Soy bipolar, pero no soy peligrosa, no estoy loca, ni mi enfermedad es contagiosa.
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QUERIDA ANA:
Soy una mujer de 30 años, me gusta cocinar, soy alegre, hablo tres idiomas, soy inteligente, organizada y trabajadora. Parezco normal y casi siempre soy agradable. Cuando aún no me diagnosticaban la enfermedad que padezco, porque soy bipolar, me comportaba de manera equivocada, y también cuando aún no me daban mis medicamentos apropiados, tuve problemas con algunas personas. Se preguntará por qué hago esa declaración, pero es que quienes padecemos esa o cualquier enfermedad mental, somos estigmatizados.
Algunas personas se sienten incómodas conmigo. Sé que el estigma ha ido disminuyendo con el tiempo, pero todavía permanece hasta cierto grado. He sido tratada como una niña, he sido tema de chismes y comentarios, he perdido amigos en algunas partes y hasta he sido temida y excluida debido a mi enfermedad. Después de empezar a tratar a algunas personas, sentía la necesidad de revelar que tengo algunos problemas emocionales, incluyendo el desorden bipolar. Las personas generalmente reaccionan como que están atrapadas en una jaula con un animal rabioso.
Ana, no soy peligrosa, no estoy loca ni mi enfermedad es contagiosa. Quienes tienen trato conmigo no deben tener miedo. Sin embargo, cuando sale la verdad, mis "amigos" corren como conejos asustados. Es muy dolorosa esa situación. Cómo desearía tener comprensión y respeto de parte de quienes me rodean y me han rodeado, y no ser castigada por tener una enfermedad que no pedí ni busqué.
Cómo me gustaría tener amigos que no se alejaran debido a la información errónea acerca de los desórdenes mentales. Ahora que mi enfermedad está diagnosticada y los medicamentos que tomo son los apropiados, me siento fenomenal y me comporto de la mejor manera.
Por favor, con su columna usted puede ayudarnos mucho a quienes tenemos este tipo de problemas. Dígale a sus lectores que por favor les den tiempo a las personas con alguna enfermedad mental, para probar que no somos monstruos, sólo personas que, por la mayor parte de tiempo, llevamos vidas normales y tenemos necesidades, deseos y sentimientos como todos los demás.
Cómo apreciaría que publicara mi carta y ésta le llegara al corazón a tantas gentes que tal vez ignoran cuanto sufrimos quienes estamos atrapados en estas enfermedades. ESPERAR CONTRA TODA
ESPERANZA
QUERIDA ESPERAR CONTRA TODA ESPERANZA:
Es verdad que muchísimas personas todavía son ignorantes acerca de las enfermedades mentales, y por eso albergan actitudes estigmatizantes acerca de ellas. Es irónico, porque muchos de quienes se sienten tan "normales", toman montones de pastillas para no cansarse, para dormir, para no dormir, para estar alertas, para "sentirse bien", etc., o se llenan de pastillas sin diagnosticar y hasta sin que se las receten, y muchos se drogan, pero la gente, irónicamente, tiene más miedo de ustedes y se muestran menos comprensivos que con esas personas.
Es posible que en tu entusiasmo por ser sincera, digas a tus amigos demasiado pronto acerca de tu desorden bipolar. Pienso que sería mejor esperar a que lleguen a conocerte mejor antes de revelar la realidad, y si tuvieras oportunidad, no la desaproveches y recomienda, a quienes te aprecien de verdad, pero no comprendan ni entiendan lo que te sucede o puede sucederte y sucederle a muchos, que lean uno o dos excelentes libros acerca del desorden bipolar que están disponibles: "Una Mente Tranquila", de Kay Redfield Jamison, y "Una Brillante Locura", escrito por Patty Duke y Gloria Hochman. Ambos explican que, con el tratamiento apropiado, una persona con el desorden bipolar puede ser productiva y exitosa.
Es obvio que eres inteligente y bien educada. Estás en una posición única para educar a otros acerca de enfermedades mentales, y si te propones hacerlo, te ayudará a sentirte más fuerte y más segura.
Me contaba un amigo que una persona con ese problema, que vivía o vive en Canadá, logró que su iglesia empezara un comité sobre la salud mental. Luego le pidió al ministro que hablara acerca de la enfermedad mental en uno de sus sermones dedicados a temas como ayuda a los desamparados y los trabajadores migratorios, y él aceptó. Y antes del servicio, ella se puso de pie frente a la congregación y compartió su propia historia de tratamiento exitosa. El terapeuta que la trataba, asistió también al servicio y pudo contestar las preguntas que hizo la comunidad. ¡Qué manera tan noble de usar el púlpito!, no solamente para predicar la Palabra, sino para educar a la congregación y para aclarar muchas cosas sobre un tema donde muy poca luz ha sido reflejada. ¡Cómo me hubiera gustado estar presente en ese lugar en esos momentos!
Agradezco mucho que me hayas escrito y contaras tus decepciones y tus angustias, pero también tus éxitos y tus logros. Nunca pierdas el ánimo, nunca dejes de tomar tus medicamentos y sigue adelante siempre, con la seguridad de que eres una persona igual de valiosa que todos los que no tenemos esa enfermedad u otras que pudieron haber detenido nuestro avance en la vida y que muchas veces, en nuestro orgullo, no queremos comprender a quienes, como ustedes, necesitan manos que los detengan o manos que los ayuden a levantarse. Abrazos de ANA