Irán enfrenta una de sus represiones más mortíferas bajo un apagón informativo
Irán intenta sofocar las protestas masivas con un apagón informativo y una brutal ofensiva militar que ya habría cobrado miles de vidas
Por: Erika Solomon, Farnaz Fassihi, Sanam Mahoozi and Sanjana Varghese
Mientras las autoridades iraníes imponen un apagón de comunicaciones casi total en un país sacudido por protestas masivas, los videos y testimonios que van saliendo poco a poco sugieren que el gobierno está llevando a cabo una de sus represiones más mortíferas contra el descontento social en más de una década.
Testigos presenciales afirman que las fuerzas gubernamentales han empezado a disparar, al parecer con armas automáticas y en ocasiones de forma aparentemente indiscriminada, contra manifestantes desarmados. Trabajadores hospitalarios dicen que los manifestantes llegaban con heridas de perdigones, pero ahora con heridas de bala y fracturas de cráneo. Un médico lo calificó de “situación de bajas masivas”.
A pesar del bloqueo de las comunicaciones, una imagen recurrente ha logrado salir de Irán: hileras interminables de bolsas para cadáveres.
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En videos subidos a las redes sociales por activistas de la oposición, se ve a familias sollozando mientras se agrupan alrededor de cuerpos ensangrentados dentro de bolsas abiertas. Y en imágenes emitidas por la televisión estatal iraní, un funcionario de la morgue, enfundado en una bata azul, aparece entre bolsas ordenadas sobre el piso de una sala blanca, bajo luces fluorescentes implacables.
La televisora estatal dijo que las imágenes muestran el peligro que las protestas representan para la sociedad iraní: “En estas concentraciones hay individuos que quieren arrastrar a la gente común —personas que no tienen nada que ver con estos acontecimientos— y a sus familias a esta situación. Para que ellos también sean arrastrados al caos”, dijo el periodista en la locución. “Nunca en mi vida había visto imágenes como estas”.
Quienes siguen apoyando al gobierno teocrático de Irán y quienes piden su caída en las calles están de acuerdo: son días de una brutalidad sin precedentes.
El saldo de muertos y heridos en todo el país no está claro. Organizaciones de derechos humanos tienen dificultades para comunicarse con sus contactos dentro de Irán y aplicar la metodología que suelen utilizar para verificar información, pero afirman que han contabilizado más de 500 muertos.
Varios funcionarios estadounidenses afirman que las agencias de inteligencia de Estados Unidos han calculado, de forma conservadora, que hasta ahora han muerto más de 600 manifestantes. Las agencias han señalado que tanto las protestas actuales como la represión son mucho más violentas que las de 2022 u otros levantamientos recientes contra el gobierno.
Un alto funcionario del Ministerio de Salud iraní, que habló bajo condición de anonimato, dijo que habían muerto unas 3000 personas en todo el país, pero trató de culpar a los “terroristas” que fomentaban los disturbios. La cifra incluía a cientos de agentes de seguridad, dijo.
Otro funcionario del gobierno, que también habló bajo condición de anonimato, dijo que había visto un informe interno que hablaba de al menos 3000 muertos, y añadió que la cifra podría aumentar.
De confirmarse, el número de muertos sería uno de los peores de la historia reciente de Irán.
Los testigos hablaron de francotiradores apostados en azoteas del centro de Teherán que disparaban contra la multitud; de protestas pacíficas que se convirtieron bruscamente en escenas de carnicería y pánico cuando las balas atravesaban cabezas y torsos y los cuerpos caían al suelo; y de una sala de urgencias que atendió a 19 heridos de bala en una sola hora.
“El régimen está en una racha asesina”, dijo una manifestante, Yasi. Ella, como otros iraníes entrevistados por The New York Times, pidió que se omitiera su nombre completo por motivos de seguridad.
