¿Los ricos, lloran?

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Opinión
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Hace ya algunos lustros, cuando este columnista iba por la vida como si el mundo no lo mereciera; es decir, en la época de mis mocedades; estuvo al aire una comedia, un culebrón que hizo historia: "Los Ricos también Lloran". Lo anterior quiso venderse desde entonces, como un paliativo, una triste estratagema para fundamentar que los ricos, los multimillonarios, son humanos y que padecen como nosotros, jodidos mortales.

Ya luego, cuando sale el tema de los cresos multimillonarios alrededor del mundo, que por lo general son mexicanos, todo mundo repite un afligido y patético estribillo: "pero ellos no disfrutan como nosotros." Efectivamente, disfrutan cien veces más. La triada Slim-Gates-Buffet dudo que llore o tenga problemas con su corredor de bolsa, su agente de bienes raíces o bien, tenga problemas con algún policía de crucero. No son ciudadanos como usted o como yo lector, son una especie de casta divina que se abanican en tiempos de calor, con sus abultadas chequeras que siempre estarán repletas de ceros; ceros que se acumulan en un ritmo sordo, monótono.

Con uno de sus aforismos lapidarios, los cuales le salen a la perfección cuando se pone a molestar a sus semejantes, el catrín de las Bibliotecas del Estado, Armando Sánchez Quintanilla, me espetó lo siguiente en alguna animada tertulia que compartíamos: "La buena vida es cara maestro; hay mas barata, pero esa ya no es vida.". Todo, mientras el muy maldito escanciaba una copa de vino tinto de una cosecha reservada con denominación de origen de la mismísima Ribera del Duero.

Dijo Séneca hace siglos: "Una gran riqueza es una gran servidumbre". Le creo; pero al día de hoy, la casi totalidad de los habitantes de esta república bananera que habitamos, somos mera servidumbre y comparsa del hombre más rico del planeta que imagino, pocas veces llora: Carlos Slim Helú. Y cuando a Slim se le achica el corazón y piensa al menos un segundo en que puede estar triste, sale de compras. Una de sus últimas melancolías lo llevó a invertir en acciones de The New York Times. Por estos días también, el rumor es fuerte: el ciudadano Slim estaría en negociaciones con la Familia Junco para la posible adquisición del Grupo Reforma (editores de los diarios El Norte, Reforma, Mural y otros).

Los ricos no lloran, cuando acaso se ponen un tanto melancólicos, como el opulento Carlos Slim, salen de compras y depredan todo lo que está a su alcance: telefónicas, restaurantes, casas de bolsa, agencias automotrices, inversiones petroleras.

Esquina-bajan

Un hombre con dinero, puede comprar a un hombre con poder (político), dijo alguna vez el periodista Joaquín Estefanía. Hace cinco años, cuando aún no había candidato del PRI para la actual gubernatura de Coahuila y había más candidatos que votantes, Alejandro Gutiérrez quiso jugar un as que jamás le funcionó: él y nadie más era amigo de Slim Helú. El magnate, dueño de casi todo Augusto Rodin, jamás lo apoyó.

La verdad estimado lector, dudo que el llamado "Oráculo de Omaha", Warren Buffet, se ponga a llorar en las noches más altas, porque no tiene para el gasto corriente, debe la letra de su auto o bien, no tiene con qué pagar la mesada a sus asalariados. En verdad dudo que tenga lágrimas disponibles para semejantes fruslerías y situaciones sentimentaloides, alejadas de su atiborrada cartera.

Los ricos la verdad, no lloran. Eso fue sólo una triste charada, una engañifa del mago de las telenovelas, Emilio Azcárraga, el famoso "Tigre", quien hacía y producía precisamente una "televisión para jodidos". Para jodidos, no para él y los de su clase: los obesos millonarios que al estornudar, se llevan a la nariz billetes verdes de la más alta denominación en el mercado.

Letras minúsculas

El estribillo jamás fue cierto: "Los Ricos también Lloran." A lo mejor sí, pero jamás lloran por falta de dinero.

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