El frutero ‘voyeur’ grabó, sin su consentimiento, a cerca de 100 mujeres en el Centro de Saltillo

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Saltillo
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Durante tres meses, alrededor de cien mujeres fueron grabadas mientras caminaban por el Centro Histórico de Saltillo. Los videos aparecieron en una cuenta de TikTok que reúne cientos de seguidores y miles de reacciones

La esquina de Allende y Lerdo hoy permanece vacía. El lugar donde antes cortaban sandía, melón, piña y pepino para acomodarlos en vasos permanece limpio, como si sólo fuera un cruce normal para transeúntes. Quedan el semáforo, el ruido de los motores y la gente que cruza bajo el sol de agosto. La ciudad tiene una facilidad extraordinaria para caminar con los ojos cerrados.

En la esquina está el Santander. A un costado, detrás de una reja, se levanta una de esas casonas antiguas que todavía conservan algo de la solemnidad con la que fue construido el centro de Saltillo. Por ahí pasan personas que van al banco, empleados, estudiantes, vendedores y familias enteras buscando la sombra.

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El semáforo distribuye a los peatones por turnos, como administrando una pequeña multitud condenada a encontrarse durante unos segundos.

El registro más antiguo localizado en Google Street View corresponde a agosto de 2016. Bajo dos sombrillas azules aparece el puesto de fruta. Junto a él, un hombre extiende el brazo con un teléfono frente al rostro. La imagen congelada no permite saber si se toma una fotografía, revisa la pantalla o graba algo. Parece una inofensiva escena, uno de los millones de gestos que Google recogió sin intención mientras cartografiaba ciudades.

En una imagen de 2024 el puesto continúa en el mismo rincón. Cambió la fachada del banco, cambiaron algunos automóviles y el pavimento recibió nuevas cicatrices, pero el negocio seguía ahí. Durante al menos ocho años formó parte del paisaje. Era uno de esos objetos urbanos que dejan de verse por haber permanecido demasiado tiempo en su lugar.

100 MUJERES GRABADAS

Hoy falta. Su ausencia coincide con la detención del vendedor señalado por grabar a mujeres sin su consentimiento. La banqueta quedó despejada después de años de cajas, cubetas, cuchillos, vasos de plástico y fruta recién cortada sobre hielo. Nadie que pase por primera vez imaginaría que desde ese sitio se produjo una colección de videos con los cuerpos de personas desconocidas.

La cuenta de TikTok de ‘La Manzana’ comenzó el 29 de abril con una grabación del propio vendedor en su lugar de trabajo. Detrás se alcanzaba a ver la casa. Tres días después apareció la primera mujer registrada en el material revisado. Vestía de negro con flores y estaba de espaldas frente a un cajero automático de Santander. Probablemente nunca supo que ese trámite bancario terminó convertido en una publicación.

$!El cruce de Lerdo y Allende en el Centro Histórico, lugar en donde ocurrieron las grabaciones.

Ese mismo 2 de mayo, el perfil difundió un video de una persona de la tercera edad aparentemente alcoholizada y en situación de calle. El dato revela que al principio la cuenta no tenía una temática completamente definida. El celular registraba aquello que el dueño consideraba extraño, divertido o digno de ser mostrado. Con el paso de las semanas, la curiosidad encontró una dirección más precisa.

MUSICALIZADAS Y VIOLENTADAS

En julio, las mujeres comenzaron a repetirse. El día 7 apareció una caminando por Lerdo con short de mezclilla. El 17, otra fue grabada en Allende mientras la cámara acercaba la imagen hacia su espalda baja. El 23, dos de ellas fueron perseguidas por el encuadre mientras avanzaban por la misma calle. Cuatro días después, el teléfono fue colocado de manera que pudiera registrar a una mujer que caminaba junto a su hija. El video llevaba como música La chica que soñé, de Tropical Panamá.

El 2 de agosto, el perfil publicó a una mujer de frente y acercó la imagen hacia su pecho. Ese mismo día apareció otra grabación en la que el autor parecía filmarse a sí mismo mientras la verdadera escena ocurría detrás de su rostro. El último video semejante fue publicado el 3 de agosto. Mostraba a dos chicas de espaldas caminando en short por Allende.

La revisión completa permite contar cerca de cien mujeres. En numerosos videos aparecen dos o tres a la vez, de modo que el número de publicaciones es menor que el de personas registradas. También aparecen cuatro niñas, todas acompañando a personas adultas. No se puede afirmar que ellas fueran el objetivo de la cámara, aunque sus imágenes quedaron igualmente expuestas en una cuenta pública.

$!La mayoría de videos fueron grabados en este punto de la ciudad.

Las transeúntes seleccionadas no estaban realizando actos íntimos. Caminaban. Esperaban. Entraban al banco. Conversaban con alguien. Cargaban bolsas o caminaban a sus hijos. La sexualización no provenía de sus acciones, sino del modo de encuadrarlas, de los acercamientos y de la insistencia en ciertas partes del cuerpo.

LA COARTADA PERFECTA

Varias grabaciones se concentran en Allende, Lerdo y las inmediaciones del Santander. La geografía del caso cabe en unas cuantas cuadras. El puesto ofrecía una posición estable desde la cual observar un flujo constante de peatones sin despertar demasiadas sospechas. Vender fruta y mirar el teléfono son dos actividades comunes. Juntas formaban una coartada perfecta para la rutina.

Al momento de la revisión, la cuenta continuaba abierta. Tenía 553 seguidores y 3 mil 732 reacciones acumuladas. Es imposible determinar cuántas personas llegaron por los videos de mujeres o cuántas seguían el perfil por otras publicaciones. Lo comprobable es que el material tuvo público y permaneció disponible incluso después de la detención.

