Trump apuesta su presidencia en la guerra con Irán
Al tomar la decisión de lanzar ataques contra Irán, el presidente se arriesga a ocasionar más muertes e inestabilidad en la región más volátil del mundo y a perder su propia posición política
Por: Tyler Pager
Seis miembros de las fuerzas armadas estadounidenses murieron y algunos aviones militares fueron derribados. Los inversores se preparan para la agitación de los mercados, ante el temor de una interrupción prolongada del suministro de petróleo. El presidente Donald Trump dice que la campaña militar contra Irán podría prolongarse durante semanas, y el secretario de Estado Marco Rubio dijo el lunes que “los golpes más duros aún están por llegar por parte del ejército estadounidense”.
Al tomar la decisión el viernes de autorizar la guerra contra Irán, Trump está haciendo la apuesta más grande de su presidencia, y arriesga las vidas de soldados estadounidenses, más muertes e inestabilidad en la región más volátil del mundo, y su propia posición política.
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Trump, quien se enfrenta a unos índices de aprobación en declive y a la posibilidad de que los republicanos pierdan el control del Congreso en las elecciones intermedias, sumergió a Estados Unidos en lo que se perfila como su conflicto militar más expansivo desde la invasión de Irak en 2003.
En poco más de un año desde su toma de posesión, Trump ha autorizado acciones militares en siete naciones, incluso después de haber prometido repetidamente a los votantes estadounidenses que pondría fin a las guerras, no que las iniciaría. Durante su discurso de investidura, dijo que el legado del que se sentiría “más orgulloso será el de pacificador”.
Aunque le ha costado proporcionar un final claro de la campaña militar, Trump ha descrito la operación como un éxito rotundo. Ha reconocido que las bajas estadounidenses son un costo de la guerra, pero ha dedicado más esfuerzos a jactarse de la muerte del ayatolá Alí Jameneí, líder supremo de Irán, de la destrucción de objetivos militares en todo el país y de su compromiso de impedir que Irán pueda llegar a producir un arma nuclear.
Pero las intervenciones en Medio Oriente han atormentado a generaciones de presidentes estadounidenses. Los conflictos en la zona marcaron el legado de los presidentes George W. Bush, quien llevó al país a largas guerras en Irak y Afganistán que llegaron a ser profundamente impopulares, y Jimmy Carter, cuya fallida operación en 1980 para rescatar a rehenes estadounidenses en Irán ha sido una constante en la mente de Trump.
Ahora es Trump quien está orquestando un esfuerzo militar en rápida expansión en una región cuya historia y política religiosa y de facciones la convierten en un campo de batalla especialmente complejo.
“Los presidentes son reacios a implicarse en estas situaciones a menos que nos provoquen, que nos ataquen directamente”, dijo Barbara Perry, historiadora presidencial del Centro Miller de la Universidad de Virginia. “Entonces suele producirse un efecto de apoyo a los líderes ante una situación peligrosa. Eso no va a ocurrir ahora”.
Aunque un puñado de voces destacadas de su movimiento han denunciado públicamente la decisión de ir a la guerra, la base de Trump parece estar a su lado, por ahora. Sin embargo, a algunos aliados del presidente les preocupa en privado que los ataques contra Irán tengan pocas ventajas políticas y enormes aspectos negativos, sobre todo la pérdida de soldados estadounidenses y el aumento del costo del petróleo.
Los demócratas han aprovechado los ataques para retratar a Trump como más enfocado en la intervención exterior que en abordar las preocupaciones económicas de los estadounidenses en el país.
“Trump convenció a los votantes una visión ‘propaz’ de sí mismo como candidato con el eslogan Estados Unidos Primero, sin embargo, en menos de 13 meses, ha ordenado ataques a siete naciones extranjeras y ha sumido a nuestro país en un conflicto más abierto utilizando el dinero de los contribuyentes”, dijo en un comunicado Ken Martin, presidente del Comité Nacional Demócrata. “Mientras se distrae con conflictos en el extranjero y salones de baile relucientes, Trump no ha cumplido su promesa de reducir los costos para las familias trabajadoras, que están pagando más cada día debido a las acciones de Trump”.
Los primeros sondeos después de los ataques muestran que la mayoría de los votantes no están a favor de ellos. Una encuesta de CNN reveló que el 59 por ciento de los estadounidenses desaprueba la decisión de Trump de lanzar ataques contra Irán, y una encuesta de Reuters-Ipsos reveló que solo el 27 por ciento de los estadounidenses aprueba la campaña militar.