Yasi, de unos 30 años y empleada en una editorial, dijo que el viernes por la noche marchaba por el bulevar Andarzgoo de Teherán con unos amigos cuando las fuerzas de seguridad irrumpieron y dispararon a un adolescente en la pierna ante la mirada de su madre.
“¡Hijo mío! ¡Mi hijo! ¡Le dispararon a mi hijo!”, gritaba la mujer, dijo Yasi.
Videos publicados en redes sociales el lunes por la noche y verificados por The New York Times mostraban a una gran multitud de manifestantes en Teherán. Se escuchaban disparos y el grito: “¡Muerte al dictador!”.
Durante los últimos cinco días, las autoridades iraníes han cerrado internet, las líneas telefónicas internacionales y, a veces, incluso las conexiones de telefonía móvil del país. Esto ha dejado a organizaciones de derechos humanos, periodistas y familiares por igual, intentando entender el alcance de lo ocurrido.
Pero los videos que se filtran desde el país y los mensajes de algunos iraníes que, de vez en cuando, logran conectarse a internet por satélite ofrecen un retrato devastador del derramamiento de sangre.
“Logré conectarme durante unos minutos solo para decir que esto es un baño de sangre”, declaró al Times Saeed, un empresario de Teherán. Dijo que estaba utilizando una conexión a internet Starlink a la noche del domingo.
Cuando el 28 de diciembre estallaron protestas por la grave situación de la economía iraní en el mercado de Teherán, Saeed salió a la calle para sumarse. Había hecho lo mismo durante el movimiento de protesta de 2022 y los anteriores, dijo.
Pero a medida que Irán cae en un aislamiento más profundo, ha quedado cada vez más claro, dijo, que esta represión es “distinta a cualquier protesta anterior”.
“Yo mismo vi cómo le disparaban en la cabeza a un joven”, dijo al Times en mensajes de audio grabados. “Fui testigo de cómo disparaban a alguien con una bala en la rodilla. La persona cayó al suelo inconsciente, y luego las fuerzas de seguridad se abalanzaron sobre él”.
Hace dos semanas, cuando una brusca devaluación de la moneda sacó a los manifestantes a las calles, las autoridades reconocieron que sus reclamos eran legítimos, aunque advirtieron a los manifestantes que no se dejaran influir por los “alborotadores”.
Pero en la última semana, las protestas más pequeñas en mercados y universidades estallaron en un movimiento popular más amplio, con multitudes que llenaban tanto las plazas de las principales ciudades como los centros de poblaciones rurales. Ahora los funcionarios iraníes han empezado a decir que han sido tomadas por “terroristas” y agentes extranjeros leales a sus enemigos, Estados Unidos e Israel.
Como señal de la magnitud de la represión, el gobierno ha dado el paso inusual de reconocer que ha habido un gran número de víctimas, pero ha intentado presentar a los muertos como víctimas de manifestantes violentos y miembros de las fuerzas de seguridad.
“Adopten medidas firmes y eficaces para vengar a los mártires y a los muertos”, dijo el fiscal general de Irán, Gholam-Hossein Mohseni-Ejei, en una reunión del Consejo Judicial Supremo el lunes, según la agencia de noticias semioficial Tasnim.
Un video publicado en internet el martes y verificado por el Times mostraba a fuerzas de seguridad disparando una lluvia de balas contra manifestantes en el este de Teherán. El video, de seis minutos de duración y fechado el 9 de enero, capta el sonido de cientos de disparos y muestra las ráfagas de las armas en lo alto de la comisaría de Teheránpars. En un momento del video, una persona es arrastrada hacia el patio de la comisaría. En otra parte, un convoy de fuerzas de seguridad en motocicletas entra en la comisaría.
Nueve residentes de Teherán, junto con dos médicos y una enfermera que trabajan en hospitales públicos, dijeron que habían presenciado de primera mano la línea más dura del gobierno.
Dos dijeron en entrevistas que verion a francotiradores disparando a la multitud en los barrios de Sattarkhan y Pasvaran de Teherán, y uno relató que un agente de seguridad del barrio de Aghdasieh disparaba indiscriminadamente contra la gente mientras pasaba en su vehículo.
