó la estructura de personal y exigió capacitación constante. La modernización no fue solo tecnológica; fue organizacional.
Además, en los años noventa comenzaron a vincularse con firmas nacionales y extranjeras. La afiliación con despachos de otros estados les permitió recibir clientes referidos desde otras ciudades e incluso otros países. La escala cambió.
La mudanza al edificio actual, hace 20 años, reforzó esa transformación. No fue solo un cambio físico, sino una declaración de permanencia.
El ingreso de sus hijos a la empresa sin duda marcó una nueva etapa. Con formación académica fuera de Saltillo y experiencia internacional, ampliaron la cartera de servicios y especialización.
La firma que había iniciado con cuatro personas pasó a tener una plantilla de personal de más de 50. Hoy la dirección está en manos de ellos como socios.
“Hemos ido a la par del crecimiento de Saltillo”, explica. La ciudad se expandió industrial y económicamente; Ortiz Leos también.
Más allá de cifras, destaca un indicador que le resulta significativo: la formación de talento. Han identificado más de 100 excolaboradores que se formaron en el despacho y hoy ocupan posiciones directivas o fundaron sus propias firmas. “En todas partes hay un Ex-Ortiz Leos.”, afirma con orgullo. El impacto, en ese sentido, no solo es empresarial; es profesional.
Conciliar maternidad y liderazgo no fue sencillo. No existía el esquema de home office como práctica habitual. Trabajó hasta el día del nacimiento de cada hijo y reorganizó tareas desde casa cuando fue necesario.
La administración del tiempo fue tan estricta como la financiera. Considera que la mujer puede ejercer ambas responsabilidades, pero exige organización real.
En sus palabras, competir profesionalmente requiere preparación constante y autonomía económica. No plantea confrontación, sino autosuficiencia.
Aunque reconoce que el tiempo fue limitado, participó durante años en el Club Sembradores de Saltillo y en el Club Rotario Saltillo Empresarial, además de llevar contabilidad pro bono para organizaciones civiles, como ANSPAC.
El enfoque fue práctico: apoyar a mujeres y familias en situación vulnerable. Para ella, “mover la ciudad” significa crecer junto con ella, sostener empleos formales y formar profesionistas.
Ortiz Leos conserva los apellidos que la fundaron. Hoy sus hijos los representan como socios. El nombre se convirtió en referencia regional. Su aporte no fue mediático. Fue estructural. Administración constante, ética profesional y exigencia interna como base del crecimiento.
El despacho comenzó con cuatro personas. Hoy es una firma consolidada y afiliada a nivel internacional. Entre un punto y otro hay casi cinco décadas de disciplina sostenida.