SEMANARIO: El carnicero gay

Semanario
/ 10 septiembre 2007

    Completamente desnudo, Chris Bryson saltó del segundo piso de una casa en Charlotte Streeet, Kansas City. Una correa de perro rodeaba su cuello. Con laceraciones por todo el cuerpo, drogado y ultrajado sexualmente acudió a la policía. Días más tarde, autoridades encontraron en la casa del verdugo no sólo las cabezas de otras víctimas, sino todo un archivo escrito y fotográfico de los crímenes.

    El dueño del domicilio era Robert Berdella, un homosexual que durante años había sido todo un ejemplo como vecino, mientras en la intimidad de su hogar llevaba a cabo las más crueles torturas contra su pareja en turno.

    Ese abril de 1988, el FBI tuvo que usar el registro del propio asesino para enterarse de la desaparición de otros cuatro hombres. El documento parecía una macabra novela de terror, que describía a detalle al despiadado asesino serial en que se convirtió Berdella.

    La primera hoja del diario tenía escrito el nombre de Jerry Howell, uno de sus amantes, a quien decidió castigar porque no le había querido prestar dinero. ". lo corté en pedacitos para que cupiera en la bolsa y lo boté en la basura", escribió sin remordimientos.

    En la casa también fue hallada la cabeza de Robert Sheldon - otro de sus amantes-, al que según sus escritos, vertió líquido para destapar caños en su ojo hasta dejarlo ciego, lo torturó por cuatro días hasta que falleció asfixiado con una bolsa de plástico.

    Cosas parecidos sufrieron Mark Wallace, a quien le infringió descargas eléctricas y Larry Pearson, de quien sólo se encontró la cabeza en el closet.

    Ante las evidencias, Berdella fue aprehendido, pero la policía encontró que en el archivo fotográfico del asesino aparecían más de 20 jóvenes, de los cuales, luego se supo, la mayoría seguían vivos.

    Todo parecía indicar que el juicio sería largo, pero el hombre se declaró culpable del asesinato de Pearson, intentando evitar la pena capital.

    Pero la labor de los forenses en la identificación de los otros restos encontrados en la casa de Berdella le dio elementos al fiscal para buscar la pena de muerte, y esta vez la defensa ofreció un trato. Berdella realizaría una completa confesión de todos sus crímenes, a cambio de la cadena perpetua. El trato fue aceptado.

    La necesidad de conocerlo todo a detalle, en aras de las víctimas, pesó más que freír en la silla eléctrica a Berdella. Después de un corto juicio, el asesino confeso comenzó a purgar su condena.

    Luego de permanecer sólo 4 años en prisión, falleció el 8 de octubre de 1992 por "causas naturales", aunque algunos sugieren que fue envenenado.

    Los restos de todas sus víctimas nunca fueron encontrados, se piensa que aún permanecen en el relleno sanitario donde descargaba el camión de la basura que pasaba por Charlotte Street.

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