Eterno Borges
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Hace poco lo conté en este generoso espacio: invitado por el círculo o Club de Lectura de VANGUARDIA, este escritor tuvo a bien disertar algunos minutos sobre el argentino, eterno candidato al Premio Nobel, Jorge Luis Borges. A este Club asisten compañeros del periódico, pero los comentarios, discusiones y acotaciones se ponen tan buenos, que mi jefe, don Armando Castilla Galindo piensa abrir el Club a todo público. En su momento lo anunciará.
Lo bien cierto es que en aquella ocasión, la señora Diana Ma. Galindo de Castilla, sorprendió a los asistentes con un video que tuvo a bien traer desde la mismísima tierra de Borges, la Argentina. El video es una conferencia donde el divino ciego, diserta sobre un tema nada sencillo: ceguera y literatura. Borges, al inicio de su conferencia en Buenos Aires, es conducido a su silla, en un escritorio al centro del escenario y frente al micrófono, por quien usted ya adivinó: su asistente y posteriormente su esposa y compañera, María Kodama.
Implacable, dueño de la situación ante un atiborrado auditorio y armado con la inteligencia, la memoria intacta y la cita justa, Borges, con la ironía en la punta de la lengua; ironía que no se perdona ni a sí mismo, habla de su "modesta ceguera personal." Modesta, dice, porque un ojo ya no ve nada y con el otro, atisba colores que van del azul al verde y sobre todo, y esto fue lo que me impresionó, Borges hablaba de que veía siempre un color amarillo; pero nunca, nunca la ceguera es negra.
Lo anterior me recordó a mi madre cuando en sus últimos días sobre la tierra y al perder la vista debido a una emperrada diabetes que la terminó por minar, y al recetar los médicos la fatídica insulina, fue perdiendo la vista, hasta quedar ciega. Y es que mi madre decía una y otra vez, "estoy ciega, pero sí miro." Es decir, como Borges, ahora lo entiendo, mi madre veía al final sólo siluetas lejanas, borrosas, deslavadas, pero en colores primarios como el azul o el amarillo; pero jamás el negro total. El negro es sólo para los que aún vemos a colores y con los dos ojos, aunque muy deficientemente como este escritor; pero bueno, eso es otra cosa.
Borges en dicha conferencia trazó entonces un linaje escogido de ciegos en la literatura mediante citas, versos de memoria (en alemán, francés, inglés y latín. uf), "recuerdos falsos" y otras estratagemas que provocaron la risa y el asombro en el Club de Lectura de VANGUARDIA. Ciegos, claro, Borges habló de Homero, ese ángel caído de John Milton, James Joyce, citó a Oscar Wilde, no podía falta Shakespeare.
Esquina-bajan
Y efectivamente, cuando el sabio Jorge Luis Borges -favor de no confundir con el "José Luis Borgues" que le enderezó el deslenguado Vicente Fox- avanzaba en la charla, uno deseaba pertenecer a esa casta, a ese linaje escogido de ciegos que han dado algunas de las obras más portentosas a la historia de la cultura. Borges decía que "veía" no en negro, sino amarillo y que extrañaba un color que ya le estaba vedado: el rojo.
Y lo anterior choca con aquel libro que es muy leído al día de hoy, "Ensayo sobre la ceguera", del lusitano José Saramago, libro en el cual todo mundo va perdiendo impasiblemente la vista y todos, todos los personajes quedan ciegos -salvo una mujer, una especie de Virgilio en el infierno-, viendo "todo blanco". Los personajes, dice el narrador del libro de Saramago, estaban "envueltos, como en una sábana blanca."
Borges, al contrario, habló de un amarillo resplandeciente, como aquel amarillo del tigre de William Blake en su famoso poema: "Tigre, tigre, que te enciendes en luz/ por los bosques de la noche/ ¿qué mano inmortal, qué ojo/ pudo idear tu terrible simetría?" El mundo de los ciegos, dijo en su conferencia, es el mundo de las apariencias, donde el ciego crea y deletrea su propio mundo por habitar.
Letras minúsculas  Â
El Club de Lectura de VANGUARDIA, mejor que nunca. Pida su copia de la conferencia, ¡está poca madre!