Si el conflicto sale mal o Irán se sume en el caos, podría dejar a los candidatos republicanos que participan en las elecciones intermedias ante la difícil disyuntiva de distanciarse de Trump en este asunto.
Y la guerra plantea cuestiones desafiantes para quienes aspiran a liderar el partido en el futuro, ya que complica la ideología de “Estados Unidos Primero” que constituye el núcleo del movimiento.
“Esto no es lo que pensábamos que debía ser MAGA”, escribió en las redes sociales la exrepresentante Marjorie Taylor Greene, republicana por Georgia que rompió con Trump el año pasado y dimitió del Congreso. “¡Qué vergüenza!”.
En una publicación posterior, Greene calificó al gobierno de Trump de “montón de mentirosos enfermos”, comentario que puntuó con un improperio. “Votamos por Estados Unidos Primero y CERO guerras”, escribió.
Sin embargo, Matthew Boyle, jefe de la corresponsalía de Breitbart News en Washington, dijo que apenas recibió preguntas o comentarios de los oyentes durante su programa semanal de radio de tres horas del sábado, horas después de los ataques. El programa, dijo, ofrece una buena perspectiva de los temas que impulsan a la base de Trump.
Boyle dijo que habló ampliamente de la guerra y reprodujo el video de Trump en el que anunciaba los ataques a primera hora de la mañana. Los oyentes, dijo, estaban más interesados en otros temas. Dijo que era un marcado contraste con el programa que presentó después de que Estados Unidos capturara a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, un tema que muchos oyentes querían debatir.
Esta vez, dijo, los oyentes estaban mucho más interesados en la economía, la migración y la delincuencia. Pero advirtió que eso podría cambiar en función de cómo se desarrolle la operación.
“Todo depende de los resultados”, dijo.
Al percibir algunas de las fracturas entre la base de Trump, el lunes la Casa Blanca empezó a responder directamente a las críticas de la derecha. Matt Walsh, comentarista conservador y voz destacada entre los partidarios de Trump, publicó en las redes sociales que el mensaje de Trump sobre los objetivos de Estados Unidos en Irán “es, por decirlo suavemente, confuso”.
Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, respondió a Walsh con una larga declaración. Afirmó que Trump planteó “objetivos claros” que pondrían fin a los “brutales ataques y amenazas” de Irán.
Walsh no parecía muy satisfecho.
“Esta operación me parecía una mala idea antes de que ocurriera, y así lo dije”, escribió tras la respuesta de Leavitt. “Ahora que se está llevando a cabo, no voy a cambiar repentinamente de opinión. Me sigue pareciendo una mala idea. Espero equivocarme. Pero así es como lo veo”.
Los ataques a Irán distan de ser la primera vez que el presidente ha puesto a prueba la capacidad de su base para apoyar acciones que violan su promesa electoral de mantenerse al margen de los conflictos extranjeros. Cuando se enfrentó a preguntas sobre si sus partidarios protestarían después de que las fuerzas estadounidenses atacaran Venezuela, Trump tuvo una respuesta sucinta.
“MAGA soy yo”, dijo a NBC News. “MAGA ama todo lo que hago”.
En los últimos meses, el movimiento Hagamos a Estados Unidos grandioso de nuevo (MAGA, por su sigla en inglés) ha empezado a dividirse en torno a cuestiones clave, como la gestión de Trump de los archivos Epstein y sus dificultades para hacer frente al aumento de los costos.
Raheem Kassam, editor jefe de The National Pulse y activista conservador, dijo que la guerra con Irán exacerbaría esas tensiones.
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“No es algo que yo hubiera hecho, pero sin duda es algo que Trump habría hecho”, dijo. “Le encanta la idea de terminar el trabajo que sus predecesores ni siquiera pudieron empezar”.
Kassam dijo que los partidarios de Trump confiaban en él para evitar bajas estadounidenses más que en cualquiera de sus predecesores, pero expresó su preocupación por el hecho de que el conflicto no haga nada para abordar una importante vulnerabilidad del presidente.
Dijo que los estadounidenses solo “empezarán a sentirse mejor respecto a la economía justo cuando empiecen a votar porque dedicaron demasiado tiempo al fracasado proyecto DOGE de Elon Musk”, pues, según argumentó, Musk no había conseguido recortar significativamente el gasto público. Y añadió: “Estoy de acuerdo con los críticos en que es un gran problema”.
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