La morenita

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Opinión
/ 11 diciembre 2010
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Para mi tía Lupe

Hoy se festeja el día de la Virgen de Guadalupe, sin duda uno de los fenómenos sociales más impresionantes que existan a nivel mundial. Ni Lourdes, ni mucho menos Fátima, tienen entre la población de un país tanta importancia. Quizás en la Edad Media, Santiago, en su imponente templo de Compostela, pudo acercarse a este increíble portento relativo a una creencia.

La Basílica de Guadalupe esperaba para ayer, día 11, entre 6 y 7 millones de visitantes. Las carreteras que van a México desde Puebla, Toluca, Querétaro, Pachuca y Cuernavaca estaban atestadas de peregrinos desde los primeros días de diciembre, pero este día 10, nada más de Puebla venían 243 diferentes agrupaciones de fieles. Ni siquiera San Pedro, en el Vaticano, compite.

En mi clase, en la licenciatura en Historia, ha aparecido, de vez en cuando, el tema guadalupano, a veces con genuino interés de algún alumno por comprenderlo, otras con cierta burla o desprecio. Yo, en vez de tomar posición (porque no me toca) les menciono los difíciles caminos que ha enfrentado esa cuestión.

Los intelectuales mexicanos (con rarísimas excepciones) jamás tuvieron ningún interés por emprender una investigación seria sobre la materia. Octavio Paz lanzó su maravilloso "El laberinto de la soledad" en el que explicaba el ser del mexicano magistralmente. Pero se olvidó del guadalupanismo. Poco después el francés Jacques Lafaye publicaba una obra maestra: "Quetzalcóatl y Guadalupe", sobre los orígenes de la identidad del mexicano, del cual Octavio Paz escribió un prólogo elogioso. Poco después Paz, en la cuarta edición de "El laberinto" añadía cuatro renglones en los que mencionaba torpemente a la Guadalupana. Otro europeo, Richard Nebel, alemán, daba a la luz el documentadísimo libro "Santa María Tonantzin" en el que nos deslumbraba comparando la tradición española de la advocación de Guadalupe con la mexicana. No tardó luego en aparecer la obra maestra del inglés David Brading bajo el título "La Virgen de Guadalupe. Imagen y tradición", que yo presenté al público saltillense, en presencia de su autor, invitado por Javier Villarreal Lozano al Vito Alessio Robles. Puedo decir que el libro es una aventura para un historiador.

Preciso decir que es casi increíble que los mexicanos no se interesen por este fenómeno social (repito, el concepto). Localicé seis tesis doctorales sobre la Guadalupana en los Estados Unidos, tres en universidades protestantes, pero no encontré ninguna en universidades mexicanas. Encontré un ensayo (que ahorita no logro hallar en mi desordenada biblioteca) de una chicana que se preguntaba por qué los mexicanos presos en aquel país se tatuaban imágenes guadalupanas y, si Alzhéimer me permite recordarlo, localizó a mil 93 con la virgencita en el cuerpo. Acá, uno de los grandes historiadores mexicanos, don Edmundo O'Gorman, preparó un libro "Destierro de sombras: luz en el origen de la imagen y culto de Nuestra Señora de Guadalupe del Tepeyac", cuyo manuscrito guardó celosamente antes de darlo a la luz, porque, como él mismo explicó, si lo publicaba en vida de su madre ésta se iba a enojar muchísimo con él, siendo, como era, devota. ¡Qué mamón don Edmundo!

 Concluyo como lo hago ante mis alumnos: un historiador no tiene por qué enredar sus propias convicciones en sus investigaciones. Para escribir la historia de la mujer coahuilense evidentemente no requieres ser ni mujer ni coahuilense. No es necesario ser indígena para estudiar el pasado indio del Noreste. Etcétera. En cambio, un tema como el guadalupano, debió haberse estudiado primeramente por mexicanos, porque sin conocerlo es difícil explicar muchos otros. El imaginario colectivo tiene sus razones de ser, a menudo misteriosas, y es indispensable dilucidarlas, independientemente de creencias. Fue Brading el que se refirió a la Virgen de Guadalupe como el Fénix mexicano, porque a pesar de tantos vericuetos por los que ha pasado el tema, éste regresa, renace de sus cenizas.

Si quiere regalar o regalarse un buen libro en esta Navidad compre "Miradas Guadalupanas", editado por Conaculta, un colectivo artísticamente editado con fotografías de locura y ensayos de Leñero, Brading, Zaid, Meyer, León-Portila y otros. No se arrepentirá.

Columna: De habla y tiempo

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