Mi hija quiere que su padrastro y yo la llevemos al altar el día de su boda, pero yo no quiero.
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QUERIDA ANA:
Mi hija única se va a casar dentro de unos meses. Su mamá y yo estamos divorciados desde hace diez años y los dos estamos casados con otras personas. Mi esposa y mi hija han tenido una muy buena relación, se llevan muy bien y cuando estamos juntos los tres en vacaciones, en visitas de ella a la casa nuestra, en salidas a diversos lugares, nos la pasamos muy bien y contentos.
Hace unos días vino mi hija a mi casa y me dijo que quiere, al entrar a la iglesia, el día de la boda religiosa, ir por un lado conmigo y por el otro con su padrastro para que ambos la acompañemos hasta el altar. Cuando la escuché, me quedé muy sorprendido y le dije que iba a pensar sobre el asunto y que hablaríamos luego.
Ana, ella es mi hija y aún cuando ha vivido con su padrastro por los últimos ocho años, pasó dieciséis años conmigo. Eso, además, de que soy el padre que le dio la vida, debe contar algo. Por ese motivo estoy pensando en decirle que no estoy de acuerdo.
He sido un buen padre, siempre he estado cerca de mi hija, nunca le ha faltado nada que yo tenga y desde luego quiera proporcionarle. Le he dado todo lo que necesita y más, pues jamás he puesto cortapisas a todo lo que le hace falta y tampoco a lo que desea, ya sea viajes, fiestas, vestidos, carro, etc. Además, siempre he soñado con acompañar a mi hija hasta el altar el día que se case. Sí, pero no en compañía de su padrastro. ¿Por qué su padrastro no puede tener otro papel diferente en la boda? Yo soy su verdadero padre y quiero tener el honor de entregarla.
Por favor ayúdeme a convencerla. Se lo voy a agradecer.
MENOSPRECIADO
QUERIDO MENOSPRECIADO:
No se sienta así. Su hija al parecer siente un verdadero afecto por su padrastro y quiere que él comparta este papel porque indudablemente se siente unida de alguna o muchas maneras a él, pero de ninguna manera lo está menospreciando a usted.
Sugiérale lo siguiente: Dígale que le dé el honor de llevarla usted solo al altar y ya allí y entregada a su futuro esposo, usted pasará a ocupar su lugar en una banca, la primera de la fila de bancas que está del lado de la novia, en compañía de su esposa. Y que su padrastro ocupe su lugar, al lado de la primera esposa de usted, madre de su hija, en los lugares destinados a los padres de la novia. De esa manera ambos, el padre y el padrastro, ocupan un lugar especial en la ceremonia.
Pienso que esto puede complacer a todos. Pero finalmente la decisión final será de su hija y lo que ella decida, acéptelo agradablemente. Fortalecerá su relación con ella de manera muy positiva. Felicidades para su hija y su futuro esposo.
ANA
QUERDA ANA:
Soy un hombre de 60 años y me casé con una mujer maravillosa hace 21 años. Ella tenía un hijo entonces de 5 años, de un hombre que no se casó con ella. Para mí fue mi primer matrimonio y no tuvimos hijos ella y yo. Ahora el hijo de mi esposa, a quien he querido, respetado y ayudado mucho, tiene 26 años, pero el pobre muchacho fue alcohólico y también estuvo involucrado en drogas. Ella siempre lo ha consentido mucho y pienso que eso tuvo mucho que ver en esa situación. Él ha dejado de tomar desde hace cuatro años, asiste a las sesiones de AA, pero no estoy seguro que haya dejado totalmente las drogas. Él vive en un departamento en una ciudad cercana, pero no sé que tenga un trabajo y sin embargo siempre trae dinero y nunca nos pide nada. Eso me preocupa porque pienso que puede estar traficando con drogas, aunque no he encontrado evidencia de ello, debo decirlo honestamente, son sólo especulaciones.
El muchacho nos visita cada dos meses o dos meses y medio y se queda dos o tres días en casa. Pero esos días son bastante difíciles para mí. Se levanta tardísimo, hasta mediodía, deja su ropa tirada en la recámara, sale hasta muy tarde en la noche haciendo mucho ruido, no levanta la cocina después de desayunar, si vuelvo antes que mi esposa del trabajo (ambos trabajamos) encuentro todo desordenado y sucio. Mi esposa adora a su hijo y piensa que todo lo hace bien. Yo me quejo y eso está provocando serios problemas en nuestro matrimonio, porque ya estoy cansado. ¿Cómo le hago para que ella entienda que el muchacho está perjudicando nuestra relación? Ella no me permite intervenir.
PADRE SIN AUTORIDAD
QUERIDO PADRE SIN AUTORIDAD:
Está usted entre la espada y la pared. Dígale sinceramente a su esposa lo desdichado que se siente cuando viene su hijo a casa por sus hábitos desordenados. Sugiérale que cuando los visite, llegue a un motel cercano. Y si ella se negara, con mucho tacto pregúntele qué le parece si es usted el que se va esos días a un motel. Sé que no es la mejor de las decisiones, pero aunque incómodo, puede ser mucho mejor que un posible divorcio.
ANA