Del olvido al no me acuerdo

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Opinión
/ 8 diciembre 2010

¿Qué hacemos cuando extraviamos algo, digamos las llaves?
Maldecir, bueno, por supuesto. Y no llevemos prisa porque aflora lo más colorido de la lengua de Cervantes y hasta dos o tres latinajos que ruborizarían a la niña de El Exorcista.
"¡.ches llaves! ¡Pero si las traía en las pu. manos! Debí guardármelas en el recto para que no me pasara esta pen.".
Sin embargo, cuando le pregunto qué hacer en estas ocasiones, hablo en un sentido más pragmático y menos catártico.
¿Hay algo útil que podamos hacer?
Claro, cualquiera lo sabe. Lo que procede es volver nuestros pasos hacia atrás, hasta cierto momento, hasta cierto punto y a partir de allí recapitular, rehacer el recorrido reciente para tener mejores probabilidades de encontrar el objeto que nos está haciendo falta.
 "A ver.: me puse las pantuflas, cogí el Teleguía, fui por un café, saqué al gato. ¡Eureka! ¡Aquí está el control remoto! Lo había puesto justo encima del Arca de la Alianza".
Algo así. Es sólo un ejercicio del sentido común muy elemental el cual -estará de acuerdo-- no requiere un doctorado para ser puesto en práctica, pero funciona -¡carajo!-, me canso que funciona. Es la metodología aplicada a la enmienda del descuido humano y nos sirve lo mismo para hallar los restos del Titanic que el amor perdido.
El no me acuerdo
A mí me asusta Beatriz Paredes y sus vestidos autóctonos, su sobrepeso y sus piernas que por alguna razón me imagino que están sin depilar. Siempre la he imaginado una fusión entre Mussolini y Lola Beltrán.
Pero nada de ello es relevante contrastado con el poder que personajes como este adquieren y ejercen.
Como actual dirigente de oposición, su decir y hacer tienen gran influencia y repercusiones.
Es después de todo la cabecilla de una corriente al interior de la fuerza política más importante, antigua y recientemente robustecida en la historia del país.
Es una líder en toda la extensión de la palabra o, por decir lo menos, una protagonista de la vida nacional.
Me gustaría creer que está preocupada por la construcción de un México mejor pero, como todos los políticos, está convencida de que la única vía para ello es encumbrando en el poder a su partido y -de preferencia- con ella al frente. (Trabajan tan duro los políticos en esto que si llega a suceder acaban tan desgastados que olvidan para qué buscaron el poder y nomás se sirven de éste para resarcirse luego de la tremenda empresa).
Beatriz Paredes trabaja para el PRI y punto. Su posición la obliga a increpar a la autoridad federal (buena, mala, regular o pésima). Pero lo chusco es que ejerce su crítica desde una torre moral erigida con 70 años de ignominia y baba demagógica.
Esta mujer se descose cada vez que hay que evaluar el trabajo de quienes no son sus correligionarios, -lo cual es bueno- pero no hay que olvidar que contestó elogiosamente uno de los informes del infame Jolopo. Congruencia la hay, sin duda, nomás que no es con México sino con el Revolucionario Institucional.
Y dice nuestra máxima exponente de la política vernácula: "Nosotros no queremos discutir el pasado con el Presidente Calderón, el pasado ya pasó. Queremos discutir el presente y el futuro". Y lo dice bajo el argumento de que los mexicanos requieren -requerimos pues- soluciones para hoy.
Muy cierto también. Pero doña Bety olvida un principio fundamental de la metodología: para encontrar una solución primero es necesario conocer cuál es el problema.
Antes de manejar alguna hipótesis, cualquier suposición, es imprescindible enunciar el problema de una manera lógica, racional.
Y si la Betty Walls nos sale con gansadas como que "México es pobre", o "México es violento", pues con ese enfoque quedaría en evidencia que es una perfecta zafia.
Igual que en el caso de las llaves extraviadas, como país debemos remontar nuestros pasos y encontrar en qué punto fue que dimos la vuelta equivocada, en dónde hicimos algo tan tremendamente mal que desembocó en el presente desgarriate nacional.
No fue obviamente en los diez años de gobierno azul, y lo menciono no porque me caigan bien y trate de defenderlos, si hasta aborrezco su ideología. Es simplemente que dos presidentes (en parte por su propia ineptitud) serían insuficiente dique para contener el mar de porquería que se acumuló a lo largo de una historia que abarca al menos tres siglos.
La Paredes Rangel dice que quiere un presente y un futuro. Pero un presente no aparece de la manga -como conejo de mago- sino que es el resultado de todo un devenir.
Eso de que "el pasado ya pasó", es excusar a su cofradía. Es instalarse en el olvido y el no me acuerdo. Es empeñarse en ignorar los errores que nos condujeron a este momento. Por ende es entorpecer la enmienda del presente y por supuesto comprometer el bienestar futuro.
petatiux@hotmail.com

Columna: Nación Petatiux

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