El Clásico que se fue

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Deportes
/ 23 octubre 2007

    <span></span><span style="font-weight: bold;">México.-</span> Atlante y Necaxa jugaban un tradicional encuentro en el pasado; hoy apenas se habla del partido, marginado por el América-Guadalajara<br>

    Era el pueblo contra el pueblo, los Prietitos contra los Electricistas. El auténtico Clásico del futbol mexicano en los años que se fueron, dicen -con añoranza- quienes vivieron aquella pasión.

    Hoy portan añejas prendas, mientras las arrugas y los cabellos canos ocultan algún vestigio de ese atlético pasado.

    Pero muchos años atrás, defendieron la vestimenta azulgrana del Atlante o la rojiblanca del Necaxa. Felices, respiraron ese Clásico, extinto con el correr del tiempo.

    "Estaba viendo una foto del Atlante, de cuando la ciudad de México tenía 3 millones, y el estadio de Insurgentes lucía a reventar. En los pasillos no había lugar. Hoy ni los grandes equipos pueden llenarlo", presume Norberto Rozas, de 80 años, quien vistió las dos playeras.

    Ahora, a la sombra del América-Guadalajara, transformado en Clásico por obra -aseguran- de la mercadotecnia, los viejos atlantistas y necaxistas se conforman con revivir aquellas épicas batallas, entre borrosas fotos sacadas de álbumes y estadísticas retenidas en sus mentes.

    Todo ello sucede mientras aguardan, en la misma semana del Aguilas-Chivas, la conmemoración del degradado Clásico que se fue y que, a manera de sarcasmo, es clasificado como el duelo entre los Hipocampos de Cancún y los Hidrorrayos de Aguascalientes.

    "Atlante y Necaxa, desde que se enfrentaron, pelearon por la representación popular. Los dos se decían, y creo que lo siguen siendo, hasta cierto punto, los equipos del pueblo", reclama José Manuel Núñez, hijo del General Núñez, legendario directivo azulgrana de 1935 a 1966.

    "Para mí significaba mucho, porque había ese odio deportivo que hacía reñidos e interesantes los encuentros; una vez Dante Juárez hizo un burladero, me la puso de a pechito y yo se la hice a Raúl Orvañanos, un golazo", rememora Roberto Loco Martínez, extremo derecho del Necaxa de 1960 a 1970, poco antes de que su equipo se transformara en Atlético Español, donde también jugó.

    El paso del tiempo golpea, poco a poco, la añeja contienda, hasta disminuirla. Norberto Rozas, militante atlantista de 1949 a 1955 y luego necaxista entre 1956 y 1958, tiene su hipótesis sobre la lenta degradación del desaparecido Clásico.

    "Estos equipos fueron manejados por gente que les tenían mucho afecto, muy fanáticos de sus equipos, y llegaron a manos de gente que no vieron esa pasión sino otros intereses", reprocha.

    Hoy, lamenta, "parecen equipos de limosneros que andan mendigando por el país a ver quién los recibe y eso es una pena, que dos equipos de categoría, como estos, estén como están y jueguen donde juegan.

    "Ojalá la gente los reciba en sus lugares, pero estos equipos nacieron en la capital y esa gente, del pueblo, ya ni por televisión los mira", se queja el otrora centro delantero oriundo de Rosario, Argentina.

    "Peleábamos, pero no como enemigos, porque todos somos amigos; no jugábamos para patearlos, sino por los colores, que nos hacían sacar todo lo que teníamos dentro", valora José Chato Sierra, portero del Atlante entre 1952 y 1965.

    "El Atlante del General Núñez siempre tenía que saltar primero al campo -acusa Alberto Pato Baeza, extremo del Necaxa de 1958 a 1968-, porque a nosotros no nos dejaba salir. En CU, por ejemplo, se ponía en la entrada del túnel, con su abrigo y su fuete. Nosotros lo toreábamos, porque se ponía a tirar fuetazos; hasta que salía el Atlante al campo nos dejaba pasar".

    Tal era la rivalidad -recuerda el hijo del General-, que tras un primer tiempo desastroso, 0-3 abajo ante los rojiblancos, en 1957, su padre les gritó en el vestidor: "No quiero jugadores pusilánimes"; tras la reprimenda, en el complemento los Potros dieron la vuelta, 4-3. Anécdotas de ese añejo Clásico del pueblo, que se nos fue...

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