Pandemónium gigantesco en la Serie Mundial de GL
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San Francisco, con base en un trabajo de equipo y humildad, barrió a los favoritos Tigres de Detroit
Con el out 27 del cuarto juego de la Serie Mundial, la temporada 2012 de las Grandes Ligas se terminó por escribir con letras Gigantes. Más allá de que el venezolano Pablo Sandoval se convirtió en el Jugador Más Valioso de la Serie final, lo que realmente demostraron los peloteros de San Francisco, con la obtención de su séptimo título fue el posicionamiento del trabajo de equipo sobre el talento individual, una operación en la que cada engrane embonó para hacer de la novena de la bahía, una maquinaria capaz de afinarse con el paso de los encuentros y sobre todo, responder ante las adversidades.
Burlaron la "muerte" en dos ocasiones e hicieron del drama, la materia prima para esculpir un año de ensueño que dio muestra del carácter que cada uno de los integrantes del conjunto ejerció. Los acentos del éxito de San Francisco fueron colocados en el cambio de fisonomía que desde hace cuatro años, la gerencia aplicó. Una transformación en la que disminuyeron las contrataciones en la agencia libre y se apostó por el desarrollo y mantenimiento de jóvenes surgidos en los semilleros Gigantes, que a la postre se convirtieron en piezas fundamentales a lo largo de la temporada y que tras 162 juegos regulares y 16 de playoffs cuajaron una historia a bat y pelota en la que reinó la unidad para hacer posible la barrida sobre los Tigres de Detroit, y con ello alcanzar el segundo título mundial en tres años.
Sandoval, Buster Posey, Brandon Belt, Matt Cain, Tim Lincecum, tan sólo algunos de los nombres que formaron el esqueleto del Gigante que hizo posible, que un equipo de la Liga Nacional barriera en un Clásico de Otoño, algo que no sucedía desde que en 1990 lo lograron los Rojos de Cincinnati.
Un sueño que Bruce Bochy, con gran maestría se encargó de pilotear. El manager de la escuadra del oeste de Estados Unidos, conjuntó una mentalidad ganadora que supo sobreponerse a todo, incluso al castigo de 50 juegos que le impusieron al cañoreno Mickey Cabrera, por consumo de sustancias prohibidas y quien antes de mitad de la temporada era el referente de San Francisco, además de ser designado como el Más Valioso del Juego de Estrellas. Los Gigantes son apenas el quinto club en consagrarse campeones, tras quedar últimos en el renglón de cuadrangulares. Una muestra del talento de Bochy para dirigir los encuentros y conseguir anotaciones sin estar respaldados totalmente por los batazos de largo kilometraje.
Bochy no sólo hizo de las crisis momentos de oportunidad, si no que además manejó con pericia el bullpen: se quedó sin los servicios del cerrador Brian Wilson en abril, tras someterse a una operación en el codo. Primero encontró la respuesta en Santiago Casilla para encargarse del noveno inning y al final terminó con Sergio Romo, quien se anotó tres rescates en la Serie Mundial. El rol de líder de Bochy hizo posible manejar el ego de Lincecum, quien con dos premios Cy Young aceptó ir al bullpen, tras tener unas desastrozas salidas en lasprimeras series de postemporada y responder a la hora de entrar en relevo. Una historia que para muchos podrá quedar registrada como sorpresa, pero que en realidad demuestra la conjunción desde el trabajo de oficina, pasando por el manejo de talento, hasta la labor que se imprime en el terreno de juego.
Por otro lado, sin poder coronar el año con la obtención de un anillo de campeonato, el venezolano Miguel Cabrera vivió un año que quedará marcado en los recuerdos de los fanáticos y en especial de los lationamericanos y venezolanos. El tumero logró que el bat fuera una extensión de su cuerpo logrando con ello, el título de bateo de la Liga Americana, la Triple Corona y el nombramiento de Jugador Más Valioso del jóven circuito. Desde que Carl Yastrzemski lo hiciera, en 1967, con los Medias Rojas de Boston.
El pitcheo fue otro de los renglones que destacaron en el año. Una lluvia de hazañas que dieron vida a una temporada de siete juegos sin hit ni carrera, incluyendo tres duelos perfectos, hicieron que los especialistas etiquetaran 2012 como el año del pitcheo. Philip Humber, de los Medias Blancas; Matt Cain, de San Francisco, y Félix Hernández, de los Marineros, consiguieron la joya de la corona en el pitcheo, mietras que Johan Santana, Kevin Millwood, Jered Weaver y Homer Bailey pitcharon juegos sin hit ni carrera.