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Cámara apagada en juntas,

Empresas
/ 20 junio 2022

Los cambios en la forma en que interactuamos en el teletrabajo han traído también nuevos ‘códigos’

En un contexto con más teletrabajo, las videoconferencias se han convertido en una nueva normalidad y con ello los ejecutivos están valorando nuevos elementos para medir el compromiso de las personas trabajadoras. El 92% de los jefes relaciona una cámara o micrófono apagado durante una reunión virtual con falta de compromiso de los empleados, de acuerdo con una encuesta de Vyopta.

El vínculo de una cámara apagada con colaboradores menos comprometidos es una señal que están interpretando los ejecutivos como un desempeño deficiente a futuro. Por ello, 9 de cada 10 jefes encuestados considera que mantenerse en silencio y sin imagen en una videoconferencia puede influir negativamente en el futuro de las personas dentro de la empresa.

“La falta de compromiso abre la puerta a que los ejecutivos hagan suposiciones sobre el comportamiento de los empleados. Más de dos de cada cinco ejecutivos (43 por ciento) sospechan que los empleados que están en silencio o fuera de cámara están navegando por Internet o las redes sociales, enviando mensajes de texto o chateando (40 por ciento)”, refiere el estudio.

Arleth Leal, especialista en Recursos Humanos y CEO de Tutorel, considera que el fenómeno de las cámaras apagadas en muchos casos es una respuesta a una falta de políticas para las reuniones virtuales. “Teníamos políticas en la empresa de cómo hacer juntas efectivas, pero lo que no tenemos ahora son lineamientos para juntas virtuales”.

Desde la óptica de la especialista, la transición del trabajo presencial al trabajo remoto se presentó en un entorno de desconfianza, con dudas sobre si los colaboradores realmente trabajarían desde sus casas.

“Esa desconfianza llevó a las empresas a poner muchos candados, algunos excesivos, porque sinceramente es parte de nuestra cultura, aunque no ha sido con todos, la realidad es que algunos trabajadores han abusado de la flexibilidad y por eso, al tener una cámara apagada se genera todavía más desconfianza. Primero puede parecer una falta de respeto, sobre todo si la mayoría tiene su cámara encendida, entonces, si todos tienen la cámara encendida y alguien no, es difícil no pensar que la persona no está poniendo atención”, expone Arleth Leal.

Para Alejandro Ureña, cofundador de Evolutive, esta percepción de los líderes está relacionada con un aspecto humano. “Está comprobado que entendemos y empatizamos más con las personas que vemos frente a nosotros, eso es importante. Hemos evolucionado para poder entender mejor a las personas cuando las miramos de frente”.

El aislamiento generado por el trabajo remoto, apunta el especialista, ha segmentado las culturas organizacionales en múltiples ambientes de trabajo. Es decir, una persona vive la cultura empresarial con base en el contexto en el que se encuentra (fallas de internet, más personas en casa). Y en muchas ocasiones, es complejo entender el contexto de los compañeros de trabajo. Eso puede explicar en buena medida el por qué las cámaras están apagadas.

“Esta pantalla en negro puede convertirse en una máscara, puede ser una forma de evadir o deslindarse, por supuesto. Pero creo que también esta perspectiva de que las personas están desmotivadas viene mucho más del miedo natural de no poder entender el contexto del otro. Tal vez no hay desmotivación, se interpreta así por el temor de los líderes de no comprender el contexto de los demás”, señala Alejandro Ureña.

¿Es todo falta
de compromiso?

En este tema, cortar a todos los colaboradores con la misma tijera puede ser un error, y aunque los jefes llegan a ligar una cámara apagada con una señal de desempeño deficiente a futuro, también están conscientes que el fenómeno puede responder a otros factores.

Según el estudio de Vyopta, el 46 por ciento de los líderes está consciente de que no les están entregando las herramientas necesarias a sus colaboradores para sentirse comprometidos. Otro 38 por ciento de los ejecutivos reconoce que el exceso de reuniones virtuales es una buena razón por la cual los colaboradores casi no participan en las videoconferencias.

“También se ha exagerado el tema de las juntas de la mano de la flexibilidad. Es una realidad que no puede ignorarse y que en la que también hay que reflexionar y analizar qué juntas sí proceden y cuáles no porque se pueden resolver con un correo electrónico o una llamada rápida”, expone Arleth Leal.

Pese a que la especialista considera que la cámara encendida es un indicador de compromiso, la otra cara de la moneda es que el abuso de las reuniones virtuales puede agotar a los colaboradores. Además de esto, agrega, hay otros factores que son muy justificables, como las fallas en la conexión a internet.

En eso coincide Alejandro Ureña. Desde su punto de vista, la cámara apagada sólo debe causar desconfianza cuando los empleadores están conscientes de que la experiencia de los empleados no es buena y si los colaboradores están incumpliendo en otros aspectos laborales, como sus objetivos o asistencias.

Los especialistas plantean que en esta nueva normalidad, el uso de la cámara es un elemento más al que deben prestar atención tanto los colaboradores como los líderes, pero analizando cada caso y el por qué el video puede estar apagado, además de otros indicadores que muestran el desempeño de los trabajadores remotos.

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