2010: La pérdida del consenso
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El Presidente de todos los mexicanos, Felipe Calderón, es un gladiador que pelea con una estrategia esquizofrénica. Procura a los empresarios y luego los acusa de evasores fiscales. Elogia la separación de poderes, y pelea con ministros de la Suprema Corte y legisladores. Ante los ojos de la oposición se comporta como un presidente de partido y no como jefe de Estado, y hacia el interior de su partido los tiene confundidos.
Es zigzagueante en su conducción, pero terco en su dirección. Los botones de muestra a lo largo de este año abundaron. La semana pasada, floreció uno de ellos, cuando se puso a votación en el Senado la terna que propuso Calderón para ocupar una vacante en la Suprema Corte de Justicia. El PRI respaldó a una aspirante que en la primera votación se quedó a ocho votos de alcanzar la mayoría calificada. En la segunda, el PAN se negó a entregar los votos necesarios, y fue criticado por no haber respaldado la terna previamente aprobada por el Presidente.
Pero no era un asunto del PAN, sino del Presidente. La noche del sabotaje el Presidente se comunicó con varios senadores de su partido y los felicitó por no haberse prestado a los "chantajes" del PRI, y haber bloqueado la nominación de un nuevo miembro de la Suprema Corte de Justicia que no era a quien quería. No entendieron panistas y priístas con quienes conversaron la llamada de Calderón el porqué, si había propuesto una terna, celebraba que la hubieran saboteado. "Entendemos que todo era una simulación", dijo un senador priísta. "Su terna era de una persona". Las ternas únicas son posibles en la política, pero negociadas. Cuando no hay esa negociación, las ternas son de tres. Parece una obviedad, pero no lo es. La consecuencia inmediata a la ausencia de ese pacto fue que la reforma a la Ley Laboral, que estaba totalmente negociada y se iba a aprobar en la Cámara de Diputados, fue congelada por el PRI.
La Ley del Talión, ojo por ojo y diente por diente, fue la marca de la negociación política este año. Cuando no hubo acuerdos, porque no se pusieron a discusión sobre la mesa, hubo indefinición, algo igualmente de grave en la conducción presidencial. Pero nadie se puede quedar. En ese sentido, el Presidente sí ejerció la democracia de la confusión.
Otro botón fue la selección del líder nacional del PAN, donde apoyó políticamente a dos candidatos, Gustavo Madero y Roberto Gil, y al tiempo que decía en Los Pinos que deseaba la victoria del segundo, afirmaba que no se metería en la elección. Cumplió esa parte, pero después de haber generado la confusión dentro del Consejo Político del PAN, y provocado la división de los panistas. Públicamente se afirmaba que el Presidente ganaría bajo cualquier escenario en el PAN, pero el desaseo con el que se dio el último tramo del proceso, le propinó una derrota, pues ingresaron al Comité Ejecutivo Nacional, por el hueco que dejó la pérdida de unidad entre los suyos, de sus adversarios, los legisladores Santiago Creel yJavier Corral.
Divisiones internas y externas subrayaron el año de Calderón, que comenzó con la batalla campal en el equipo de Los Pinos que produjo víctimas de todas partes, y terminó con la creciente pérdida de apoyo dentro del PAN para con su Presidente. En el PAN hay un evidente rechazo al Presidente por la guerra contra las drogas, y una creciente corriente que buscaba distanciarse de él ante el temor que el respaldo les costara políticamente en las próximas elecciones. Esa guerra es el catalizador del incremento en el número de mexicanos que desaprueban la gestión del presidente Calderón.
En la última encuesta trimestral sobre aprobación presidencial de Buendía&Laredo, aunque Calderón mantuvo una mayoría de respaldo (55%), tuvo una caída de tres puntos porcentuales con respecto a la medición previa en agosto, que lo llevó al nivel más bajo de apoyo desde julio de 2008. La aprobación de quienes declaraban apoyar mucho su trabajo cayó dos puntos, de 16 a 14%.
El presidente Calderón ha perdido el consenso nacional de todos los sectores. A aquellos institucionales se le ha sumado aceleradamente el del sector privado. En una reciente reunión privada, uno de los empresarios más importantes del país sentenció: "Nos va a ir bien, pese a la conducción". Luego, sobre la guerra contra el narcotráfico, dijo: "No tiene futuro de victoria; la va a perder". La gran mayoría de la veintena de personas que lo escuchaban, asintieron y profundizaron la crítica a Calderón.
Su problema dejó de ser el tipo de mensaje que emite, y se centra en la contradicción de sus mensajes. El Presidente ha sido un golpeador en los momentos en que le hubiera ido mejor si atemperaba los ánimos, y ha estado ausente en aquellos donde su posicionamiento daba certidumbre. Eso no le gusta a nadie. Pero así fue siempre Calderón, consistente y congruente en la dureza, la lucha y el golpeteo, aunque como Presidente, eso le generó pérdidas, y nulos avances.
rrivapalacio@ejecentral.com.mx
twitter: @rivapa