Silogismos de colores: Sor Juana Inés de la Cruz
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Mucho se ha debatido en torno de una hipotética disposición de Sor Juana Inés de la Cruz para la pintura, como para la música y algunas otras formas del arte y el conocimiento. Se ha dicho, por ejemplo, que Sor Juana es autora de uno de los retratos que de ella se conocen, pero hasta hoy el hecho es improbable.
Lo que es irrefutable es que el arte de la pintura aparece a lo largo de toda su obra tanto lírica como dramática. Y particularmente, uno de sus "géneros": el retrato. Sor Juana es autora de muchos poemas en que o bien "pinta" con palabras a un personaje ("Romance decasílabo") o cavila filosofías a partir de la visión de un retrato (el soneto "Éste que ves, engaño colorido...").
La identidad, el ser, el amor, el desengaño, el tiempo, la ilusión ontológica: éstos son algunos de los temas que "pinta" sor Juana en sus poemas retratísticos, o los que el retrato, como género pictórico, sugiere a la sensibilidad de la monja jerónima. Tales temas, por lo demás, son tópicos en el Barroco y en la propia poesía de Sor Juana, retratística o no.
En cuanto a su capacidad plástica, puede vérsela de manera ostensible en su obra literaria. Del romance o el soneto hasta el villancico o su "Respuesta a sor Filotea de la Cruz", la destreza lingüística, el sentido del ritmo y la inteligencia permiten a Sor Juana hacer visible el lenguaje y convertir su pensamiento en un lienzo de signos que se leen, se escuchan y se contemplan.
Acaso Sor Juana no ejerció la pintura, en el sentido literal. Si es así, no tendríamos por qué deplorarlo, pues hizo de la palabra una forma de representación plástica tan grandiosa como pueda verse en la más alta manifestación de la pintura. Si no, basta con "ver" el paisaje mental que nos brinda en su "Sueño", uno de los poemas clave de la poesía escrita en lengua castellana.
Sor Juana nos hace ver más allá de las palabras, como Leonardo nos hace ver más allá de la Gioconda o Mahler, más allá de la brumosa lentitud del Adagietto de su Quinta Sinfonía. El lenguaje y todos sus recursos líricos son instrumentos que se trascienden a sí mismos, y paradójicamente, en esa trascendencia advertimos la verdad de la que el artista es portavoz. ¿Qué dice Sor Juana "a través" de su poesía? ¿Qué dice, "a través" de estos poemas retratísticos?
Como Góngora, como Quevedo y como algunos otros poetas y artistas del periodo barroco, Sor Juana recoge el horaciano "fugit irreparabilis tempus", obsesión barroca, sí, e intemporal. El autor de los "Sueños" y "El Buscón" habla de "polvo enamorado" en su soneto "Amor constante más allá de la muerte"; Góngora advierte en su poema "De la brevedad engañosa de la vida": "Mal te perdonarán a ti las horas: / las horas que limando están los días, / los días que royendo están los años".
Y en un soneto célebre, el mismo Góngora deja caer su guillotina verbal: tu (amado) cuerpo se convertirá alguna vez, lo mismo que el mío: "En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada." Nuestra Sor Juana, discípula formidable del poeta cordobés, dice que el retrato de sí misma es un "engaño colorido" y un "cauteloso engaño del sentido"; y acaba disolviendo la ilusión plástica, el modelo y el tiempo, pues todo: es una necia diligencia errada, es un afán caduco y, bien mirado, es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.