Un residente de Teherán que acudió a Sattarkhan con su esposa el sábado por la noche dijo que había presenciado cómo las fuerzas de seguridad abrían fuego con ametralladoras contra una multitud de jóvenes. Se tiraron al suelo unos encima de otros, dijo.
En el Hospital Nikan, en el norte de Teherán, una enfermera dijo que el personal médico se vio desbordado cuando 19 heridos de bala ingresaron casi al mismo tiempo. En el hospital de Shohada, en el barrio de Tajrish de Teherán, un médico dijo que muchos manifestantes trasladados allí fueron declarados muertos al llegar, y que a muchos les dispararon a quemarropa en la cabeza, el cuello, los pulmones y el corazón.
El Centro para los Derechos Humanos de Irán, con sede en Nueva York, difundió el lunes el testimonio de un médico que ha estado tratando a pacientes en Teherán e Ispahán desde que comenzó la represión. La organización omitió su nombre por motivos de seguridad.
Al principio de las protestas, dijo el médico, los manifestantes eran tratados por exposición a gases lacrimógenos y heridas de perdigones. Luego, el jueves, dijo el médico, empezó a oír fuertes disparos de ametralladora desde el hospital.
“Esto era una situación de víctimas masivas”, dijo el médico en su relato. “Nuestras instalaciones, el espacio y el personal estaban muy por debajo del número de la cantidad de heridos que llegaban. Los casos de trauma que vi eran brutales, disparaban para matar”.
El director ejecutivo del Centro para Derechos Humanos de Irán, Hadi Ghaemi, dijo que su equipo había reunido relatos de Karaj, al oeste de Teherán, y Kermanshah, en el oeste de Irán, que indicaban que fuerzas de seguridad ocuparon hospitales y clínicas, buscando a manifestantes heridos y recopilando sus datos personales.
Saeed, el empresario de Teherán, describió una experiencia similar en la capital.
“Llevan a los manifestantes heridos al hospital y, si se recuperan, los detienen”, declaró a The Times. “Si sus familias llegan primero, intentan de algún modo ayudarlos a escapar. Las familias que van a recibir los cuerpos de los asesinados son obligadas a confesiones humillantes: tienen que decir que los mataron los ‘terroristas’”.
Activistas de HRANA, un grupo iraní de defensa de los derechos humanos con sede en Washington, han reunido informes de hospitales que sugieren que, en algunos casos, agentes de seguridad detenían a manifestantes incluso antes de que fueran tratados de sus heridas.
Skylar Thompson, subdirectora de HRANA, dijo que el recuento de muertos de su organización ha saltado a trompicones en los últimos dos días, a medida que la gente lograba conectarse esporádicamente para compartir lo que sabía.
El sábado, el grupo situaba el saldo en 70 muertos. Para el martes, la cifra había ascendido a 1850 manifestantes y 135 integrantes del gobierno y de las fuerzas armadas fallecidos. Es probable que haya otro salto, una vez que el grupo termine de verificar otros 770 casos.
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El Centro para los Derechos Humanos ha decidido no llevar un conteo, explicó Ghaemi, porque no ha conseguido contactar a suficiente gente como para aplicar sus procedimientos habituales, que consisten en corroborar los relatos de activistas locales con los de las familias de las víctimas.
“No podemos confirmar cifras detalladas, pero todo apunta hasta ahora a matanzas a gran escala en los últimos días”, dijo Ghaemi en una entrevista. “Estimamos al menos 1000 muertes en todo el país y potencialmente más. Pero la información actual es apenas la punta del iceberg”.
Queda por ver si la violenta represión logrará intimidar a los manifestantes hasta silenciarlos. El lunes circularon menos videos de los disturbios que en días anteriores. Pero Saeed insistió en que los asesinatos no detendrán a la gente.
“La gente ya no tiene miedo”, dijo.
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