Desaparecer en México: ¿hay alguien a quien le importe?
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La desaparición es un delito que ha cobrado decenas de miles de víctimas en nuestro país. La mayoría de las familias que lo padecen siguen esperando que llegue la justicia
Uno de los hechos delictivos que más agravian a la sociedad mexicana, desde hace ya demasiados años, es el relativo a la desaparición de personas. Mucho se habla de “los avances” que se han registrado en este sentido, pero la realidad sigue siendo contundente: cada día se suman nuevas víctimas a la escalofriante estadística que mantiene en la zozobra a miles de familias.
El número es, simple y sencillamente, aterrador: de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y no Localizadas (RNPDNO), en nuestro país se tiene el registro de 133 mil 469 seres humanos en dicha condición, es decir, se trata de personas a quienes sus familias buscan porque en algún momento dejaron de saber de ellas.
La cifra anterior es la oficial, la que el Gobierno de la República reconoce, a partir de un registro que ha generado polémica desde hace mucho tiempo y no termina de convencer a los colectivos que, en términos de eficacia, han demostrado ser mejores investigadores que las autoridades.
Más allá de la polémica, sorprende que, pese a la magnitud del problema, apenas se hayan dictado 523 sentencias, por parte de los poderes judiciales de los estados de la República, en relación con dicha figura delictiva, según consta en el trabajo periodístico que hoy publicamos en SEMANARIO, nuestro suplemento de investigación.
Lo que dicha estadística revela no es nuevo, pero sirve para dimensionar una vez más la magnitud del vacío que existe en relación con uno de los problemas sociales más severos del país: la incapacidad de las autoridades locales –las de Coahuila incluidas, desde luego– para investigar los casos y perseguir a los responsables de tal atrocidad.
Porque, digámoslo claro y sin ambigüedades, aquí no estamos hablando de personas que “se esfumaron” por arte de magia, sino de víctimas de la actividad de la delincuencia organizada. Porque eso ha quedado muy claro desde hace tiempo en nuestro país: las bandas delincuenciales ejecutan y desaparecen personas por múltiples causas, entre ellas la “necesidad” de infundir temor entre la ciudadanía.
No vale decir, como fue un estribillo insultante durante mucho tiempo, que a los desaparecidos les ocurrió eso “por andar en malos pasos”. Incluso si fuera cierto que algunos de ellos –o muchos– formaran parte de un grupo delincuencial y, debido a la rivalidad con una banda antagónica, hubieran sido secuestrados y desaparecidos, tal hecho sólo explica lo ocurrido. Pero nunca, bajo ninguna circunstancia, lo justifica.
La desaparición de una sola persona es demasiado. Tener un registro que supera los 133 mil casos es absolutamente inadmisible. Que solamente se hayan registrado, hasta la fecha, 523 sentencias para castigar la desaparición de una persona constituye un agravio mayúsculo, no solamente a las víctimas, sino a la sociedad entera.
Cabría esperar que tal circunstancia cambie y lo haga pronto.