Los comentarios ayudan a entender qué clase de atención estaba recibiendo. Un usuario pidió que subiera más “fundillos”. Otro preguntó qué teléfono utilizaba. Alguien más bromeó con la posibilidad de haber sido grabada. La audiencia había descifrado la intención de los videos y, al menos en algunos casos, la alentaba. El espectador dejó de ser una figura silenciosa y comenzó a encargar el siguiente cuerpo.

UNA FUNCIÓN PÚBLICA

TikTok convirtió aquella mirada privada en una pequeña función pública. Cada reacción podía interpretarse como aprobación. Cada comentario empujaba el contenido hacia nuevas pantallas. La plataforma no inventó la conducta, pero sí le dio un escenario, público y la recompensa. Un teléfono sostenido en una banqueta podía alcanzar a cientos o miles de personas antes de que alguna víctima supiera que había sido grabada.

La palabra más cercana para describir el patrón es voyeurismo. En su sentido general, se refiere a la obtención de placer al observar a otras personas sin su conocimiento, especialmente en situaciones privadas o sexualizadas.

La grabación en una calle tampoco encaja de manera automática en la definición clásica, asociada con observar desnudez, actividad sexual o intimidad doméstica. Aquí el componente sexual parece construirse mediante la selección, el seguimiento y el acercamiento de la cámara. La calle es pública. El cuerpo de quien la recorre no se convierte por eso en material disponible para una colección.

SHARKING Y UPSKIRTING

Existen otras palabras surgidas alrededor de estas prácticas. El sharking describe la obtención furtiva de imágenes debajo de la ropa o mediante maniobras destinadas a exponer el cuerpo de una persona. En México, el término también ha sido utilizado para hablar de comunidades que graban mujeres en espacios públicos y comparten el material como entretenimiento sexual. No hay evidencia de que el vendedor perteneciera a una red semejante, aunque el caso comparte con ese fenómeno la ausencia de consentimiento y la existencia de una audiencia.

El upskirting se refiere específicamente a fotografiar o grabar por debajo de una falda o vestido. Suele ocurrir en escaleras eléctricas, transporte público, comercios y espacios donde el agresor puede acercar el teléfono sin ser descubierto. Ninguno de los videos revisados permite afirmar que esa práctica ocurriera en Allende y Lerdo, aunque pertenece al mismo repertorio contemporáneo de invasión sexual mediante celulares.

$!El uso de un teléfono celular y una actividad cotidiana permitió realizar las grabaciones sin despertar sospechas durante varios meses.

MÁS NOMBRES

Hay nombres para muchas variantes. Grabación clandestina, violencia digital, difusión de imágenes íntimas, acoso audiovisual.

En Saltillo, buena parte de esas palabras todavía circula únicamente entre especialistas, colectivas feministas, abogados y personas que han padecido una agresión.

La mayoría reconoce el peligro cuando ve una cámara escondida en un baño. Resulta más difícil reconocerlo cuando el teléfono está a plena luz del día, sostenido por alguien que parece revisar sus mensajes.

DE LA RENDIJA A LA PANTALLA

El teléfono modificó la forma de mirar sin ser visto. Antes, el voyeur necesitaba una rendija, una ventana, un espejo o una cámara escondida. Hoy basta con fingir una videollamada, apuntar el aparato hacia el rostro o desplazar el dedo sobre la pantalla. La herramienta utilizada para comunicarnos ha vuelto ambiguo cada gesto. Nadie sabe con certeza qué encuadra el celular de la persona que camina detrás.

Esa incertidumbre altera el espacio público. Una mujer puede aparecer en el fondo de una fotografía sin que exista una intención específica de registrarla. Otra cosa ocurre cuando la cámara la sigue, ajusta el zoom, espera a que se acerque y después publica el resultado acompañado por una canción. La reiteración convierte el azar en un método.

$!En mensajes de publicaciones, algunos usuarios lo alentaban a subir más contenido.

UN VASO DE MELÓN Y UN CLOSE-UP

El caso también obliga a mirar a quienes consumieron el material. El vendedor pudo grabar durante tres meses porque tenía un teléfono y una posición favorable. La serie adquirió sentido porque hubo personas dispuestas a verla, reaccionar y pedir más. Cada video necesitó una víctima inconsciente y un espectador consciente. Entre ambos estaba la plataforma, contando los segundos de atención.

Todavía quedan preguntas fundamentales. No se sabe cuántos videos permanecen almacenados en el teléfono, si algunos fueron eliminados, cuántas visualizaciones alcanzaron, si existieron denuncias previas o si el contenido fue compartido fuera de TikTok. Tampoco se conoce cuántas de las mujeres han descubierto que aparecen en la cuenta. El centenar identificado podría representar solamente la parte visible de una posible colección más extensa.

Hoy, la esquina de Allende y Lerdo seguirá siendo espectador de la gente de a pie. El semáforo volverá a detener los automóviles, el banco abrirá sus puertas y la casona continuará envejeciendo con la paciencia de los edificios antiguos.

Las mujeres pasarán de nuevo por esa banqueta. Quizá algunas miren el espacio limpio donde antes vendían fruta. Allí ya no hay un puesto, aunque permanece una pregunta incómoda, pegada al suelo como el jugo dulce que dejan las sandías cuando se pudren bajo el sol. ¿Quién más observa?

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Carlos Eduardo Martínez Mirón (1992), editor y escritor con experiencia en diversos medios informativos, colaborando en las secciones de negocios, tecnología, internacional, entre otros. Ha trabajado como corrector y coeditor en proyectos editoriales tanto científicos como culturales, además de publicar obra propia y colaborar como ghost writter en títulos a nivel nacional.

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