`Mi esposa y yo fuimos muy felices hasta que, por desgracia, tuvo Alzheimer'

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Opinión
/ 20 diciembre 2010

QUERIDA ANA:

Estuve casado 47 años con una mujer hermosa en todos sentidos. Fuimos muy felices casi todos esos años, por desgracia sus últimos cuatro años fueron muy tristes pues tuvo Alzheimer. Yo la cuidé de día y de noche hasta el día en que se me fue, pero debo confesar que en ocasiones (pocas, por fortuna y gracias a Dios), le levanté la voz, pues me hacía enojar, y aunque yo sabía que no era responsable de sus actos, me impacientaba.

Ahora que está muerta, que ya no está conmigo, hubiera querido que eso no hubiera sucedido jamás, que Dios me hubiera dado la paciencia necesaria para que, en vez de alzarle la voz, la hubiera abrazado y le hubiera dicho: "Está bien, amor mío".

Estaré arrepentido hasta el día que me muera por haberle levantado la voz y haberla regañado aunque fueran pocas veces y no fuera de manera fuerte. Debí haberle demostrado más amor y más compasión, como estoy seguro lo habría hecho ella si yo hubiera sido el enfermo y ella quien me cuidara. Si entonces me hubiera sentido como me siento ahora, la habría abrazado y consentido desde que se despertaba hasta que se dormía.

Le cuento esto porque sé en su columna trata no solamente problemas que le tratan pidiéndole consejo, sino que da cabida a asuntos humanos y a veces también felices. Y lo hago también para aquellos que tienen parientes o seres queridos que están incapacitados de alguna manera, por enfermedad o por edad, para que los amen y los soporten con toda la paciencia que les sea posible, aunque ellos no puedan ya responder a su amor. Debemos recordar lo que ellos hicieron por nosotros cuando estaban con salud y juventud. No esperen a sentir ese amor cuando ya es demasiado tarde.

ARREPENTIDO

 

QUERIDO ARREPENTIDO:

Cuando se cuida y atiende a un ser querido que no responde o que nos saca de quicio, se pone a prueba la paciencia de cualquiera. Somos humanos con limitados recursos emocionales y levantar la voz ocasionalmente, no es algo imperdonable.

Por favor perdónese a usted mismo, ya que estoy segura que su gran amor por su esposa ha opacado esos pequeños errores, y que los años felices que pasaron juntos hicieron en ella un cúmulo de dicha. Usted demostró su amor a su esposa cuidándola con constancia y amorosamente.

Debo decir que las personas que cuidan enfermos pueden realizar con más eficacia su labor si están en posibilidad de tomarse un descanso. Los parientes o amigos o voluntarios que pudieran ofrecerse para suplir, aunque sea en ratos a quienes cuidan a enfermos, harían una gran labor.

ANA

 

QUERIDA ANA:

Tengo una amiga con la que tuve mucha relación cuando estaba soltera y vivía en esta ciudad, estuvimos juntas en la secundaria y en la preparatoria y nos veíamos muy seguido. Luego ella se fue a vivir con su familia a vivir a una ciudad en el sur del país, se casó por allá con un hombre de esa ciudad y me invitó a su boda, pero no pude asistir, pero seguimos comunicándonos, primero por carta y últimamente por internet.

Recientemente vino a la ciudad y como no tiene parientes vino a mi casa. A mí me dio mucho gusto recibirla porque hacía muchos años que no nos veíamos y me puse feliz cuando supe que venía. Vino con una de sus hijas, tiene tres hijos, dos niñas y un jovencito. La niña que vino con ella tiene diez años. Me encantó recibirlas, como le digo, pero estoy algo molesta por cosas que sucedieron. Usted opinará.

Cuando salimos, yo pagué todas sus comidas, desde luego en casa ni pensar que yo aceptara ni dinero ni que comprara nada. Cuando fuimos a restaurantes yo pague siempre. Las llevé a muchos lugares y las entradas a espectáculos pagué yo. Ella nunca ofreció pagar. Y para colmo, una noche, ella y su hijita salieron a una nevería que está cerca de casa a comprar un helado y solamente compraron para ellas, se lo comieron en la mesa del comedor donde estábamos todos y no nos invitaron para nada. También ella se conectó con mi computadora para ver sus correos e hizo varias llamadas de larga distancia a su casa y ni intentó preguntar si me dejaba el importe. Siento que abusó. ¿Usted qué piensa?

MOLESTA

 

QUERIDA MOLESTA:

Tu amiga no sabe ser agradecida. Espero que cuando llegó te haya traído un hermoso regalo o que al regresar a su casa te lo haya enviado. Pero por lo que dices, pienso que no lo hizo. No te critico por estar molesta y comprendería si no vuelves a invitarla.

ANA

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